El colectivo de rap La Insurgencia.

El colectivo de rap La Insurgencia.

Música Canción protesta

Raperos a la cárcel: "No adoráis a Alá, adoráis la lucha obrera y sindical"

El fiscal se refiere a los doce raperos de La Insurgencia como "yihadistas". Han sido condenados por enaltecimiento de terrorismo. Ellos apelan a la libertad de creación artística: "Hemos hecho canciones, no mítines ni argumentarios. Es verso y está descontextualizado".  

La Insurgencia nació hace casi cuatro años, en Vigo. "Fue la idea de dos amigos que se juntaron y decidieron montar un colectivo de rap con más gente de la ciudad y, a poder ser, de otros lugares, para expandir su mensaje crítico y de concienciación social". Lo cuenta a este periódico Saúl (de nombre artístico Shahid), uno de los doce raperos del grupo de jóvenes que ayer recibieron la noticia con estupor: han sido condenados a dos años y un día de prisión y a pagar una multa de 4.800 euros por un delito de enaltecimiento del terrorismo. No podrán optar a ningún empleo público ni a ayudas del Estado durante 9 años. Ni siquiera votar durante el tiempo de condena.

Los chicos tienen entre 20 y 30 años. Elgio es de Sabadell y está acabando la carrera de Ingeniería; Inessa es de Cádiz, pero vive en Castellón, y "trabaja en lo que encuentra, hasta hace poco ha sido camarera: "A ella la condena le afecta especialmente, porque es madre soltera. Tiene un crío, y si esto sale mal, lo va a pasar bastante mal", cuenta Saúl. Sine es de Vigo, estudia un FP; Botana, también de Vigo, "se mueve en varios curros a la vez para llegar a pagar el alquiler"; Iván Leszno es de Málaga y acaba de dejar los estudios; Eshoj es de Córdoba "y trabaja en los meses de verano de jornalero, con la oliva".

Nito vive en Santiago y estudia idiomas, Lokutor es de Canarias, Gorka es de Coruña "y hasta ahora trabajaba en Renfe, pero con la sentencia le han echado del trabajo"; Pipe es de Vigo, "está trabajando como monitor de gimnasio", Komu es de Vigo y estudia Imagen y Sonido, y Saúl, quien atiende a EL ESPAÑOL, estudia Educación Social. "Hacemos lo que podemos, ya sabes cómo están las cosas", resopla, al teléfono. Son, como apunta Saúl, una foto de su generación: supervivientes que hacen malabares entre la formación y el trabajo precario, hijos rabiosos de la crisis que quieren movilizarse e intervenir artísticamente en la realidad social. Su caso no es el primero: hay más cantantes bajo la lupa de la justicia, como César Strawberry -absuelto por la Audiencia Nacional y condenado a un año de cárcel por el Supremo- o el rapero Valtónyc, condenado a tres años de prisión. 

Contra el capitalismo

"El colectivo se fue expandiendo y se unió gente de toda Galicia, y después de Cataluña, Andalucía, Euskadi, Canarias... a principios de 2016 nos abrimos a Latinoamérica y La Insurgencia pasa a ser un colectivo de rap de habla hispana: Ecuador, México, Chile, Colombia...", relata Saúl. "Lo que hacíamos era ayudarnos entre todos, porque muchos no nos conocíamos ni en persona, pero si uno tenía conocimientos de sonido, ayudaba al otro; y si el otro sabía de edición de vídeo y fotografía, se encargaba de las portadas de discos".

¿Qué ideario político tenían en común? "Nunca tuvimos principios mínimos para entrar, pero sí es verdad que se acercó gente del entorno del hip hop y de la canción protesta. Nos gusta la canción de concienciación, somos gente que denuncia injusticias sociales, aunque cada uno tiene su propia ideología y, de hecho, algunas son muy distintas", reflexiona. "Sí tenemos en común que pensamos que el capitalismo no funciona y que hay que destruirlo".

La presidenta del Tribunal no ve delito

El 8 de noviembre de 2016 fue a su encuentro la Policía nacional. "Nos pararon a cada uno en nuestra ciudad. Nos pararon uno a uno y nos registraron de arriba a abajo, nos cachearon, nos quitaron móviles y portátiles porque tenían una orden judicial. Decía que nosotros, supuestamente, usábamos los aparatos electrónicos para entrar en redes sociales y enaltecer el terrorismo", cuenta Saúl. Fue a la semana y media cuando acudieron a la citación en la Audiencia Nacional y se les informó de que estaban allí en calidad de investigados. "La Policía nacional, de oficio, nos denuncia por tres delitos: asociación ilícita, incitación al odio contra las instituciones del Estado y enaltecimiento al terrorismo". Se desestimaron los dos primeros y han sido condenados por el último.

La presidenta del Tribunal que les ha juzgado, Ángela Murillo, discrepa "profundamente" de la decisión: "Son criaturas que querían lograr notoriedad y reafirmar sus personalidades"

La presidenta del Tribunal que les ha juzgado, Ángela Murillo, discrepa "profundamente" de la decisión. La magistrada sostiene que durante la declaración de los acusados pudo "detectar con claridad palmaria que en el ámbito de los jóvenes acusados no reinaba una intencionalidad dirigida a enaltecer o justificar acciones terroristas o a individuos pertenecientes a organización de carácter terrorista". Cree que sólo querían provocar con sus canciones. "En el ámbito de estas criaturas lo que subyace es lograr notoriedad, reafirmando sus personalidades, en definitiva, llamar la atención que por otras vías no pueden conseguir. Sus palabras y gestos infantiles en el plenario les delataron".

También apunta que la organización terrorista a la que cantan en alguno de sus temas (los GRAPO) ya no existe y sus miembros "solo subsisten en el recuerdo de unos pocos, muertos con anterioridad al nacimiento de unos acusados 'en pañales'".

Sin embargo, el fiscal José Perals Calleja, sostiene que las canciones del colectivo "ensalzan de una manera casi sistemática a la organización terrorista PCE (r) – GRAPO". Cree que el mensaje de La Insurgencia "mantiene una tónica subversiva frente al orden constitucional democrático". En el escrito de 35 páginas recoge cientos de los versos "problemáticos", como "yo soy un romántico de la lucha armada, chico, te lo explico, revolución o nada", "asaltaremos bancos como Amadeu Casellas", "me haría muy feliz ver cómo atracan un banco, cerca del barranco, pero me sigo sonriendo sobre todo con chistes de Carrero Blanco", "a los del frente Atlétco, tres tiros de escopeta", o "feliz, feliz, feliz, cuando ajusticien en la plaza del pueblo a Letizia Ortiz".

La defensa: libertad de creación artística

Cuenta Saúl que su defensa se ha basado no ya en la defensa de la libertad de expresión -"sabemos que tiene límites en determinados casos"-, sino en "la libertad de creación artística": "Lo que hacemos nosotros no es un mitin, no es un argumentario, no es un libro de texto. Son canciones que tienen retórica, rima, metáfora. Se han juzgado nuestras canciones como si estuviésemos en la plaza del pueblo hablando en prosa, pero son versos y se han mostrado descontextualizados", relata.

"Por ejemplo, uno de nuestros compañeros hablaba en una canción de la miseria y de cómo la gente se siente abocada a hacer locuras por desesperación. Decía algo como 'si me veo sin nada en la cartera, pienso en atracar un banco'. Y él explicó que no, que no va a atracar un banco, pero que en su letra habla de ese proceso de desesperación".

Lo que hacemos nosotros no es un mitin, no es un argumentario, no es un libro de texto. Son canciones que tienen retórica, rima, metáfora. Se han juzgado nuestras canciones como si estuviésemos en la plaza del pueblo hablando en prosa

El rapero sostiene que si llegasen a entrar en la cárcel serían "presos políticos ¡por hacer música!": "No es por militar ya, no es por defender ideas ni por manifestarnos... esto es llevarlo a otro nivel". Subraya que el fiscal dijo en el juicio que eran "como yihadistas", pero "que en vez de adorar a Alá, adoramos la lucha sindical y obrera", resopla. "Ese es el nivel. Y no lo dice de broma, no es su trabajo exagerar, es que yo pienso firmemente que los jueces y fiscales piensan eso de nosotros, o al menos nos sentimos así, porque nos tratan como a yihadistas, como a terroristas asesinos que van por ahí matando. Pero nuestras madres, nuestras familias y amigos, nuestros barrios, saben de sobra lo que somos".

Sin apoyos políticos

No han recibido apoyo de ningún partido político. "Tampoco lo esperamos. Pero ni siquiera en un tuit ni en un comentario en Facebook, que no cuesta nada. No ha habido solidaridad". Pablo Iglesias se manifestó en el caso Valtónyc con un tuit en el que decía "Impunidad para los corruptos y cárcel por hacer una canción; rapear sobre el Rey no debería ser delito", pero esta vez ha guardado silencio. "Su silencio es cómplice".

Ahora su abogado tiene diez días para presentar recurso "aferrándose al voto particular de la presidenta de la mesa": "Si se desestima, entraremos a prisión, y mientras, nuestro abogado podrá recurrir a Estrasburgo, al Tribunal de Derechos Humanos. Sería un alivio, nos quedaríamos sin antecedentes penales, pero ya habríamos pasado por la cárcel. Muchos no tenemos más de 25 años. Somos inocentes de cualquier delito. Si es un delito cantar, la que está mal es la ley, no nosotros".