Imagen de archivo del psiquiatra Enrique Rojas.

Imagen de archivo del psiquiatra Enrique Rojas. Europa Press

Salud

Enrique Rojas, 77 años, psiquiatra: "La felicidad es conjugar 4 grandes elementos: amor, trabajo, amistad y cultura"

Frente a la promesa de felicidad permanente, Rojas plantea un modelo que acepta el sufrimiento y busca darle sentido sin cronificarlo.

Más información: Robert Waldinger, psiquiatra de Harvard, sobre la felicidad: "Hasta el 40% de lo que te hace feliz solo depende de ti mismo"

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Las claves

Enrique Rojas, destacado psiquiatra español, sostiene que la felicidad se basa en cuatro pilares: amor, trabajo, amistad y cultura.

Rojas defiende que la felicidad no depende del azar ni de las circunstancias externas, sino de diseñar un proyecto de vida coherente y realista.

Alertó sobre el aumento de la ansiedad en España, especialmente entre las mujeres, y lo relaciona con la falta de una "arquitectura vital" definida.

El psiquiatra subraya que la felicidad es cambiante y añade que el ocio y las aficiones son claves para el equilibrio emocional durante momentos de desgaste.

Enrique Rojas es una de las figuras más influyentes de la psiquiatría española contemporánea. A sus 77 años, su discurso sigue resonando en un país donde los problemas de salud mental ocupan cada vez más espacio en la agenda pública, desde la ansiedad crónica hasta la soledad no deseada o el uso creciente de psicofármacos.

Frente a una concepción difusa del bienestar, Rojas propone una idea concreta y exigente. La felicidad, sostiene, no aparece por azar ni depende solo de las circunstancias externas. "La felicidad consiste en tener un trabajo artesanal", explica, una construcción personal que exige reflexión, constancia y una mirada clínica sobre la propia vida.

En una intervención en el foro Mentes Expertas, el psiquiatra insistió en la necesidad de trazar un rumbo vital previo. Según explicó, "una persona feliz es aquella que ha sabido diseñar un proyecto de vida, un programa de vida coherente y realista, con los pies en la tierra", alejado de la improvisación emocional permanente.

Ese planteamiento conecta con una realidad preocupante. En España, los trastornos de ansiedad tienen una prevalencia del 12,6% en la población general, según datos del Ministerio de Sanidad. La cifra asciende al 16,5% en mujeres y se mantiene en tendencia creciente, lo que revela un malestar estructural más allá de episodios puntuales.

Rojas sitúa el origen de ese malestar en la falta de arquitectura vital. Habla de "cuatro grandes argumentos que se arremolinan en torno a este concepto", pilares que sostienen el equilibrio psicológico. Amor, trabajo, cultura y amistad forman una estructura interdependiente, donde el debilitamiento de uno afecta inevitablemente al conjunto.

Dentro de ese sistema, el psiquiatra establece una jerarquía funcional clara. "Amor y trabajo conjugan el verbo ser feliz", afirma, subrayando su papel central. La evidencia clínica respalda esta idea de que la ausencia de vínculos afectivos estables y de una ocupación con sentido se asocia a mayor riesgo de ansiedad y depresión.

La felicidad es cambiante

Uno de los conceptos más sugerentes de Rojas es su visión cambiante del bienestar. La felicidad no es lineal ni permanente. La define como una "constelación geográfica" en la que los elementos "saltan, suben y bajan" según la etapa vital, la edad o las circunstancias personales.

Esta mirada ayuda a entender por qué el equilibrio emocional no depende de mantenerlo todo en su sitio de forma permanente. La estabilidad, según plantea, nace de aceptar el movimiento y la adaptación. De ahí que Rojas defina la felicidad como "un trabajo artesanal que hacemos cada uno según nuestras experiencias personales".

A esa estructura central añade un componente que suele pasar desapercibido. Introduce un "quinto elemento" que actúa como "telón de fondo": las aficiones. El ocio deja de ser un complemento secundario para convertirse en un espacio clave de ajuste emocional cuando el amor o el trabajo atraviesan momentos de desgaste.

El riesgo aparece cuando ese diseño vital no existe. Rojas advierte que vivir sin un programa definido expone a la persona a la impulsividad, la frustración y el vacío. Esa falta de rumbo sostenido acaba traduciéndose en una mayor dependencia de respuestas inmediatas para aliviar el malestar.

Desde esta perspectiva, su planteamiento trasciende lo individual y conecta con un problema colectivo. Pensar la felicidad como proyecto no implica negar el sufrimiento, sino ofrecer marcos estables para gestionarlo. Cada vez cobra más peso la idea de anticiparse al deterioro emocional antes de que se cronifique.