Álvaro Arbeloa, en el banquillo del Real Madrid

Álvaro Arbeloa, en el banquillo del Real Madrid EFE

Fútbol

El Real Madrid de Arbeloa ya mejora al de Xabi Alonso: un cambio impulsado por los números y pocos ajustes

Sin variar el plan táctico anterior, el nuevo inquilino del banquillo blanco ha dado con la tecla para que los jugadores recuperen la intensidad.

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Apenas dos semanas después de la destitución de Xabi Alonso, el cambio en el Real Madrid trasciende los números para adentrarse en un terreno mucho más evasivo: la confianza.

Álvaro Arbeloa ha gestionado una transformación que, sobre el papel estadístico, habla de mejoras contundentes en prácticamente todos los parámetros del juego.

Con cuatro partidos bajo su dirección -tres victorias consecutivas tras el trastabillón inicial contra el Albacete en Copa- el equipo blanco ha subido su producción ofensiva de 2,17 goles por partido a 3, aumentado su volumen de remates a portería de 18,8 a 21,5 por encuentro, y elevado su posesión del 57,3% al 63,9%.

Pero lo verdaderamente significativo no está en esos decimales. Está en la atmósfera que rodea al club desde el sábado ante el Villarreal.

El partido en La Cerámica fue, para quienes lo observaron con atención, la síntesis visible de lo que cambió internamente. Tras una primera mitad igualada, el Real Madrid emergió del vestuario transformado.

La intensidad de la presión alta no fue cosmética: fue un efecto tangible de una propuesta diferente. El equipo recuperó el balón en zonas peligrosas con un ritmo frenético, contagiándose mutuamente una urgencia que con Xabi parecía diluida en refinamientos tácticos.

Vinicius fue más incisivo, Camavinga más participativo en la posesión, Arda Güler estuvo más presente en el juego ofensivo. Y Mbappé, que ni siquiera fue el mejor en campo, resolvió con dos goles mientras el Madrid apenas sufría. El Villarreal, un rival de categoría, terminó fatigado porque fue sometido.

Álvaro Arbeloa, en el banquillo del Real Madrid antes del partido contra el Villarreal

Álvaro Arbeloa, en el banquillo del Real Madrid antes del partido contra el Villarreal Europa Press

Lo insólito es que este cambio de rendimiento no provino de una revolución táctica convulsa. Arbeloa mantiene el 4-3-3 que Xabi predicaba, usa los drones que él mismo implantó en los entrenamientos y el sistema de análisis de datos en tiempo real desde el banquillo sigue siendo el mismo.

La teoría no ha variado. Lo que sí lo ha hecho fue la filosofía sobre cómo aplicarla. Donde Xabi buscaba la perfección estética en un juego encorsetado, Arbeloa prioriza la verticalidad y la pasión.

Es la diferencia entre un arquitecto que pule cada rincón de una catedral y un hombre de club que quiere construir algo funcional desde ya.

Hay más datos que lo confirman: la media de pases por partido ha subido de 553 a 618, las recuperaciones en campo rival más efectivas y la defensa es menos permisiva -con un descenso de los remates recibidos de 4,3 a 3-.

Pero los números, por elocuentes que sean, ocultan lo más importante: el cambio en el vestuario. Tras la derrota ante el Albacete, la atmósfera en Valdebebas era fría y los abucheos del Bernabéu, durante el partido ante el Levante, en lugar de desestabilizar, provocaron una reacción inesperada: cohesión.

El equipo abandonó sus batallas individuales y se unió para defender al grupo, cerrando filas frente al ruido externo. Esto no sucede por casualidad. Arbeloa realizó cambios en el código de conducta que Xabi había implementado, buscando específicamente evitar el mal ambiente en vestuario que él, correctamente, diagnosticó como causa parcial del fracaso anterior.

El técnico vasco rodeaba sus decisiones de largas sesiones de video, múltiples voces de asistentes corrigiendo a los jugadores, un sistema que, aunque intelectualmente brillante, resultó agotador. Arbeloa concentra toda la autoridad en sí mismo -una sola figura dando instrucciones claras-, simplificando la rutina diaria. 

Jorge Valdano, observador perspicaz, lo expresó con precisión quirúrgica: "Creo que Arbeloa está trabajando muy bien en la confianza de sus jugadores. La motivación con la que jugaron contra el Villarreal ha sido tremenda. Con una conexión total en el partido, del minuto 1 al 90. Cosa que con Xabi Alonso no ocurría".

Xabi Alonso, en la final de la Supercopa de España

Xabi Alonso, en la final de la Supercopa de España EFE

Pero el legendario entrenador advirtió sobre algo crucial: "No vamos a creernos que la buena condición física del Real Madrid contra el Villarreal va a conseguirse en una semana de trabajo. No hay ningún sustento científico".

Es decir, la mejora no es física sino mental. Valdano lo resumió así: "Algo ocurrió con Xabi Alonso y Arbeloa lo está corrigiendo".

Con 51 puntos en Liga tras la victoria en La Cerámica, el Real Madrid ha apretado la pelea por el liderato con el Barcelona, con apenas un punto más de ventaja.

Arbeloa ha hecho lo que Xabi no pudo: convencer a todos simultáneamente. No es casualidad que el cambio coincida con una simplificación del discurso y una fluidez emocional que, bajo el vasco, parecía debilitada.

Aún quedan 17 jornadas, y la fragilidad psicológica puede resurgir. Pero por ahora, los números -esos decimales que tan importante eran para Xabi- dicen que el Real Madrid mejora en todo. Lo interesante es que Arbeloa no está obsesionado con ellos. Simplemente funcionan.