Benito Mussolini haciendo el saludo fascista en un acto.

Benito Mussolini haciendo el saludo fascista en un acto.

Libros Ficción sin invenciones

Prostíbulos, violencia y populismo: así logró implantar Mussolini el fascismo en Italia

Una magnífica "novela documental" se sumerge en lo más profundo del fascismo para narrar su génesis y cómo alcanzó el poder.

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Un solo hombre ridículo, vacío, conduce al mundo a una destrucción desconocida. Es una marioneta vociferante, un cambiachaquetas de la política. Lo único que ansía es el poder, el fin por encima de cualquier medio. No lo consigue a lomos del caballo del socialismo: el proletariado, dice, no está listo para tomar el poder; y ahora lo intenta a través de la guerra y la violencia, de las masas de combatientes con camisa negra y la sangre, del militarismo que se abre paso en una Italia asfixiada por las potencias aliadas. Es Benito Mussolini y planta la semilla del fascismo.

En la primavera de 1919, un informe del inspector general de seguridad pública advierte de la capacidad de atracción que ejerce Mussolini, de que "podría convertirse en un caudillo, un matón temible". Es una profecía cumplida, la primera postal de toda la brutalidad que van a desplegar sus Fascios de Combate. El futuro duce, que ahora solo ostenta la dirección de un combativo periódico, Il Popolo d'Italia, cierra filas con otros hombres utópicos: Marinetti, el ideólogo del futurismo, D'Anuzio, un poeta de papel mojado...

En esa coyuntura arranca M. El hijo del siglo (Alfaguara), el relato de Antonio Scurati que radiografía el fascismo y sus orígenes desde lo más profundo de toda su ferocidad y odio. Es la historia como nunca se había contado: metiéndose en la piel del germen fascista y sus portadores. La obra del profesor italiano no es ensayo por muchas cartas, artículos de prensa, dictámenes o fragmentos de discursos que incluya. La suya es una "novela documental", sin ficción en el sentido de libres licencias inventivas: todos los personajes y diálogos están históricamente documentados.

El novelista Antonio Scurati.

El novelista Antonio Scurati. Alfaguara

"En este caso y justo porque era un tema muy delicado y peligroso, decidí que para evitar el riesgo de crear una empatía entre el lector y Mussolini y los fascistas, evitar hacer de él un héroe trágico, tenía que adoptar un criterio muy riguroso: contar el fascismo desde dentro, pero permaneciendo fiel a la realidad histórica. Estaba convencido de que haciéndolo así habría surgido al final de la lectura todo el mal que supone el fascismo", cuenta Scurati a este periódico.

Su novela, un trabajo magnífico por su ambición y resultado, se ha convertido en un auténtico bestseller en Italia con más de 400.000 ejemplares vendidos. El éxito de esta primera entrega de la trilogía, según cree su autor, se explica por el ajuste de cuentas, sin contraposición política, que ofrece este libro a la hora de presentar a un Mussolini sin ningún tipo de edulcorante, que empuja a los italianos a eliminar ese rechazo por el vergonzoso pasado del primer tercio del siglo XX. Mejor aceptarlo y conocerlo que ocultarlo.

Ideología vacía

Después de empaparse de los actos y vaivenes doctrinales del personaje, a Scurati no le cabe la más mínima duda de que Mussolini es el líder populista por antonomasia y el maestro de los Salvinis de turno de hoy en día: "La principal novedad que yo hago del retrato de Mussolini es mostrarle como un hombre hueco, vacío. A comienzos de los años 20 no tenía ideología. Decía: 'Somos los Fascios de Combate, todo nuestro programa se reduce a esta palabra: combate. Con los hechos superamos las teorías'. Este es el líder populista que escucha una cosa en el bar, en el mercado, y lo secunda. Es todo táctica pero nada estrategia".

—¿En qué momento llega a desarrollarse el fascismo como ideología?

—Los fascistas rendían culto a la violencia como valor supremo, y el nacionalismo forma parte de su equipaje ideológico. Le dotan de un contenido agresivo y totalitario, pero lo interesante es que si tu analizas la doctrina que Mussolini desarrolla después de conquistar el poder, todas sus ideas sobre el futuro, el hombre nuevo, cómo quería que fueran los italianos, la política demográfica… eso siguen siendo palabras vacías, no logra aplicar ninguna de esas cosas que hoy para nosotros representan el corpus ideológico de la ultraderecha.

Si bien unos lectores, según Scurati, pueden haber comprendido su obra como una especie de brújula de la contemporaneidad, buscando los paralelismos con el presente y los nuevos partidos, de ambos extremos del tablero, que se definen de la misma forma que ya se utilizaba hace un siglo: la antipolítica; otro minúsculo grupo, asume el escritor, se ha sentido reconocido en Mussolini. De hecho, movimientos de ultraderecha le han invitado a dar conferencias a pesar de que él mismo se define como "antifascista".

Portada de 'M. El hijo del siglo'.

Portada de 'M. El hijo del siglo'.

Esta gente habrá comulgado con il duce cuando dice que "la masa es como la mujer, le gusta que la dominen". "Si el que lee esto es un joven progresista no machista, no dará crédito; pero si lo hace un militante de extrema derecha, pensará: '¡Sí, eso es!'", interpreta Scurati, cuya obra ha sido galardonada con el Premio Strega 2019.

En la novela también se documentan las habituales visitas de Mussolini y sus adlátares a los burdeles antes de ir a sus respectivas casas. A las prostitutas las definían como "orinales de carne". "Mussolini es putero y violento porque la relación del varón fascista con la mujer era como el de un comando en la guerra: era un asalto a la mujer, había que someterla", dice Scurati.

Y continúa: "Se explica porque todo esto es la parte fundadora de la secular cultura occidental, y es también parte profunda de cada uno de nosotros, la parte maldita. Es seductor este tema, y Mussolini lo era. Uno de los propósitos de este libro es demostrar hasta qué punto los rituales de muerte fascista son fascinantes. La condena preliminar del fascismo ha impedido ver todas estas cosas, y yo he querido contarlas. Hay escenas en las que llaman a los muertos, pasan lista a los camaradas caídos, y los llaman por su nombre. Y todos a coro, vestidos de negro, con las banderas, dicen: '¡Presente!'. Ese es el desafío: no tenemos que eliminar la fascinación de estas cosas, sino contarlas, mostrarlas a luz del día; y al mismo tiempo mostrar cómo fueron una cosa desgraciada y condujeron a la muerte, al mal".