Imanol Alguacil, durante su etapa en el Al Shabab. EFE
Oriente Próximo, la trampa para los entrenadores españoles: una trituradora de oro que deja a Alguacil como última víctima
Esta temporada hasta seis entrenadores de la liga de Arabia Saudí (Imanol Alguacil, Javier Calleja y Míchel) y la de Qatar (Félix Sánchez, Santi Denia y Pablo Amo).
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Imanol Alguacil aterrizó en Arabia Saudí con el cartel de técnico curtido en la élite y con una identidad de juego reconocible, pero su aventura en Al Shabab ha terminado antes de que pudiera convertirla en proyecto.
Su salida no solo deja un nombre más en la lista, lo convierte en la sexta caída española del curso 2025-26 entre Arabia Saudí y Qatar, un contador que retrata la volatilidad del banquillo en Oriente Próximo.
En teoría, esta región prometía el trato que rara vez concede el fútbol europeo: tranquilidad, recursos y tiempo. En la práctica, el dinero ha acelerado el reloj en sentido contrario: cuanto más se invierte, menos se tolera el proceso.
Imanol Alguacil, en su presentación con el Al Shabab. AL SHABAB
El resultado es una paradoja que ya se ha vuelto rutina: la misma liga que seduce con salarios, infraestructuras y fichajes mediáticos se ha convertido en una centrifugadora de decisiones, cambios de rumbo y ceses fulminantes.
No se trata únicamente de perder partidos. El patrón que se repite en Arabia y Qatar esta temporada apunta a algo más amplio: proyectos que nacen con urgencia, directivas que exigen impacto inmediato y vestuarios que cambian de piel cada pocas semanas.
El entrenador español, tan valorado por su metodología y su pizarra, llega con el manual de "construcción" bajo el brazo… y se encuentra con un ecosistema que no siempre compra obra, sino fuegos artificiales.
La situación en Arabia
El caso Alguacil es el más reciente. El Al Shabab decidió prescindir del técnico tras una trayectoria irregular con 6 victorias en 24 partidos oficiales, una cifra que en un contexto de inversión y expectativas elevadas suele tener fecha de caducidad.
Pero Arabia Saudí ha demostrado este curso que ni siquiera el aprobado garantiza la continuidad. Javier Calleja fue despedido del Al Riyadh en noviembre pese a que el equipo estaba fuera del descenso (12º) y venía de encadenar tres partidos invicto, un escenario que en otras ligas se habría vendido como estabilidad.
Javier Calleja, durante su etapa en el Al Riyadh. EFE
En su caso, el ruido alrededor de la decisión alimentó la idea de que el banquillo saudí no depende solo de la clasificación: también pesan dinámicas internas, cambios de criterio y la política del corto plazo.
Y si Alguacil representa el golpe deportivo y Calleja el desconcierto, Míchel simboliza la parte más inquietante de la ecuación: la inestabilidad incluso cuando el trabajo parece funcionar.
Míchel, durante su etapa con el Al-Qadsiah. EFE
El Al-Qadsiah prescindió de él en diciembre de 2025, en una salida a mitad de temporada que se sorprendió por el contexto competitivo del equipo y por el crédito acumulado tras el ascenso logrado el curso anterior. En el relato de la "trituradora", este tipo de decisiones son las que elevan la sensación de trampa: no basta con cumplir; a veces ni siquiera basta con competir.
Así, Arabia dibujó una línea clara: el entrenador llega como gestor de un proceso, pero el club lo trata como un interruptor. Si el equipo no despega, se cambia; si despega "menos de lo esperado", también. El oro no compra paciencia: la consume.
Mismo camino
Qatar llevaba años vendiéndose -y percibiéndose- como un destino más 'habitable' para el técnico español: menos ruido, un entorno que ya había abrazado ideas de juego importadas, y una relación histórica con entrenadores formados en nuestra escuela.
Esta temporada, sin embargo, el campeonato se ha llevado por delante a tres nombres en cadena. De seis entrenadores españoles que iniciaron el curso en Qatar, tres fueron destituidos en el primer tramo de la temporada.
El caso que más impacta por carga simbólica es el de Félix Sánchez. Su salida del Al Sadd se vinculó a una mala racha y a la necesidad de reacción inmediata, una lógica que en Qatar también se ha endurecido. Si incluso perfiles con arraigo y conocimiento profundo del entorno acaban sin margen, el mensaje para el resto es claro: aquí también se vive al día.
Félix Sánchez, durante su etapa en el Al Sadd. EFE
Santi Denia, por su parte, fue destituido en noviembre de 2025, en una etapa marcada por la dificultad de estabilizar al equipo en la clasificación y de cortar una dinámica negativa.
Y el tercer caso, el de Pablo Amo, completa la fotografía de unos meses especialmente agresivos con los españoles en Qatar. Su salida del Al Arabi pocas semanas antes del cese de Denia, en el mismo paquete de decisiones que dejó el "contador" de destituciones en tres.
Sumando Arabia Saudí y Qatar, el balance de este curso deja seis salidas españolas a mitad de camino -con Alguacil como último capítulo- y un aprendizaje incómodo: Oriente Próximo no es un retiro dorado, sino una apuesta de alto riesgo. La región seguirá atrayendo talento: por dinero, por ambición y por el desafío.
El debate de fondo ya no es si el técnico español "vale" allí (lo ha demostrado en muchas otras experiencias), sino si el ecosistema está dispuesto a pagar el precio real de una idea: tiempo, coherencia y continuidad. Mientras eso no cambie, la trituradora seguirá girando. Y el oro, por mucho que brille, seguirá teniendo la misma letra pequeña: en el desierto, el banquillo quema antes de enfriarse.