Mona Eltahawy.

Mona Eltahawy.

Libros Presenta 'El himen y el hiyab'

Mona Eltahawy: "Occidente se obsesiona con el velo, pero en España tienen La Manada”

"Gran parte del discurso contra el burka está empujado por los islamófobos de extrema derecha" / "Estoy en contra de que las mujeres hagamos huelga sexual: yo disfruto el sexo".

Mona Eltahawy es un terremoto verbal, una bomba activista por los derechos de la mujer en Medio Oriente que explota constantemente en tres frentes: contra el Estado, contra el dictador de la calle y contra el tirano de la cama. En su libro El himen y el hiyab (Capitán Swing) plantea este desafío: “Cuando las mujeres se sumaron a la revolución de Túnez, los ciudadanos (hombres y mujeres) luchaban juntos contra la dictadura política. Pero ahí le preguntamos a los hombres: ¿eres igual de revolucionario en casa? ¿Dónde está tu feminismo? Y dijeron: ah, ahora no toca, primero liberemos a los prisioneros políticos, luego pensemos en el medioambiente, tenéis que esperar… bien. No vamos a esperar”, lanza.

“¿Por qué debemos esperar? Somos parte de esta sociedad. Mi tesis es que el Estado oprime a todo el mundo, pero el dictador del palacio presidencial, el de la calle y el del dormitorio oprimen juntos a las mujeres. Necesitamos una revolución social y sexual para que la política pueda triunfar. Porque, al final de todo… cada dictador se vuelve a casa. La dictadura más peligrosa es la doméstica: la de la cama”. 

Eltahawy, periodista de investigación y conferenciante internacional, colaboradora del New York Times y The Guardian, charla con EL ESPAÑOL sobre cómo abatir esas fuerzas represivas -políticas, culturales y religiosas- que convierten a millones de mujeres en ciudadanos de segunda. En contra del velo, a favor del sexo. En contra del paternalismo occidental, a favor de la escucha. 

¿Feminismo e islam son compatibles?

Yo los tengo separados. Soy feminista y soy de origen musulmán, pero no los mezclo, porque mi posición es que voy a combatir cualquier cosa que haga daño a mujeres y niñas. Venga de la Torá judía, de la Biblia cristiana, del Corán… de cualquier libro sagrado. Pero hay feministas islámicas que creen que el islam y el feminismo son compatibles y lo que hacen es que usan sus estudios para reinterpretar la religión de una manera que es más favorable a los derechos de las mujeres. Reinterpretan las escrituras. Yo a las mujeres cristianas, por ejemplo, les recomiendo el trabajo de esas feministas islámicas. Estuve en Kuala Lumpur cuando se presentaba un movimiento por la igualdad y ahí había tanto feministas islámicas como musulmanas laicas, como yo. Y necesitamos todo ese trabajo. Hay que combatir al patriarcado con todas las armas. Voy a usar el trabajo de las feministas islámicas, mi propio feminismo secular, y cualquier campaña que haya en Oriente Medio acerca del feminismo. Todo suma. 

¿Hasta qué punto se pueden estirar las interpretaciones de las escrituras? Especialmente en las religiones monoteístas, que son bastante machistas. 

Exacto. Sí. Las tres religiones abrahámicas son patriarcales y tienen mucha misoginia. Es difícil estirarlas del todo, por eso no soy feminista islámica, porque no estoy interesada. Sin embargo, creo que no hay que alimentar demasiado la polémica. Hay que combatir el patriarcado dentro y fuera de la religión. A veces la gente dice “dile a las mujeres que dejen la religión y se librarán del patriarcado”: no. ¡También hay patriarcado fuera de la religión! Pero hay que ser muy privilegiada para poder abandonar la religión. Es más fácil decirlo que hacerlo. Tal vez estas mujeres reciban algún tipo de alivio gracias a sus creencias. O quizá, si la dejan, pierdan todo en su familia. O quizá las maten. Hay que trabajar en la religión, y en las calles, en las aldeas, y en grupos ateos.

No sé si sabes que en India dos mujeres hicieron historia en enero, porque fueron a un templo hindú por primera vez. Durante mucho tiempo en la India estaba prohibido que las mujeres (entre los 8 y los 50, por la menstruación) fueran a muchos templos hindúes, y las feministas que no querían abandonar su religión dijeron “yo lucho como mujer hindú por mi derecho al ir al templo”. Han luchado muchos años y lo han llevado al Tribunal Supremo de la India y se les ha dado la razón. A mujeres así no les puedo decir “abandonar el hinduismo”. Necesitan armas feministas para luchar contra el patriarcado.

¿Cree que hay una mirada de superioridad, o de cierta condescendencia, del feminismo que puede ser cristiano hacia el feminismo musulmán? 

Sí, creo que en Occidente hay mucha condescendencia hacia las mujeres musulmanas porque piensan que ellas están libres del patriarcado. “¡Pobres mujeres musulmanas, hay que rescatarlas…!”. Esta es una manera ingenua y perezosa de pretender que todo en el Mundo Oriental sea una mierda y que aquí está todo bien. En los países árabes hay mucha mierda machista, de acuerdo, pero en España también. Aquí suelo recordar el poder que aún tiene la iglesia católica, ¡contiene un montón de misoginia…! Y la dictadura de Franco, cuando la tiranía y la Iglesia compartían el poder y eran enemigas de mujeres y feminismo. Incluso desde el final de la dictadura, en España ha costado muchos años a las mujeres que se aprobasen leyes progresistas. De hecho, ahora mismo, las mujeres tampoco reciben justicia cuando se trata de violencia sexual. Amnistía Internacional lanzó hace poco una campaña sobre violación y consentimiento que tiene que ver con el juicio de La Manada. O sea, en Occidente se obsesionan mucho con el machismo del velo, pero aquí tienen casos como el de La Manada. 

De 30 países europeos, sólo 8 dicen “sin consentimiento, es violación”. Tiene que haber violencia, resistencia de la mujer para que se considere violación. Es horrible. En EEUU también pasa. Yo soy egiptoestadounidense y veo que la mayoría de las mujeres blancas y cristianas evangélicas votaron por Donald Trump, acusado por más de 12 mujeres de agresión sexual. Esas son las mismas mujeres que miran a los países musulmanes y dicen “oh, qué oprimidas están por llevar velo”. Yo les digo a ellas, que votaron por Trump: “¿Qué pasa con las mujeres blancas en EEUU? ¿Por qué estáis tan oprimidas? ¿Por qué os sometéis a la misoginia?”. Todo el mundo tiene que mirar el machismo allá donde está y dejar de buscarlo siempre en otros lugares. 

¿El burka es machista per se? Desde Occidente hay quien piensa que señalar eso supone una mirada colonial. 

En mi libro hablo del hiyab, del niqab, etc, y de cómo según el contexto, las actitudes y los desafíos pueden ser distintos. Yo me opongo al niqab y al burka, a todo lo que suponga cubrir la cara, porque es una anulación peligrosa de las mujeres, una invisibilización. Desde 2007 a 2010 escribí mucho sobre este tema, pero ahora veo que una gran parte del discurso contra el burka está empujado por los islamófobos de extrema derecha. A ellos no les importan las mujeres musulmanas, sino demonizar a los países musulmanes. Así que yo digo: salvo que seas una mujer musulmana, cállate la boca sobre el burka, el niqab y el hiyab, y escucha a las mujeres musulmanas. Es una cuestión muy complicada. Nosotras debemos conducir esta discusión porque entendemos su complejidad: estamos entre una derecha islamófoba y unos misóginos de la comunidad musulmana. Así que yo digo “vete a cagar”. A ambas partes. 

¿Prefiere no recibir apoyo, entonces, del feminismo occidental?

Creo que deberían escucharlas y dejar que ellas lleven la conversación.

¿Cuáles son los argumentos de la mujer feminista que defiende el hiyab, el burka, etc? 

Bueno, hay muchas razones por las que las mujeres lo llevan. Por ejemplo, muchos estudiosos dicen que el niqab es una tradición que es de antes del Corán, del propio islam, y que estaba en la península arábiga pero no fue introducido por el islam. Es algo concreto de la cultura. Algunas te dirán “no está en el Corán”, otras te dirán que sí… hay interpretaciones muy distintas. En mi propia familia, mi madre lo lleva porque es religiosa, es piadosa; mi hermana, que tiene 19 años menos que yo, lo lleva para decir “iros a cagar, racistas”, y yo sin embargo decidí llevarlo a los 16 y quitármelo a los 35, pero me costó años, porque es mucho más difícil quitárselo que ponérselo. 

Recuerdo que entrevisté a Saphia Azzeddine, una escritora musulmana que decía que “Madonna medio en pelotas es tan machista como una mujer con velo”. ¿Está el machismo del mismo modo en la sexualización que en la desexualización? 

Lo que tenemos que preguntarnos es ¿cuánta capacidad de acción tiene la mujer respecto al patriarcado? Porque al final yo estoy luchando contra el patriarcado, no contra mujeres individuales. Si hablo críticamente del hiyab, no critico a mujeres concretas. Se espera que seamos recatadas, y yo no lo soy, eso es una exigencia patriarcal. A los chicos no se les pide esto. ¿Cuánta capacidad autónoma tiene la mujer, occidental u oriental, para librarse del patriarcado? Está en todas partes, el machismo: en EEUU y en Egipto. 

Por ejemplo, en Occidente sucede mucho que el capitalismo ha sabido sacarle rédito a la liberación sexual de la mujer y cosificarla. La ha hecho formar parte de un negocio de hombres, como sucede con la pornografía. ¿Cómo valoras esta situación?

El patriarcado no es sólo misoginia, claro. Es el sistema de instituciones que favorecen el privilegio masculino. Y sé que el capitalismo oprime a las personas, por eso también lucho contra él. Pero hablemos del trabajo sexual: tengo muchas compañeras que son activistas y no usan la palabra “prostitución”, lo llaman “trabajo sexual”. Es distinto del tráfico de mujeres, de la trata, de la explotación. Las trabajadoras sexuales no están forzadas a hacer ese trabajo. Hay feministas que están contra todo tipo de trabajo sexual y otras decimos “debemos estar en contra de la trata únicamente”. Las activistas del trabajo sexual luchan por los derechos de estas mujeres, para que tengan garantías legales, para que no haya abusos, y para cuestionar la idea de “qué es trabajo”. Mi principal preocupación es la explotación. No quiero que ninguna mujer sea explotada. 

El feminismo radical plantea que aunque haya prostitutas que digan que quieren ejercer libremente este trabajo, en realidad, en gran parte, pertenecen a clases sociales muy bajas y están en situación de vulnerabilidad, además de inmersas en un imaginario donde se cosifica constantemente a la hembra. Ahí se cuestiona su libertad individual. ¿Hasta qué punto no son hijas de un sistema patriarcal que las empuja a vender su cuerpo? No sé si piensa usted que en un sistema sano la mujer no comerciaría con su sexo. 

Yo respondería a esto preguntándote: ¿qué pasa con la explotación de otras trabajadoras? Muchas tienen empleos muy duros y ganan muy poco. Como en el McDonalds, por ejemplo, donde cobran el salario mínimo. O en una granja. Si cuestionamos el trabajo sexual, cuestionemos el resto de trabajos. Pero no deberíamos señalar a las trabajadoras sexuales por la cuestión sexual, sino por la cuestión de la explotación. 

Entiendo lo que dice. Sin embargo, pienso que, aunque la explotación es global (también hay hombres trabajando precariamente en el McDonalds), la demanda de la prostitución es meramente masculina. ¿Por qué no hay prostitutos, o, si los hay, son residuales? ¿Dónde están los hombres explotados sexualmente? Es eso lo que me hace pensar que es una problemática machista. 

Veo lo que dices, pero uno de mis amigos, por ejemplo, es activista del trabajo sexual y es gay. Hay hombres en el trabajo sexual. La mayoría son mujeres, sí, y mi prioridad es asegurarme de que tengan sus derechos. Mi lucha es por la liberación sexual y no quiero estar contra el trabajo sexual porque involucra al sexo. Me preocupa que las feministas radicales, que en los 70 luchaban por la liberación sexual (y por muchas otras cosas), ahora estén retrocediendo. Y algunas son antitrans, es decir, están en contra de los derechos de los transexuales. Es complicado.

¿Cómo es la vida sexual que se espera de una mujer musulmana?

Depende de los privilegios, depende de dónde vivas. Si eres una mujeres con privilegios tienes un coche, tu apartamento… en Egipto, por ejemplo, para musulmanas y cristianas es tradicional vivir con tu familia hasta que te cases. Así que para tener sexo necesitas privacidad: un apartamento, una habitación, ¡un coche! Un lugar propio. Esas mujeres lo tienen difícil, lo de tener sexo fuera del matrimonio por el acceso al espacio propio. Siempre está el imperativo de “aguanta hasta el matrimonio”. Está el tabú. Muchas mujeres lo saltan, otras lo acatan. Para los hombres es mucho más fácil, porque tienen el privilegio del patriarcado.

Ellos rompen las normas con mayor seguridad. Para las mujeres puede ser muy peligroso. Dentro de las mujeres, las universitarias lo tienen más fácil que las que viven en el campo: tanto por su espacio propio como por el acceso a los anticonceptivos. Lo importante es que las mujeres tengan claro que son propietarias de su cuerpo. Esa es la gran revolución: la propiedad del cuerpo. Cuando hablo de esto, hay gente que me dice “¡por favor!, esta no es la prioridad de las mujeres de clase trabajadora”. Es muy condescendiente eso. Por favor: ¿no creen que una mujer, independientemente de sus orígenes o su clase social, tiene derecho al placer sexual? En eso insisto.

¿Cree que la revolución feminista debe, o no, recurrir a la violencia? Hay quien dice que es la única forma en la que históricamente se han conseguido cosas; y también hay quien cree que no se puede derribar al machismo con sus propias armas.

Yo creo que tenemos que hacer que el patriarcado nos tema. Y utilizar cualquier cosa que tengamos a disposición para que nos tema, incluida la violencia. Si observas los movimientos de liberación en el mundo, siempre se ha utilizado la violencia, incluso para terminar con el imperialismo y la ocupación. Yo creo que la violencia es una forma de ocupación. Si seguimos rogando a la justicia que salve a las mujeres, no lo va a hacer. 

No sé si sabe que hace poco aparecieron unos grafitis feministas en la catedral de Santiago de Compostela, que es patrimonio de la Humanidad. ¿Cómo lo valora?

Me gusta mucho. Lo apoyo. Son actos de resistencia y actos de desobediencia civil. Soy muy fan de romper las reglas y las leyes y por eso he pintado a veces en el metro. Me detuvieron en 2012. Vi un anuncio racista, islamófobo, y contesté. Me iban a juzgar pero el juez lo acabó archivando.

Otra idea revolucionaria: ¿qué hay de hacer un Lisístrata? ¿Huelga sexual?

No, no, de eso estoy en contra. Porque si hacemos huelga sexual, da la sensación de que las mujeres damos sexo y los hombres cogen el sexo. Yo disfruto el sexo, ¿por qué tengo que dejar de tener sexo? Estoy en contra.