Cabañas de Pax, en Vega de Pas (Cantabria).

Cabañas de Pax, en Vega de Pas (Cantabria).

Reportajes gastronómicos

El refugio pasiego donde el lujo es asar tu propio cordero lechal en una cabaña centenaria

Cabañas de Pax, en Vega de Pas (Cantabria), recupera antiguas cabañas pasiegas para convertirlas en un alojamiento rural donde la arquitectura tradicional, sostenibilidad y cocina doméstica son un todo.

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En los Valles Pasiegos, todo está rodeado de verde. El silencio reina en muchas zonas, interrumpido de vez en cuando por el sonido del cencerro de alguna vaca que pasta en la ladera u oveja que se mueve entre los prados.

El paisaje domina la vista. Las laderas se pliegan unas sobre otras, el río Pas serpentea a su paso por aquí y las cabañas de piedra aparecen dispersas en mitad de los prados como si siempre hubieran estado ahí.

En ese escenario, a pocos minutos de Vega de Pas, se encuentra Cabañas de Pax, un proyecto que nació como intento de recuperar un modelo de vida rural que estaba desapareciendo. Aquí no hay una recepción al uso ni restaurante con carta cerrada. Lo que hay son tres cabañas rehabilitadas, Arce, Espino y Serbal, que rinden homenaje a la cultura pasiega.

Recuperar lo que estaba a punto de perderse

El proyecto arranca a comienzos de los años 2000 cuando la familia Gómez-Acebo Botín adquiere varias cabañas pasiegas en estado de abandono. Durante décadas, muchas de estas construcciones quedaron vacías tras el declive de la ganadería tradicional y el abandono progresivo del modelo de “muda pasiega”, esa práctica por la que las familias se desplazaban con su ganado entre distintas alturas del valle en función de la estación.

La intervención arquitectónica, liderada por Pepe Gómez-Acebo Botín, partía de una premisa clara, restaurar lo que había sin falsear. No se alteró lo más mínimo la tipología original. Las cabañas pasiegas, pensadas históricamente como construcciones ganaderas de uso estacional, conservan su estructura compacta, sus muros gruesos y su orientación estratégica frente al viento y la humedad.

De esta forma, se respetaron los muros de piedra de gran espesor, fundamentales para el aislamiento térmico natural, se recuperaron las vigas y suelos de roble y castaño, así como la pizarra en los tejados.

El resultado dio lugar a una rehabilitación honesta que conserva la escala original de las casas y su integración en el paisaje. Y a un alojamiento perfecto para desconectar del ruido.

Por el momento son tres las cabañas operativas, pero pronto darán la bienvenida alguna más, una de ellas, prácticamente a orillas del río. Arce es la más amplia, pensada para familias, con tres dormitorios, salón con chimenea y cocina completa.

Espino y Serbal funcionan como estudios independientes, más íntimos, con grandes ventanales y bañeras orientadas hacia el valle. En todos los casos, el interior combina rusticidad estructural con comodidades contemporáneas como calefacción y aislamiento térmico y una decoración curada con mimo donde conviven muebles contemporáneos, libros y piezas de arte.

Y hay más. Todas cuentan con chimenea que se convierte en el centro del salón en invierno, otra, con una bañera junto a la ventana que permite contemplar el paisaje. Y un dato curioso, aquí se desconecta de verdad, por lo que apenas hay cobertura móvil, aunque sí cuentan con wifi.

Un proyecto que no busca llenar

Cabañas de Pax no opera bajo la lógica del turismo intensivo. Con solo tres alojamientos disponibles, el modelo apuesta por la ocupación contenida y por un visitante que entiende el entorno en el que se aloja y lo respeta. Dormir allí es un sueño, despertando con el canto del gallo del corral. La arquitectura no domina el entorno. Se adapta a él, conviviendo en perfecta armonía.

La finca mantiene actividad ganadera real. Se ha recuperado un rebaño de ovejas carranzanas de cara negra, raza autóctona en peligro de extinción, además de gallinas pedresas para el consumo propio y un huerto ecológico que abastece parte de las verduras de temporada. Incluso cuentan con mastines que protegen el ganado, como se ha hecho históricamente en la zona.

Con todo ello, el proyecto, más que crear un complejo turístico, funciona como mecanismo de conservación del paisaje cultural pasiego traído a nuestros tiempos y con todo lujo de detalles.

Sin restaurante, pero con cocina

Desde el punto de vista gastronómico, el planteamiento es diferente. No hay restaurante en el recinto. Cada cabaña dispone de cocina completamente equipada y la experiencia gira en torno a cocinar uno mismo o encargar platos tradicionales que se sirven directamente en la casa.

El desayuno es el ritual más estructurado. Cada mañana aparece en la puerta el pan de la Panadería El Cruce. En la cocina esperan sobaos pasiegos y quesada de Etelvina Sañudo, mantequilla local, leche cántabra y huevos recién puestos por las gallinas de la finca. Hay producto bien elegido que se puede disfrutar en la intimidad de cada casa en la terraza común.

Para comidas y cenas, pueden elaborar bajo encargo platos de cocina montañesa. De cocido montañés a guisos de ternera pasiega, sopa de pescado, cordero lechal al horno... Y terminar con postres típicos de la zona como la quesada.

La otra opción es utilizar la barbacoa exterior. En ese espacio, con vistas abiertas al valle, se pueden asar chuletas de cordero lechal criado en los prados de la finca o preparar carnes de ternera pasiega. Y a veces, algo tan sencillo, es el mayor lujo del mundo.

Además, cada cabaña cuenta con un honesty bar, en el que encontrarás una selección de licores y vinos para tu disfrute. No hace falta sofisticar la oferta rural, simplemente disfrutar del placer de las cosas sencillas, como un huevo recién cogido por la mañana o el crujiente de unas deliciosas chuletas de lechal que acaban de pasar por el fuego.

Una joya en el Valle del Pas

La ubicación, a tres minutos del núcleo urbano de Vega de Pas, permite acceder a pequeños comercios tradicionales, restaurantes de cocina pasiega y productos lácteos locales. La zona mantiene la identidad ligada a la leche, la mantequilla y la repostería que ha hecho famosos a los sobaos.

Vale la pena acercarse a espacios míticos como Etelvina, la misma que suministra los desayunos, que es uno de los primeros obradores de Cantabria en elaborar sobaos pasiegos y quesadas.

Desde las cabañas se puede recorrer el valle, hacer senderismo o acercarse a enclaves como el balneario de Puente Viesgo o el Parque de la Naturaleza de Cabárceno.