Cedi Osman se escapa de Josep Puerto.

Cedi Osman se escapa de Josep Puerto. EFE

Baloncesto VALENCIA BASKET 105-107 PANATHINAIKOS

El Valencia Basket claudica en la prórroga frente a Panathinaikos y se complica mucho su futuro en la Euroliga

Los españoles perdieron en el último segundo del tiempo extra y deberán ganar dos partidos en Grecia para forzar el quinto que se jugaría de nuevo en Valencia.

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G.E.
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El Valencia Basket rozó la hazaña en un escenario europeo de máxima exigencia, aunque la contundencia del Panathinaikos dejó a los locales al borde del abismo. [Narración y estadísticas del partido]

Tras una derrota agónica en el segundo encuentro de los cuartos de final de la Euroliga, que finalizó con un ajustado 105-107, el conjunto 'taronja' se vio sumido en una situación crítica: la serie viajó a Atenas con un 0-2 adverso, lo que dejó al equipo sin margen de error y le obligó a una gesta heroica consistente en ganar tres partidos consecutivos para alcanzar su soñada primera Final Four.

Desde el salto inicial, el equipo dirigido por Pedro Martínez mostró una voluntad férrea de cambiar el destino del primer duelo. Consciente de que la cita anterior fue un choque de puro desgaste, el técnico valenciano introdujo variantes en su quinteto inicial y apostó por la frescura de un Sergio De Larrea que aportó un aire renovado al juego exterior.

Nigel Hayes-Davis intenta lanzar a canasta ante Braxton Key.

Nigel Hayes-Davis intenta lanzar a canasta ante Braxton Key. EFE

La intensidad defensiva y la velocidad en la transición fueron las señas de identidad de un Valencia mucho más audaz, que encontró en los triples de Papi Badio y Jean Montero la liberación necesaria para competir de tú a tú contra la imponente maquinaria griega.

Sin embargo, el Panathinaikos demostró por qué fue considerado uno de los máximos favoritos al título. Ni el ímpetu de la grada ni la agresividad local amedrentaron a un bloque diseñado para el éxito. Liderados por una versión estelar de Nigel Hayes-Davis y la polivalencia de Cedi Osman, los helenos supieron gestionar los momentos críticos con una madurez impropia de una fase tan tensa.

A pesar de los esfuerzos valencianos, simbolizados en acciones individuales espectaculares de Montero y el sacrificio interior de Jaime Pradilla, el conjunto ateniense siempre encontró la manera de frenar el impulso local, ya fuera mediante su superioridad física o su puntería desde la larga distancia.

TJ Shorts entra a canasta ante Kameron Taylor.

TJ Shorts entra a canasta ante Kameron Taylor. EFE

La segunda mitad se transformó en un ajedrez de máxima intensidad. El Valencia, apoyado en el acierto de jugadores como Braxton Key y Nate Reuvers, logró abrir la defensa rival, generando espacios que por momentos les permitieron correr y dominar el ritmo del encuentro.

Fue ahí, cuando el conjunto griego pareció flaquear, donde emergió la calidad individual de Juancho Hernangómez. Sus triples oportunos, sumados a la capacidad de Kendrick Nunn para controlar el tempo del juego, permitieron al Panathinaikos resistir los arreones locales y llegar al último periodo con una renta que, aunque mínima, fue decisiva para gestionar el nerviosismo del desenlace.

El final fue un ejercicio de angustia pura. El Valencia, lejos de rendirse, logró igualar el marcador a escasos minutos de la conclusión, desatando la locura en el Roig Arena. Pero el destino guardó una última lección de resiliencia para el equipo griego.

Tras un intercambio de golpes en la prórroga y una tensión creciente sobre el parqué, Nigel Hayes-Davis selló el destino de la noche con una canasta sobre la bocina que heló los corazones locales.

El 105-107 final reflejó no solo la igualdad del duelo, sino también la cruda realidad competitiva de una Euroliga donde el mínimo error condenó a la derrota. El Valencia, con el orgullo intacto, tuvo que preparar entonces un viaje a Grecia bajo una presión máxima.