Calles empedradas de Ujué

Calles empedradas de Ujué iStock

Actualidad gastronómica

Parece la Toscana, pero es España: el pueblo del siglo VIII ideal para comer un chuletón de lujo y quitarse el estrés

A menos de una hora de Pamplona y Zaragoza está Ujué, una villa que pertenece a la lista de Pueblos Más Bonitos de España.

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Si el cuerpo lleva semanas pidiéndote a gritos desconectar, tienes que conocer este pueblo en el que parece que el tiempo se detuvo hace más de diez siglos.

Una villa medieval encaramada a más de 800 metros de altura, con tranquilas calles de piedra, vistas que alcanzan los Pirineos y un aroma a brasa que te envuelve nada más bajarte del coche.

El próximo puente del 1 de mayo -o cualquier fin de semana que te animes a huir de la ciudad- puede ser la excusa perfecta para descubrir Ujué, en el corazón de Navarra.

Cuando uno se acerca por la carretera que serpentea desde San Martín de Unx y ve aparecer la silueta del pueblo coronado por su imponente iglesia-fortaleza, es fácil encontrarle parecido con un paisaje sacado de la Toscana italiana, con esas colinas onduladas salpicadas de viñedos y campos de cereal que se extienden hasta donde alcanza la vista.

Pero no, esto es la Navarra Media Oriental, y lo que se divisa desde la cima del cerro en días claros no son los Apeninos, sino el Moncayo al sur y las cumbres pirenaicas al norte.

El pueblo, que cuenta con apenas un par de cientos de habitantes censados, forma parte de la lista de los Pueblos Más Bonitos de España, y una vez que lo pisas entiendes por qué.

Un viaje a la Alta Edad Media

Los orígenes de Ujué se remontan a la época prerromana, cuando los vascones ya habitaban esta zona. Sin embargo, fue entre los siglos VIII y X, con las incursiones islámicas, cuando los pobladores se agruparon en torno a un castillo-fortaleza que servía como atalaya defensiva del reino de Pamplona.

Aquella función militar sigue presente en un paisaje construido a base de calles empinadas y estrechas, casas de piedra apiñadas unas sobre otras y, dominándolo todo desde lo alto, la Iglesia-Fortaleza de Santa María la Real, declarada Monumento Nacional en 1936, donde conviven el románico del siglo XI con el gótico navarro del XIV.

Cuenta la leyenda que un pastor vio a una paloma -uxua en euskera- entrar y salir de un agujero en la roca. Al asomarse, descubrió una imagen de la Virgen que atrajo a los lugareños hasta lo alto del cerro.

Sea o no cierta la historia, lo que sí resulta innegable es que Ujué tiene algo de mágico. Pasear por su entramado de callejuelas empedradas o contemplar las vistas desde el paso de ronda de la iglesia produce una sensación de calma difícil de encontrar en otros sitios y está a menos de una hora de Pamplona o de Zaragoza.

Qué comer en Ujué

La estrella gastronómica indiscutible del pueblo son las migas de pastor, elaboradas con pan duro de la zona, grasa, ajo y sal. Un plato que nació como sustento de los pastores que cuidaban sus rebaños en la sierra y ha terminado dando fama internacional a los fogones de Ujué.

Pero la oferta no acaba ahí. Las chuletillas de cordero lechal a la brasa de sarmiento son otro imprescindible: la leña procedente de la poda de las viñas aporta un punto ahumado sutil que marca la diferencia.

También hay que dejarse tentar por los chuletones de buey a la brasa, los guisos de caza como la perdiz, el pichón o la paloma torcaz en salsa de la casa, las pochas con hongos en temporada, el cordero al chilindrón o el bacalao al ajoarriero.

Y para cerrar la mesa, nada mejor que una cuajada casera con miel y nueces garrapiñadas de Ujué, un pastel vasco de crema o la célebre pantxineta. Las almendras garrapiñadas, el pan artesano y el vino de garnachas locales completan el menú.

Dónde comer en Ujué

Ujué, pese a su tamaño diminuto, cuenta con tres establecimientos donde darse un buen homenaje.

El Restaurante Mesón las Torres, situado junto a la iglesia-fortaleza en la calle Santa María, es el decano de la localidad. Abrió sus puertas en 1967, cuando don Hipólito Ibáñez dejó el pastoreo y, junto a su esposa Juli Valencia, fundó el primer restaurante de Ujué.

Sus migas de pastor llevan décadas siendo una referencia absoluta. Dispone de cuatro comedores repartidos en dos edificios, y el llamado Comedor Pirineos ofrece unas vistas espectaculares hacia la sierra y, en días despejados, hasta la cordillera pirenaica. Las chuletillas al sarmiento y los guisos de caza son otro de sus fuertes.

El Restaurante Asador Uxué, en la calle San Isidro, es un asador de estilo rústico con comedor en primera planta y ventanales panorámicos sobre el valle. Su carta se mueve entre la cocina mediterránea y la tradición navarra, y los chuletones a la brasa son la especialidad de la casa. Las croquetas de chuletón, los pimientos del piquillo y el menú degustación de fin de semana también reciben muy buenas críticas.

Casa Urrutia, también en la calle San Isidro, funciona como agrotienda y restaurante a la vez. Es un espacio abierto donde conviven el obrador de panadería artesana, la tienda de productos locales y un comedor con mesas compartidas que le dan un aire comunitario muy acogedor.

Sus migas de pastor se elaboran con el pan que ellos mismos hornean, las carrilleras y el codillo son contundentes y sabrosos, y los postres de obrador, como la goxua, el pastel vasco o la tarta de pastor, son un cierre perfecto. Además, puedes llevarte pan recién hecho y dulces caseros para el camino.

Qué ver y qué rutas hacer a pie en un día

Lo mejor de Ujué es que todo se recorre caminando y en pocas horas, lo que permite combinar patrimonio, naturaleza y gastronomía en una sola jornada.

  • Empieza aparcando en la explanada de la parte baja del pueblo y accede a pie para ir descubriendo Ujué de menos a más. Junto al aparcamiento encontrarás las ruinas de la Iglesia de San Miguel, un templo románico del siglo XIII, y los tres arcos que se levantaron para la coronación de la Virgen en los años 50, desde donde ya se obtiene una bonita panorámica del perfil sur de la villa.

  • Sube por las callejuelas empedradas deteniéndote en la plaza de la Pilarraña, en la parte baja, para admirar los dinteles decorados de las casas de piedra.

  • Continúa ascendiendo hasta la Plaza Municipal y cruza el Portal, el antiguo pasadizo que formaba parte de la muralla, para desembocar en la Plaza Mayor.

  • Desde ahí, la cuesta final te lleva hasta la Iglesia-Fortaleza de Santa María la Real: rodéala por completo para contemplar la portada gótica, las torres y las vistas de 360 grados sobre la Ribera navarra. En el interior, no te pierdas la talla románica de la Virgen del siglo XII ni la urna que guarda el corazón momificado de Carlos II de Navarra.

  • Al norte de la iglesia, acércate al Castillazo, donde quedan restos de la universidad que Carlos II quiso construir y un antiguo aljibe.

  • Para una ruta algo más larga, baja por la carretera opuesta hasta la Cruz del Saludo, el crucifijo medieval que marcaba la entrada histórica al pueblo, y disfruta de los dos miradores de la carretera que desciende hacia Murillo el Fruto, con vistas espectaculares sobre la sierra y los campos de la Navarra Media.

Y si te sobra tiempo y ganas, la zona ofrece posibilidades excelentes para completar la escapada. Olite y su espectacular castillo-palacio están a solo 20 minutos en coche, y los viñedos de San Martín de Unx merecen una parada para catar garnachas y rosados de la zona.

Las Bardenas Reales, ese desierto navarro que parece de otro planeta, están a poco más de media hora y perfectamente puede organizarse la visita en un fin de semana largo.