La catedral de Zamora.

La catedral de Zamora. istock

Corazón

La ciudad más olvidada de España: cuenta con 22 iglesias románicas, 60.000 habitantes y un castillo del siglo XI intacto

Con un casco histórico de escala humana y el Duero como telón de fondo, esta capital castellana se consolida como una de las más auténticas del país

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Hay ciudades que se recorren, y otras que se descubren casi en silencio. Zamora pertenece a esta segunda categoría. A menudo eclipsada por el peso turístico de Salamanca o León, esta capital castellana guarda uno de los patrimonios más sorprendentes de Europa.

Su perfil, recortado por torres de piedra sobre el horizonte, es solo el primer indicio de lo que esconde: una densidad monumental difícil de igualar en una ciudad de apenas 60.000 habitantes.

Con cerca de 59.500 vecinos, Zamora presume de una escala humana que invita a recorrerla sin prisas.

Todo está a mano, todo se puede caminar. Quizá por eso ha permanecido al margen de las grandes rutas turísticas, conservando intacta una autenticidad que hoy resulta casi excepcional.

No en vano, se la conoce como "La Bien Cercada", un apodo heredado de sus tres recintos amurallados que aún hoy marcan su carácter defensivo y su pasado estratégico.

Impresionante Vista De La Iglesia Románica de Zamora.

Impresionante Vista De La Iglesia Románica de Zamora. Pexels

Pero si hay un motivo que justifica el viaje es su impresionante legado románico. El casco urbano alberga 22 iglesias de este estilo, la mayor concentración de toda Europa.

Un paseo por la llamada "Milla Románica" permite enlazar templos como Iglesia de San Juan de Puerta Nueva, en plena Plaza Mayor, o Iglesia de Santiago del Burgo y Iglesia de Santa María la Nueva, donde cada portada y cada capitel narran escenas medievales cargadas de simbolismo.

El gran icono es la Catedral de Zamora, construida en el siglo XII. Su cúpula gallonada, cubierta de escamas de piedra, es única en el mundo y revela influencias bizantinas poco habituales en la arquitectura peninsular.

Es, sin duda, la imagen que define a una ciudad que ha hecho del románico su seña de identidad.

A escasos metros se alza el Castillo de Zamora, construido en el siglo XI por Fernando I el Magno. Rehabilitado y de acceso gratuito, permite recorrer sus almenas y contemplar una de las vistas más bellas del Río Duero, que serpentea a los pies de la ciudad.

Muy cerca, el Portillo de la Lealtad recuerda uno de los episodios más célebres de la historia medieval: el asesinato de Sancho II de Castilla durante el Cerco de Zamora.

Lejos de quedarse anclada en el pasado, Zamora también sorprende por su arquitectura modernista, con cerca de una veintena de edificios que aportan un inesperado contraste al paisaje medieval.

La catedral de Zamora.

La catedral de Zamora. istock

Lugares como el Mercado de Abastos de Zamora o el Casino de Zamora demuestran que la ciudad ha sabido evolucionar sin renunciar a su esencia.

El paseo junto al Duero, con estampas como las Aceñas de Olivares, completa una experiencia que también se disfruta en la mesa.

Platos como el arroz a la zamorana o el tradicional "dos y pingada" conviven con los vinos de la cercana Toro, una de las denominaciones de origen más potentes del país.

En un momento en el que muchos destinos luchan contra la saturación turística, Zamora sigue siendo un refugio para quienes buscan historia, calma y autenticidad.

Quizás no salga en todas las guías, pero precisamente ahí reside su mayor atractivo: descubrirla antes de que deje de ser el secreto mejor guardado de España.