Juanjo Soria y María José Martínez sosteniendo a su hija Cristina de 4 meses.

Juanjo Soria y María José Martínez sosteniendo a su hija Cristina de 4 meses.

Reportajes gastronómicos

María José Martínez, chef de Lienzo: "El éxito no es abrir mil restaurantes, sino disfrutar de mi maternidad y mi negocio"

Autónoma, empresaria y madre, la murciana afincada en Valencia, defiende que el sistema ha mejorado en permisos y prestaciones, aunque reclama más flexibilidad para quienes dirigen su propio negocio.

Más información: La chef de Valencia que cocinará por primera vez dentro de una cueva con arte rupestre

Publicada

En la cocina de Lienzo, en el corazón de Valencia, siempre ha habido discurso, producto, cariño y esfuerzo. Pero desde hace cuatro meses hay algo más: bolsas de leche materna en el congelador con una etiqueta —“Banco de leche de la chef. No tocar”— y una nueva escala de prioridades.

María José Martínez (Alhama de Murcia, 1984) habla de maternidad con la misma honestidad con la que construye sus platos: sin edulcorar los procesos y sin ocultar el sacrificio. “Es precioso”, repite. Y, sin embargo, también es “una bola de demolición” durante las primeras semanas.

El posparto que nadie cuenta

Su vida, y la de su socio y pareja, Juan José Soria, a cargo de la sala y bodega del estrella Michelin, cambiaron para siempre el pasado 7 noviembre cuando Cristina llegó a sus vidas. El embarazo fue amable. El parto, vaginal y "acompañado por Juanjo", también.

“Fue muy bonito”, recuerda. Lo que no fue idílico, subraya, fue el posparto. “Eso no te lo cuenta nadie”. Puntos, recuperación física, lactancia, subida de la leche, adaptación del y al bebé, noches fragmentadas. La épica romántica se diluye en la fisiología real. “Tu mente está entregada a tu hija desde el primer segundo, pero tu cuerpo no está bien. Estás destrozada”.

Con la voluntad de que otras mujeres no improvisen a ciegas, al igual que comparte consejos de cocina, comparte consejos para la vida y, después de su experiencia, Martínez recomienda probióticos para la lactancia, rehabilitación de suelo pélvico y fisioterapia.

La chef María José Martínez embaraza de ocho meses en su restaurante Lienzo.

La chef María José Martínez embaraza de ocho meses en su restaurante Lienzo.

En el restaurante, entre servicio y servicio, se extrae leche, la envasa al vacío, la congela y la traslada a casa cada semana. La logística de una estrella Michelin aplicada a la crianza que naturaliza con la naturaleza que le caracteriza.

Delegar como punto de partida

La maternidad ha coincidido con un momento de madurez empresarial. Cuando se quedó embarazada, el equipo ya estaba reforzado: once personas a jornada completa, segundas jefaturas en cocina y sala, planificación anual de vacaciones cerrada en enero, festivos compensados, Navidad con días de cierre para facilitar la conciliación.

Si quieres que te cuiden, tienes que cuidar”, afirma. Y esa máxima se traduce en salarios competitivos y estabilidad en un sector que sufre una crisis estructural de personal.

Para una chef tan vinculada a su proyecto, delegar no era un gesto menor. “Es difícil soltar la cuerda cuando no sabes si hay alguien al otro lado. Pero si sabes que la sostienen, la sueltas”.

En su caso, la cuerda la sostienen Lucía en cocina y Alessio en sala, además de un equipo que incluso organizó una tarjeta regalo colectiva antes del nacimiento de la niña. “Lloré como una magdalena”, confiesa.

Autónoma, empresaria y madre, Martínez defiende que el sistema ha mejorado en permisos y prestaciones, aunque reclama más flexibilidad para quienes dirigen su propio negocio.

“Lo único que no me gusta es la rigidez de las seis semanas obligatorias. Entiendo la protección, pero cuando eres la empresaria, un poco de margen ayudaría”.

Durante el embarazo trabajó hasta el último día —“en casa me aburría”—, pero el posparto fue otra historia: ahí sí fue necesaria la pausa. Ahora el reparto es más que equitativo: ella cubre mañanas en el restaurante, Juanjo las noches con la bebé.

Se turnan, se llaman de madrugada, se apoyan. Han pasado de trabajar “24 horas al día, siete días a la semana” a concentrar jornadas de diez horas. Y el mundo no se ha derrumbado. “Es sostenible el restaurante. Es sostenible la vida. No pasa nada por decir que no”.

El precio de la alta cocina

En una conversación donde la conciliación es protagonista, la chef introduce un matiz incómodo pero imprescindible que pasa por el cliente. “Hay un precio que pagar para mantenerlo todo. Tenemos que cobrar lo que corresponde para poder dar los salarios que tocan o por encima”.

La alta cocina, defiende, no puede sostener condiciones dignas si el mercado no acepta el valor real del trabajo. La ecuación es simple: si el restaurante funciona, no hay recortes; si hay recortes, se resiente el disfrute. Y el disfrute —en sala, en cocina y en casa— es ahora la unidad de medida del éxito.

Éxito es disfrutar

“Para mí el éxito es disfrutar”, dice con una serenidad que no suena a eslogan. “Disfrutar de mi hija, disfrutar del negocio. No vivir amargada. No abrir cien mil restaurantes y tener mucho dinero. Vivir con tranquilidad”.

Las colaboraciones vuelven a llamar a su puerta, pero el filtro es más estricto. Nada gratuito, nada que no aporte retorno económico o mediático real. “Ahora mi tiempo no es solo mío. Es el tiempo de mi hija”.

Sus iniciativas siguen en marcha. La próxima, para celebrar el Día de la Mujer, organizando un curso benéfico de tapas murcianas y defensa personal, el próximo día 21 de abril.

Dentro de cinco años imagina a la pequeña correteando por el restaurante, pero no como una necesidad estructural. Habla de au pairs, de guardería, de opciones. Habla, sobre todo, de red. “Tengo a Juanjo. Es un pilar”. Y reconoce la dureza de quienes crían en soledad con una mezcla de admiración y vértigo.

En Lienzo siguen saliendo platos delicados, con discurso y técnica. Pero detrás de cada servicio hay una nueva coreografía doméstica y empresarial que demuestra que la alta cocina también puede replantearse sus ritmos.

María José Martínez no quiere conquistar el mundo a golpe de aperturas. Quiere algo más complejo: que su vida —la profesional y la íntima— tenga la textura adecuada. Como un buen guiso, necesita tiempo, equilibrio y fuego controlado. Y, sobre todo, alguien con quien compartirlo.