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De un parto prematuro a un nacimiento a término: hacia una cesárea más humanizada
La cesárea puede generar frustración y miedo, pero cada vez es más habitual favorecer medidas que faciliten el contacto precoz con el bebé para proteger el momento emocional del nacimiento.
A los 42 años, volver a quedarse embarazada era una gran noticia. Pero también significaba recordar un primer parto prematuro que convertía este nuevo embarazo en una gestación de riesgo. Con estos antecedentes, el embarazo se convierte en territorio incierto.
Es por ello que desde el primer momento, el seguimiento fue diferente. Dada la experiencia previa de prematuridad, hubo una vigilancia estrecha y un control especializado semana a semana, con el objetivo de ganar tiempo.
Esta vez, la gestación avanzó hasta término completo y alcanzó la semana 39, todo un hito en este contexto clínico, que permitió planificar el nacimiento con margen, pues la posición del bebé, en presentación de nalgas, indicaba que la opción más segura era una cesárea.
La cesárea provínculo
La intervención transcurrió sin complicaciones, pero más allá del resultado clínico, hay otra dimensión que empieza a ganar espacio en obstetricia: cómo se vive el nacimiento cuando no es un parto vaginal.
En los últimos años se ha popularizado el término del ‘parto humanizado’ para definir un modelo de atención al nacimiento en el que la mujer es protagonista: se respetan sus preferencias e intimidad y se prioriza un trato cercano y empático.
Proporcionar a la madre información clara y tomar decisiones compartidas son algunas de las medidas que se incorporan para cuidar de toda la experiencia emocional de la mujer durante el momento del parto.
Pero, ¿qué ocurre cuando el nacimiento requiere una intervención quirúrgica? ¿Puede una cesárea formar parte de ese mismo enfoque? La doctora María Goya, obstetra y coordinadora de Obstetricia del Hospital Quirónsalud Barcelona, lo tiene claro: “La humanización del nacimiento no depende de la vía del parto, sino de cómo se acompaña a la mujer en ese proceso”.
La doctora María Goya.
Durante años, la cesárea ha sido asociada con una experiencia más quirúrgica que humana, pero el enfoque humanizado empieza a cuestionar esa idea. Según la doctora Goya, “una cesárea puede formar parte perfectamente de este modelo si se realiza de forma planificada, con indicación médica adecuada y en un entorno que favorezca el vínculo madre-bebé precoz”.
De este planteamiento surge el concepto de cesárea humanizada o cesárea provínculo: “un modelo de cesárea centrado en facilitar el vínculo inmediato entre madre y recién nacido”, apunta Gemma Ruiz, directora del equipo de matronas del Hospital Quirónsalud Barcelona, dentro de un enfoque que se basa en el acompañamiento continuo desde el embarazo hasta el postparto, y en el que la matrona es la figura de referencia durante todo el proceso.
La matrona Gemma Ruiz.
En este modelo, la matrona mantiene un papel clave también en quirófano, acompañando a la mujer, explicando lo que ocurre y ayudando a que la experiencia sea más consciente y segura desde el punto de vista emocional.
Cada vez más centros facilitan la presencia de un acompañante en el quirófano y ofrecen a la madre la posibilidad de ver el nacimiento si lo desea. Además, siempre que sea posible se realiza el contacto piel con piel de forma precoz.
“Son pequeños cambios que no comprometen la seguridad médica y pueden transformar significativamente la vivencia del nacimiento”, añade la matrona.
Para muchas mujeres, “participar en lo que ocurre durante el nacimiento es muy importante desde el punto de vista emocional: escuchar el primer llanto, saber en qué momento nace o poder verlo inmediatamente ayuda a que la experiencia sea más consciente y menos medicalizada”, cuenta la doctora Goya.
Sin embargo, la obstetra apunta a que no todas las madres desean lo mismo, y precisamente el enfoque humanizado consiste en “adaptarse a las preferencias de cada mujer siempre que la situación clínica lo permita”.
De parto planificado a intervención urgente
Cuando una cesárea se programa y se realiza de forma planificada, permite preparar el entorno, al equipo médico y a la propia paciente. Sin embargo, cuando surge una situación inesperada, el plan de parto cambia y se indica una cesárea urgente, “puede generar frustración, miedo o la sensación de pérdida de control”, advierte la doctora Goya.
En este momento, el mensaje más importante que los equipos médicos tratan de trasladar es que la prioridad siempre es la seguridad. Así, la transición suele vivirse con mayor tranquilidad, según la obstetra, “cuando la mujer entiende que la indicación responde a criterios de seguridad para ella y su bebé”.
“Porque más allá de la vía del parto, lo que marca la diferencia es cómo se acompaña a la mujer en todo momento: con información, continuidad y profesionales que están a su lado en todo momento”, señala Gemma Ruiz.
Además, concluye la doctora Goya, “hoy sabemos que una cesárea puede vivirse también como un nacimiento positivo, con acompañamiento, información y contacto temprano con el bebé. El objetivo final no es solo cómo nace el bebé, sino que madre y recién nacido estén bien y que la experiencia del nacimiento sea lo más segura y respetuosa posible”.
Al final, no se trata solo de cómo nace un bebé, sino de cómo se vive ese momento. Incluso cuando se necesita una cesárea, aunque no sea el parto que se imaginaba, el nacimiento puede ser cuidado, acompañado y profundamente humano.