Belén Rueda. EFE.

Belén Rueda. EFE.

Cultura En primera persona

Belén Rueda: "Parece que tenemos que dar las gracias por ser mileuristas"

"Nadie se cura del capitalismo yendo a África, sino queriendo curarse" / "A mis hijas les digo: las mujeres hemos avanzado mucho, pero no bajéis la guardia" / "España no es inmovilista" / "El comentario machista que denuncié fue hace 30 años, y hace muchísimos años que no me ha vuelto a ocurrir".

Es la mujer que quiera ser. "Mar adentro, mar adentro, y en la ingravidez del fondo, donde se cumplen los sueños, se juntan dos voluntades para cumplir un deseo...". La tierna Julia que agarraba la mano a Ramón Sampedro y lo cuidaba con ojos cansados. O aquella que en el filme de Guillem Morales va cayendo en la ceguera. Laura cuando regresa al Orfanato en el que se crió de pequeña. Perfecta desconocida con Álex de la Iglesia.

Belén Rueda: sobre África, capitalismo, cine social y machismo

Belén Rueda sabe lo que es quitarse el corsé de azafata televisiva para acabar levantando un Goya: crecer, hacerse a sí misma, luchar contra esos hombres que le dijeron que necesitaban "chicas que pusiesen cachondos a los camioneros".  Aquí está, ahora aventurera: en 'El cuaderno de Sara' no necesita de un testiculario para embarcarse, digna heroína, en un viaje a las entrañas de África. 

¿Qué tiene que aprender España de África? Primero a dejarles un poquito… iba a decir en paz, pero demasiado en paz les dejamos porque el conflicto está bastante olvidado. Pues lo que tendríamos que aprender personalmente cada uno de nosotros: que con poco ellos son capaces de emocionalmente sacar mucho. Nos metemos en un círculo, en los países más desarrollados, en el que el consumo y la necesidad de tener cosas y cosas y cosas o ponernos objetivos a muy largo plazo nos angustia mucho. Te das cuenta de que el futuro para ellos es mañana, pero literalmente. Y aquí nos gastamos mucho dinero en terapias y en psicólogos para entender profundamente que es importante vivir el día a día.

Uno se cura del capitalismo más feroz queriendo curarse, no yendo a África. Porque si tú vas allí pensando que ese cambio que tienes que hacer va a venir de fuera no va a dar resultado. Uno tiene que querer. Y cuando vas allí te das cuenta de que puede ser posible, y es igual que cuando quieres ayudar y arreglar un conflicto que es muy grande. Te queda tan grande que es imposible, y entonces lo aparcas. Son pequeñas cositas. Cuando estuvimos en El Congo documentándonos, estuvimos en diferentes ONG, en Naciones Unidas, en asociaciones de niñas y mujeres que habían sido violadas, de niños soldado, asociaciones de mujeres en las que se les enseñaba a organizar su propia economía familiar… visitamos muchísimas ONG.

Otras ONG que conseguían llevar agua a determinadas aldeas: tenían que hacer kilómetros y kilómetros cada día para tener agua. Entonces, son pequeñas cosas con las que en un momento dado si te sientes más cercano o más identificado, puedes ayudar. Siempre hay una idea de ayudar y un poco paternalista de hacer por ellos lo que ellos no pueden hacer. Ellos son perfectamente capaces, pero necesitan una pequeña infraestructura que les permita que cuando las ONG se vayan, ellos sigan manteniéndose sin necesidad de ayuda, porque eso es lo que les haría seguir viviendo en su país. Esa necesidad que tenemos a veces de sacarlos de allí… o los peques en los orfanatos, esto de sacarlos de su entorno. Si ellos pudieran quedarse allí no querrían irse.

Lo que más me ha conmovido y me ha atravesado es la capacidad de recuperación. Después de conflictos y de una vida muy dolorosa. No solamente son capaces de superarlo, sino que se colocan en un lugar en el que ayudan a otros a conseguir superarlo. Y su capacidad de decir “queremos seguir adelante y tenemos ilusión por la vida”. Me preguntas que si Europa está sorda. Sí, eso totalmente, lo sabe todo el mundo. No hace falta que lo diga yo.

¿Que si el cine tiene responsabilidad social? Pues mira, lo maravilloso del cine es que tiene muchas facetas. No es obligación social: hay películas enfocadas al tema social, y otras que son entretenimiento, otras son pura aventura, y realmente esta película es una aventura emocional. Mi personaje, Laura, entra en un país al que no quería ir. Y eso hay que respetarlo: hay personas que no quieren ver determinadas cosas, y es tan respetable como los que se meten hasta el fondo. En este caso, es la historia de dos hermanas en la que una es médico cooperante y está totalmente entregada a la causa de la ayuda en África; y mi personaje, que es Laura, que no quiere hablar de aquello porque, primero, se ha llevado a su hermana, y cada vez que su hermana se va siente pavor de que no vuelva. Laura plantea una cosa, que es que aquí también tenemos problemas. Que su padre padece Alzheimer y se encarga ella sola, y su hermana se va a solucionar el problema de los demás… y eso es un problema de comunicación familiar, y existe en todos los sitios.

El cine te puede plantear esto o te puede plantear una comedia, que es puro entretenimiento, o una comedia ácida, como la que hemos estrenado con Álex de la Iglesia, Perfectos desconocidos, que empiezas riéndote y luego ya no sabes si debes reírte o no reírte tanto. Yo creo que el cine es una expresión artística y el público también tiene la libertad para elegir lo que quiera. Tiene que tener un poco de todo.

Me recuerdas que en la película mi personaje dice en varias ocasiones algo como “aquí no cambia nada”. ¿Que si sucede lo mismo en España? Vamos a tener un poquito de cuidado con eso de que España no cambia. Yo he visto unos cambios brutales. Yo nací en el 65, vivía Franco todavía, y desde el 65 a ahora, España es otra España. A nivel laboral, yo empecé con el comienzo de las televisiones privadas, que empezaron en el 90, y en nuestro trabajo ha cambiado mucho. En ficción y en series se hacen unas series que eran impensables en el año 90. Hay series que se van más por lo social, series de comedia y series que fuera gustan tanto que incluso compran los formatos. Sí que cambiamos, lo que pasa es que a veces somos un poco ansiosos. Y otras veces, poco constantes. Si hay un problema, hay que pararse más tiempo y dedicarle más tiempo si no para solucionarlo del todo, sí para que se solucione por sí mismo, o por la gente que está en ese lugar, como puede ser África.

En España una gran conquista social, y justo que ahora se habla tanto de esto, es la situación de la mujer. No estamos todavía donde queremos, pero ha cambiado bastante, y se lo digo a mis hijas, que han nacido en una época en la que tienen muchas cosas ganadas porque muchas mujeres anteriormente han luchado mucho. Yo siempre se lo digo: “Tenéis muchas cosas avanzadas, pero no bajéis la guardia nunca”. Me dices que hablé de un comentario desagradable que me hizo un presentador de televisión [“queremos chicas que pongan cachondos a los camioneros”], pero esto es una cosa que ha cambiado muchísimo. Este comentario machista fue hace 30 años. Y desde entonces no me ha vuelto a ocurrir, hace muchísimos años que no me pasa.

Eso no quiere decir que no siga ocurriendo en determinados sitios, y sigue ocurriendo, y por eso digo que no hay que bajar la guardia, y no solamente en nuestro sector, sino en cualquier sector. Esto también hay que decirlo: nosotros tenemos una profesión que es de cara al público y lo contamos, esa es la ventaja y la desventaja por otro lado. En un momento dado se le ocurre a alguna de nosotras el “vamos a hacer piña” y se está viendo que hacemos piña para que a esa mujer no le pase nada, pero hay otros sectores en los que no solamente se quedan sin trabajo, sino que no van a encontrar otro, porque está todo mucho más escondido.

Me he encontrado con obstáculos, pero se los encuentra todo el mundo, no solamente siendo mujer. Siendo joven también es una “piii” [simula una palabrota censurada y ríe], es una faena. Yo recuerdo todavía cuando había portadas en los semanales de los periódicos en los que ponía “mileurista” como algo de “¿cómo puede ser que alguien que ha estado trabajando y estudiando para sacarse una carrera, cuando empieza a trabajar solamente tiene un sueldo de mil euros?”. Y eso no es hace mucho, pero ahora, sin embargo, ser mileurista es todo un lujo. Hemos ido para atrás. Todas las cosas que laboralmente se han conseguido, y con respecto a la mujer imagínate, de repente das pasos atrás y llega un punto en el que te hacen creer que tienes que dar gracias porque estamos donde estamos.

Yo no creo que España sea inmovilista, creo que nos movemos mucho y denunciamos mucho, pero que no va tan rápido como quisiéramos. La juventud, según vas cumpliendo años, queda atrás; y al quedar atrás está claro que la belleza en unos años de tu profesión es un plus, pero si realmente te gusta esta profesión, incluso cuando es un plus no te quedas solamente en eso. Eso depende de ti. Y eso te va a ayudar más adelante a poder hacer otros personajes en los que sea más importante lo que cuentes que tu físico.

Recuerdas que se cumplen 15 años del célebre “No a la guerra” en la gala de los Goya. En el “No a la guerra” el cine lo hizo evidente porque puso el debate en un escenario donde lo podían ver todos, pero vamos, no es una cosa solamente del cine. Yo creo que con el tiempo también se han dado cuenta, y también le pasó factura al partido que gobernaba este país. También había mucha gente en ese partido que no estaba de acuerdo con muchas cosas, como pasa en cualquier partido y en cualquier momento. Lo más importante es que haya libertad de expresión sin perderle el respeto a nadie, eso lo primero. Y segundo: hay que tener en cuenta que el cine o cualquier expresión artística es importante para nuestra cultura, y es importante para la formación.

Cuanto más cultos sean nuestros niños, cuanta más información tengan, más capacidad de libertad y de elección tendrán. Y eso es importante, por ejemplo, mira: estando en África, ves que cuanto menos saben del conflicto que les rodea (porque nosotros hemos rodado en aldeas muy chiquititas), menos tienen. Quiero decir, me acuerdo que estuvimos rodando en una aldea y los niños hablaban inglés también, porque tenían una escuela, y estaban todos muy enfadados porque se habían llevado la escuela de allí. Porque no había suficiente gente. Si ellos tuvieran la fuerza y se unieran, si tuvieran la formación para decir por qué esa escuela tenía que estar allí, no se la hubieran llevado.

Si les mantienen engañados y les dicen “no, es que en los demás sitios, cuando hay menos de 50 personas no hay escuela”, y eso es así… ¡como no lo saben, ellos piensan que tiene que ser así! Ya si nos vamos a lo básico. Y se habían llevado la escuela, y la caseta… vacía. No tenemos que dejar nunca de querer saber qué es lo que pasa a nuestro alrededor, porque será la única manera en la que seamos libres.

Hice una película sobre la eutanasia, ahora otra sobre los conflictos de África… ¿que qué otro tema me gustaría tratar? Es que se ha avanzado mucho también en cuanto a temas. Por ejemplo, en el cine se ha tratado mucho el tema de las parejas gays, y en España se ha avanzado muchísimo. Se ha conseguido muchísimo en este país, y en este tema… es un tema que ya es muy natural. En Perfectos desconocidos, cuando tratamos ese tema, ese guion, que ya estaba escrito por un italiano, estaba tratado de una forma que decíamos: “Esto aquí no se puede tratar así, porque nos parece un poco absurdo”. Y le dimos otro enfoque. Y Pepón Nieto, que hacía el personaje gay en la película, le dio un enfoque maravilloso junto con Alex de la Iglesia, que lo tenía clarísimo.

¿Que qué película le recomendaría a Mariano Rajoy, ahora que vienen los Goya? Le recomendaría que intentase ver el máximo posible, porque este año además hay un gran abanico de películas en diferentes lenguas y que enriquecen bastante.