Magia y torreznos: el restaurante de Soria donde la cocina y el ilusionismo llevan 30 años compartiendo mesa

Magia y torreznos: el restaurante de Soria donde la cocina y el ilusionismo llevan 30 años compartiendo mesa

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Magia y torreznos: el restaurante de Soria donde la cocina y el ilusionismo llevan 30 años compartiendo mesa

La Chistera o cómo José Antonio y Cristina convirtieron un restaurante soriano en un icono gastronómico donde disfrutar de platos típicos y veladas mágicas.

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Siempre hablamos de la magia de la cocina. De esos restaurantes donde algo sucede entre los fogones que convierte una comida en una experiencia que no se olvida. A veces es el producto, otras la sala, otras la compañía... Pero casi siempre es ese algo difícil de describir.

En Soria hay un restaurante que decidió tomarse esa idea al pie de la letra. En La Chistera, la magia no es solo una metáfora. Aquí aparece de verdad entre plato y plato. Cartas que se adivinan, monedas que cambian de mano sin que nadie lo entienda, cucharas que se doblan inexplicablemente...

Pequeños trucos que ocurren a pocos centímetros de la mesa mientras la sobremesa se alarga. Y todo mientras en la cocina salen croquetas, torreznos, platos con trufa o setas de temporada.

Este restaurante soriano acaba de cumplir treinta años de historia. Lo hizo hace apenas unos días, el 8 de marzo, una fecha muy especial para José Antonio, conocido también como el Mago de la Chistera, y su mujer Cristina de la Iglesia, los dos pilares de este proyecto que mezcla gastronomía, espectáculo y hospitalidad, posicionado como uno de los imprescindibles de la ciudad.

Treinta años de un restaurante con personalidad

Cuando este dúo abrió La Chistera hace tres décadas, lo hicieron con una idea clara, crear un restaurante donde la gente disfrutara y hacerlo con una parte personal que no estamos acostumbrados a ver. Treinta años después siguen al frente del negocio, celebrando ese aniversario que para cualquier restaurante es casi una hazaña.

El nombre del restaurante no es casual. La chistera es el sombrero clásico del mago, ese objeto del que parece que puede salir cualquier cosa. Y en cierto modo esa es la filosofía del restaurante, sorprender. Lo hace en un primer momento con la decoración.

La propia barra es una chistera, por todo el restaurante hay elementos que nos recuerdan a ese mundo de trucos y la parte del final, con su telón incluido, se convierte en escenario las noches de cena-espectáculo.

José Antonio siempre ha tenido dos pasiones muy claras. La cocina y la magia. Dos disciplinas que, según él mismo reconoce, tienen más en común de lo que parece. “La magia es mi pasión y mi trabajo es la cocina. Pero, "la cocina también es magia”, dice a Cocinillas.

Una cocina con sabor a Soria

Más allá del juego y la magia, la base del restaurante sigue siendo una cocina profundamente ligada a la tradición castellana y al producto de la zona.

En la mesa aparecen platos que combinan ingredientes muy reconocibles con pequeños giros creativos. Un caldo de pollo trufado que llega cubierto con una fina capa de hojaldre crujiente que se rompe con la cuchara, unos canelones de carne trufada acompañados de hummus de garbanzo que suaviza el sabor intenso de la trufa...

Pero también unas croquetas de cocido con pimientos fritos que remiten directamente a la cocina de casa o elaboraciones con morro de cerdo y setas que conectan con la tradición gastronómica de la provincia.

La trufa aparece con frecuencia en los platos, rallada al momento, aportando ese aroma que en Soria forma parte de tantos lugares. También las setas, especialmente durante la temporada micológica, cuando la cocina se llena de boletus, senderuelas o colmenillas.

Y, por supuesto, el torrezno, uno de los bocados más emblemáticos de la provincia, que se postula al premio del Mejor Torrezno del Mundo -que ya consiguieron en 2016 y quiere replicar 10 años después-. Está siempre presente en carta y se codea con otras delicias como el parfait de paté Malvasía, ensalada de ahumados o una colección de escabechados que triunfa entre la cocina de José Antonio: de codorniz, perdiz, lomo de cerdo, pollo picantón...

Le siguen pescados clásicos como la merluza rellena de mariscos o rodaballo a la plancha y carnes como el entrecot, las chuletitas de cordero o magret de pato y cosas diferentes como avestruz en salsa de queso.

Los postres continúan a la altura. Son todos caseros y aquí sí hay una mayor apuesta por sorprender. De una esfera de chocolate blanco rellena a un pastel de pistacho y dulce de leche, pasando por, en ocasiones, la tradicional costrada de Soria.

Cuando la cena termina con un espectáculo

La magia en La Chistera no es un simple guiño decorativo. Forma parte real de la experiencia. Después de la cena, cuando el comedor se relaja y empiezan los cafés, José Antonio puede aparecer con una baraja en la mano. O con monedas. O con algún objeto cotidiano que de repente deja de comportarse como debería.

Los trucos se hacen muy cerca, casi dentro de la mesa. Es magia de proximidad, de esa que se disfruta porque ocurre delante de los ojos y aun así resulta imposible de entender. “Siempre lo hacemos después de la cena, cuando la gente ya está relajada”, explica.

Durante los meses más fríos, especialmente en febrero y marzo, organizan fines de semana con espectáculo de magia los viernes y sábados por la noche. Una fórmula que funciona especialmente bien en una ciudad donde el invierno invita más a quedarse en un restaurante que a pasear por la calle.

A lo largo de los años, además, han pasado por el restaurante distintos magos invitados, convirtiendo algunas veladas en pequeños encuentros de ilusionismo gastronómico. La idea siempre ha sido la misma, que la experiencia no termine cuando llega el postre.

Concursos, creatividad y tapas con imaginación

Otra de las claves del restaurante ha sido su participación constante en los concursos gastronómicos de Soria. La ciudad cuenta con varios certámenes muy populares dedicados a algunos de los productos más representativos de la provincia, especialmente la micología, el torrezno y la trufa.

Han participado en ellos durante décadas. Y no solo participando, también experimentando. Porque muchos de los platos que hoy forman parte de su cocina nacieron precisamente de esas competiciones.

Entre las tapas más recordadas del restaurante está “Cruz de Campo micológica”, una creación con la que La Chistera se alzó con el primer premio en la Semana de la Tapa Micológica de Soria de 2016.

“Espejito, espejito…”, por su parte, fue una tapa más reciente, elaborada con amanita cesárea, mermelada de sauco, panceta y confit de pato, que también llegó al podio del concurso micológico

Si algo caracteriza a José Antonio es que se toma la gastronomía con bastante sentido del humor. En algunos concursos han llevado la creatividad un paso más allá, diseñando propuestas que buscaban no solo el sabor sino también la sorpresa.

Una de las más recordadas fue una máquina expendedora de tapas que instalaron durante uno de los certámenes. Los clientes introducían una ficha y el sistema dispensaba la tapa como si fuera una máquina de café.

Dentro aparecía un risotto de boletus con espuma de cardo, cacao amargo y otros ingredientes que jugaban con la idea visual de un café servido en vaso de plástico. Mientras tanto, el público esperaba su turno, hacía fotos o se acercaba a ver cómo funcionaba la máquina.

Después de treinta años, La Chistera se ha convertido en uno de esos lugares que los sorianos sienten como propios. Porque más allá de la cocina y de la magia, lo que realmente ha mantenido vivo este restaurante durante treinta años es algo mucho más simple: la hospitalidad.

Parte de ese encanto tiene que ver con José Antonio y Cristina. Con su manera de recibir, de explicar los platos, de acercarse a las mesas y de compartir la experiencia con los clientes. Y si nos vamos de allí habiendo presenciado alguno de sus famosos trucos, la velada será redonda.