Bárbara Pereira y Natalia Menéndez, unidas por Entrelazadas.

Bárbara Pereira y Natalia Menéndez, unidas por Entrelazadas.

Reportajes gastronómicos

Entrelazadas: la red asturiana que reivindica el talento de las productoras como excelencia femenina

Desde la pastelería La Gloria, en Turón, Bárbara Pereira encabeza una iniciativa de colaboración entre mujeres del sector.

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De sobra es sabido que la unión hace la fuerza. Y en casos donde la gastronomía se entralaza por sus raíces, los territorios y quienes los sostienen, más. Por eso la pastelera Bárbara Pereira, se ha animado a liderar una iniciativa surgida de la colaboración femenina como motor de excelencia.

La encabeza desde una pequeña cuenca minera asturiana donde la cocina siempre ha tenido voz propia y que propone una mirada distinta. El proyecto se llama “Entrelazadas”, y nace en el obrador de su pastelería La Gloria.

Más que una serie de colaboraciones gastronómicas, Entrelazadas busca poner el foco en el talento femenino del sector alimentario asturiano y construir una red donde la admiración mutua se transforme en producto, relato y experiencia.

Un obrador como punto de encuentro

En la pequeña localidad de Turón, en el concejo de Mieres, La Gloria se ha convertido en un inesperado laboratorio creativo. Allí, Pereira invita periódicamente a mujeres referentes de la gastronomía y la producción alimentaria para crear piezas de edición limitada que se venderán durante unos días en la pastelería.

La dinámica es sencilla, pero cargada de significado: dos miradas sobre el oficio se encuentran en un mismo obrador. El resultado es un producto único que refleja el diálogo entre tradición, territorio y sensibilidad contemporánea.

La Gloria y Casa Chuchu, la primera edición de 'Entrelazadas'.

La Gloria y Casa Chuchu, la primera edición de 'Entrelazadas'.

“Mi intención es que cada producto cuente una historia de colaboración real, donde dos maneras de entender el oficio se unan”, explica Pereira. “Quiero demostrar que todo lo que hacemos está conectado con nuestras raíces, pero también con las personas que admiramos”, añade la pastelera, que quiere ampliar su red más allá de la comarca.

En una industria donde durante décadas el protagonismo ha recaído mayoritariamente en chefs masculinos, Entrelazadas reivindica otro relato: el de las mujeres que elaboran, producen, transforman y preservan los sabores de su territorio.

El primer hilo: Turón conecta con Turón

La primera colaboración del proyecto tiene un fuerte componente emocional y territorial. La invitada es Natalia Menéndez, chef del restaurante Casa Chuchu, un antiguo chigre familiar convertido hoy en uno de los secretos mejor guardados de la gastronomía asturiana y reconocido por las guías Guía Michelin y Guía Repsol.

La cocina de Menéndez destaca por una mirada contemporánea que nunca pierde de vista la tradición, algo que conecta de forma natural con la filosofía pastelera de Pereira.

El resultado de este primer encuentro llegará el 27 de marzo, cuando ambas presenten una pieza de edición limitada: un canelé —el clásico pastel francés originario de Burdeos— relleno de praliné de avellana, donde el juego entre corteza caramelizada y corazón cremoso promete convertirse en una pequeña joya de pastelería.

La pieza se podrá adquirir tanto en La Gloria como en Casa Chuchu hasta agotar existencias, reforzando esa idea de circuito gastronómico local que el proyecto pretende impulsar.

“Me hace especial ilusión trabajar con Bárbara porque tenemos muy buena sintonía. Para mí es casi como una hija. Turón tiene mucha suerte de contar con una pastelera que trabaja con tanta precisión y calidad”, comparte Menéndez.

Una red que mira al territorio

Pero Entrelazadas no se limita al mundo de la restauración. El proyecto aspira a convertirse en un escaparate para mujeres productoras del medio rural: elaboradoras de queso, miel, conservas y otros productos que forman parte de la despensa asturiana.

Las creaciones que salen del obrador de La Gloria.

Las creaciones que salen del obrador de La Gloria.

La idea es que cada colaboración funcione como un puente entre el obrador y el origen del ingrediente. Un gesto que reivindica el papel fundamental de quienes producen y transforman alimentos en pequeñas explotaciones o talleres artesanos.

En este sentido, el proyecto dialoga con una tendencia creciente en la gastronomía contemporánea: la revalorización del productor y la trazabilidad emocional del producto. Saber quién está detrás de cada ingrediente ya no es solo una cuestión ética, sino también narrativa.

Y así, puntada a puntada, Turón empieza a tejer una red donde la excelencia femenina deja de ser una excepción para convertirse en relato colectivo. Una historia que, como las mejores recetas, se construye a muchas manos.