Marta Verona en un montaje de El Español

Marta Verona en un montaje de El Español silroby iStock

Recetas

Marta Verona, nutricionista: "Los canelones más ligeros del verano no llevan pasta, se hacen con 2 calabacines y 120 g de pollo"

La creadora de contenido, cocinera y nutricionista propone un plato que es perfecto hasta para el tupper de la oficina.

Más información: Ainara López, cocinera: "Los calabacines más ricos no se fríen, se hacen con 2 puñados de espinacas y queso crema"

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Si nunca te has planteado comer calabacín crudo, déjame decirte que deberías. Incluso, es probable que, si ahora no te encanta por su textura algo blanda, pase a convertirse en una de tus hortalizas favoritas.

Cortado en láminas muy finas, el calabacín crudo tiene un sabor delicado y una textura crujiente que aguanta bien aliños y rellenos.

Funciona en ensaladas, en carpaccios con un hilo de aceite y unas escamas de sal, en tiras a modo de espaguetis y, como propone Marta Verona, también como envoltorio para todo tipo de rollitos.

La cocinera y nutricionista, ganadora de la sexta edición de MasterChef y colaboradora del programa Saber vivir de RTVE, compartió en ese espacio una versión de canelones de pollo que no necesitan ni pasta ni bechamel.

Una receta con margen para cambiar cosas

No hay mucho truco detrás de estos canelones, pues la clave está solo en cortar el calabacín lo bastante fino como para que se pueda enrollar sin romperse, algo que es muy fácil con una mandolina.

Lo realmente interesante es que la receta admite cambios para adaptarse a los gustos de cada uno o a lo que haya en la nevera en ese momento.

El queso de untar aporta cremosidad y ayuda a que el relleno ligue, pero puede cambiarse por hummus, que cumple la misma función y, además, suma legumbre al plato. Una muy buena opción para intolerantes a la lactosa.

La rúcula, con su amargor característico, no es imprescindible; los canónigos, las espinacas tiernas o una mezcla de brotes verdes funcionan igual de bien, así que no hay necesidad de complicarse la vida si no se tiene a mano.

La granada es, sobre todo, un elemento decorativo y que ofrece un contrapunto ácido. Se puede prescindir de ella sin que la receta pierda nada esencial, o sustituirla por otra fruta picada muy fina: unos dados de manzana verde o de piña también le irán de lujo.

Y si no hay lima, la ralladura de limón cumple perfectamente.

Queda una última alternativa para quien no termine de fiarse del calabacín crudo. Se pueden pasar las láminas unos segundos por la plancha, vuelta y vuelta, y dejarlas enfriar sobre papel de cocina antes de rellenarlas.

Pierden crujiente, pero ganan flexibilidad, y el resultado sigue siendo un canelón sin pasta.

Ingredientes

Ingredientes

  • Calabacín, 2 ud
  • Pechuga de pollo cocida y mechada, 120 g
  • Queso crema, 150 g
  • Rúcula, 50 g
  • Cebolla morada picada, ½ ud
  • Cebollino picado, al gusto

Para decorar

  • Granada, 1 ud
  • Ralladura de lima, 1 ud

Paso 1

Cocemos la pechuga de pollo durante 20 minutos y la deshebramos con ayuda de un tenedor.

Paso 2

Mezclamos el pollo en un bol junto a la cebolla morada, la rúcula, el cebollino y el queso crema.

Paso 3

Cortamos los calabacines en láminas finas con ayuda de una mandolina o un cuchillo bien afilado y las colocamos sobre papel film superpuestas hasta formar una base de unas 6 láminas.

Paso 4

Repartimos el relleno por el centro de la base y enrollamos con ayuda del papel. Si tenemos en casa una esterilla de las que se usan para hacer maki, podemos usarla para que sea más fácil.

Paso 5

Decoramos con los granos de granada y la ralladura de lima por encima.

El pollo: la proteína que come medio mundo

El pollo es la carne más consumida del planeta. Su producción ha crecido de forma sostenida durante las últimas décadas hasta superar a la de cerdo y vacuno, impulsada por un precio contenido, un ciclo de crianza corto y la ausencia de restricciones religiosas o culturales que sí afectan a otras carnes.

En España se consumen alrededor de 12 kilos por persona y año en los hogares, lo que la sitúa como la carne fresca más presente en la cesta de la compra.

Nutricionalmente, es una fuente de proteína de alto valor biológico, con todos los aminoácidos esenciales, y aporta vitaminas del grupo B —especialmente B3 y B6—, fósforo y selenio. Las diferencias entre cortes están sobre todo en la grasa.

La pechuga ronda los 22-23 gramos de proteína y apenas 1-2 gramos de grasa por cada 100 gramos, lo que la convierte en el corte más magro. El contramuslo y el muslo bajan ligeramente en proteína y tienen algo más de grasa, pero resultan mucho más jugosos.

Las alitas son el corte más graso, sobre todo por la proporción de piel, que concentra buena parte de la grasa del animal y puede retirarse antes o después de cocinar.

En la cocina, esa diferencia manda. La pechuga se seca con facilidad, así que agradece cocciones cortas o húmedas: plancha rápida, salteado, escalfado o hervido, como en esta receta.

El contramuslo aguanta guisos largos, arroces y asados sin quedarse seco. La carcasa y los huesos son la base de un caldo, y el pollo asado sobrante da juego durante días.