Noelia Samartin es doctora en neurociencia y psicología clínica.

Noelia Samartin es doctora en neurociencia y psicología clínica. Cedida

Salud

Noelia Samartin, 32 años, psicóloga: "Buscar la felicidad permanente impide alcanzar el ideal, que es la vida tranquila"

"Vivir en coherencia con lo que te importa aporta calma y favorece la felicidad"/ "Hay una perversión del hedonismo que se traduce en no poder estar mal" / "Es importante dejarle a nuestro cerebro espacio para la creatividad" / "Ahora se nos vende que debemos estar bien y que si no lo estás es por tu culpa" / "Las redes nos generan el malestar de nunca nada es suficiente"

Más información: Nazareth Castellanos, la sabia de la neurociencia: "Tu cerebro necesita microdescansos, cerrar los ojos dos minutos y respirar"

Publicada
Actualizada

Las claves

Noelia Samartin, neurocientífica y psicóloga, destaca la importancia de vivir en coherencia con los propios valores para alcanzar la calma y favorecer la felicidad.

Samartin señala que el malestar es parte natural de la vida y rechaza la idea de que la felicidad pueda alcanzarse en unos simples pasos, como prometen algunos libros de autoayuda.

Advierte que el uso excesivo de redes sociales y vivir en piloto automático aumentan la sensación de insatisfacción, ya que dificultan prestar atención a los pequeños placeres cotidianos.

La experta recomienda dejar espacio para el placer, el aburrimiento y la atención plena como herramientas clave para el bienestar emocional y la creatividad.

La neurocientífica Noelia Samartin (Pontevedra, 1993) sufrió un duro contratiempo en su adolescencia: a su padre le diagnosticaron una enfermedad que cursa con dolor crónico. Desde aquel momento supo que quería ayudarle pero no sabía cómo.

Su primer encuentro con este padecimiento fue antes incluso de finalizar sus estudios en psicología. No sabía entonces que iba a estar ocho años investigando sobre él y que su padre sería uno de los participantes de sus trabajos.

En este tiempo también ha atendido en consulta a personas que conviven con dolor crónico, lo que le ha permitido darse cuenta de que la capacidad de adaptación que tenemos es impresionante si el entorno es favorable.

Samartín atiende a EL ESPAÑOL con motivo de su ópera prima, Has venido a vivir (Bruguera, 2026), un libro en el que nos recuerda que lo fundamental de la vida, por evidente que parezca, es eso, vivir.

¿Qué significa exactamente "vivir" en una época marcada por la ansiedad, la prisa y la autoexigencia?

Lo descubres conforme vas viviendo. Está bien no tener respuesta, sino ir descubriéndola en el propio camino, dándote cuenta de qué cosas son importantes para ti en cada momento vital. Es un proceso de autoconocimiento.

Lo que sucede es que cuando hay tantos estímulos externos que captan nuestra atención, porque están diseñados específicamente para ello, quizás nos ponemos metas que no son nuestras. Ahí no estamos viviendo, sino funcionando.

¿Qué señales nos da la mente cuando hemos dejado de vivir y sólo estamos funcionando?

Las emociones son cambios a nivel neurofisiológico que ocurren en nuestro cuerpo y estamos diseñados para percibirlas porque nuestro cerebro se encarga de registrar todos estos cambios, aunque sólo tú eres consciente.

Por eso es muy importante saber reconocer los pequeños cambios en el cuerpo, porque las emociones también nos llevan a necesidades. Lo vemos muy claramente cuando tenemos un día muy estresado en el trabajo y sólo nos damos cuenta de que no hemos comido cuando paramos.

Con las emociones sucede lo mismo: muchas veces están ahí, pero no les dejamos espacio para poder escucharlas. Y cuando pasa mucho tiempo, en vez de que el cuerpo lo ignore, se vuelve más intenso. Por ejemplo, la tristeza por un duelo que no atiendo puede aparecer en mi cuerpo de otra manera, con un dolor u otra sintomatología.

¿Por qué está mal visto en la sociedad reconocer que estamos tristes?

Es una cuestión muy cultural, aunque en los últimos años está cambiando. En los países católicos el placer era pecaminoso. No pasaba nada por estar mal, pero no estaba bien molestar al otro por ello.

Ahora estamos en otra era en la que se vende que debemos estar bien, que el bienestar está a tu alcance y que si no la alcanzas es por tu culpa, por lo que resulta aún más frustrante. Además de que no se explica qué es estar bien, no se acepta que el malestar es parte natural de la vida.

Hay una perversión del hedonismo que se traduce en que no puede haber malestar, cuando es lo que nos permite seguir movilizándonos como animales que somos. El malestar nos permite evolucionar y nos ayuda en la supervivencia.

¿Qué opinión le merecen los libros de autoayuda que vienen a prometer cómo ser 'felices' en tres sencillos pasos?

Creo que es irresponsable en función de quién lo diga. Porque si tú te ofreces como experto y estableces que una persona puede alcanzar la felicidad en tres pasos, es que no sabes qué es la felicidad porque no se trata de un estado permanente.

Además, esto nos impide alcanzar lo que sería el ideal: buscar una vida lo suficientemente tranquila. Ya no digo feliz, porque la felicidad se da en momentos puntuales en los que alcanzas estadios de plenitud, pero no se sostiene ni siquiera energéticamente en el cuerpo.

Es lo más natural tener picos de estrés, de enfado y de miedo. Lo que tenemos que trabajar es cómo volver a la calma sin que la emoción se enquiste.

Samartin ha investigado durante ocho años el dolor crónico dolor crónico desde la neurociencia.

Samartin ha investigado durante ocho años el dolor crónico dolor crónico desde la neurociencia. Cedida

¿De qué forma podemos evitar que la emoción se enquiste?

Lo primero de todo es hacer espacio. La calma no es algo que generes, sino que aparece cuando la dejas de buscar. Si tenemos una agenda tan apretada, lo que nos está diciendo nuestro cuerpo con esa sensación de agobio es que faltan espacios en nuestra agenda.

Luego, para que aparezca esta calma, es importante que haya una coherencia entre lo que haces y lo que es importante para ti. Se trata de hacer una reflexión sobre quiénes somos de una manera mucho más compleja. Al final, hacerse adulto es darse cuenta de que hay que escoger todo el tiempo, pero eligiendo con coherencia.

El placer también ayuda mucho a la calma porque se activa en el cerebro una red en la que está implicada la amígdala, una zona que se silencia cuando sentimos placer.

¿Cree que cuando intentamos perseguir la felicidad nos estamos equivocando en cómo afrontar este objetivo?

Claro, en la felicidad hay dos componentes. Por un lado, el que sería como nuestro propósito vital, vivir en coherencia con lo que para ti es importante. Esto da una calma que favorece esta felicidad.

Y por otro, el hedónico, que son los pequeños momentos cotidianos. El problema es que si ponemos muchas expectativas en ellos, es muy probable que no se cumpla.

Cuando decimos "el día de mi boda va a ser el más feliz de mi vida" estamos comprando papeletas para que el placer tenga menos oportunidades de aparecer. Pero si es inesperado, es más fácil que aparezca; por eso en esta cotidianidad está la clave.

¿Las redes sociales influyen en que las expectativas que tenemos sobre estos momentos cotidianos no se cumplan?

Los neurocientíficos aún están estudiando el impacto que tiene a largo plazo. Pero lo que sí sabemos es que generan un uso abusivo porque activan el circuito del deseo, que depende de la dopamina.

Este circuito se activa cuando hay una expectativa del placer, pero no el placer en sí mismo. Por eso cuanto más estemos en redes sociales, más difícil es que nos sorprendamos por algo similar que nos suceda en nuestra vida porque lo vamos a estar comparando. Al final lo que nos genera es el malestar de nunca nada es suficiente.

¿Por qué cuanto más tiempo pasamos en piloto automático, más infelices somos?

Todo apunta a que cuando vivimos como piloto automático, que es un modo cerebral, nuestro cerebro se habla a sí mismo y le cuenta cosas sobre todo de nosotros mismos. Suele ser bastante egocéntrico.

El diálogo se basa en lo que hicimos en el pasado, cómo estamos ahora e intenta adivinar lo que sucederá en el futuro. Se ha visto que a nuestro cerebro esta discrepancia le genera un malestar porque hay una expectativa que no se está cumpliendo.

Algunos estudios han visto que las personas que más tiempo estaban en este modo cerebral, se percibían mucho más infelices. Aunque, en realidad, es muy útil para la cohesión social y también para la resolución de problemas.

Lo que no es sano es estar mucho tiempo ahí. Se estima que lo ideal sería estar un 20% del tiempo del día en este piloto automático; y el porcentaje restante en un modo de atención focalizada, sin intentar cambiar la realidad como es.

¿Cómo podemos lograr no estar en piloto automático?

Se sabe que durante los días de jornada laboral estamos el 50% del tiempo en este modo cerebral. El problema es que en los fines de semana estamos alrededor de un 80% del tiempo en piloto automático, cuando debería ser un 20%.

Aún no se sabe a qué se debe esto, pero lo que se supone es que el trabajo es un factor protector porque nos obliga a estar atentos. Aunque no nos guste, cuando estamos trabajando no estamos divagando.

Pero el trabajo no es la única manera de llegar a este modo de atención. La puedes lograr también con la meditación, que también potencia mucho más este modo, porque aparte de trabajar la parte atencional, también trabajamos parte de emociones.

¿Por qué deberíamos aprender todos de su abuelo e intentar hacer que todas las actividades que hagamos sean placenteras?

Es cierto que él intentaba hacer que todas las actividades fueran placenteras, pero no era algo innato. Mis padres siempre me decían que era una persona muy autoexigente y muy seria. Pero llegó un momento en su vida en el que algo hizo clic.

Empezó a vivir más despacio, estando atento al presente y disfrutando de estos pequeños momentitos. Esto te da una calma que no puedes alcanzar de otra manera, y es un tipo de placer que está al alcance porque todos podemos disfrutar de los grandes placeres de la vida.

Aunque es muy difícil llevarlos a tu rutina, nuestro cerebro va a priorizar que aprendamos ese tipo de conductas que nos llevan a sentir placer, que es como el norte, nos marca biológicamente lo que es importante para nosotros y nos ayuda a sobrevivir.

¿Cómo se puede consolidar un hábito en la rutina?

Se necesita mucha repetición, porque depende de cambios en la estructura de nuestro cerebro que genera una conexión entre diferentes neuronas. Hoy en día sabemos que no son necesarios 21 días para que un hábito se consolide, sino que depende del hábito y de la persona que lo esté realizando.

Hay hábitos que te pueden llevar hasta 200 días. Lo que hay que tener en cuenta para que sean menos es que el hábito nos guste, porque así el cerebro priorizará su aprendizaje. La otra parte es que no genere mucha fricción en tu rutina. Se trata de hacernos la vida un poco más fácil y utilizar el cerebro a nuestro favor.

¿Por qué es bueno incluir el aburrimiento dentro de la rutina?

Es importante dejarle a nuestro cerebro espacio para la creatividad. Lo ideal es acercarse al no hacer nada poco a poco, porque si genera mucho rechazo, estás activando en tu cuerpo una respuesta corporal de estrés. Es importante favorecer que acabes estando cómodo en el aburrimiento.

Es bueno perderle el miedo al aburrimiento porque es un espacio donde podemos ser muy creativos y crecer mucho a nivel personal. Pero parece que nos cuesta aburrirnos, si tenemos un espacio en blanco sin darnos cuenta ya estamos encendiendo el móvil.

¿Cuáles son las consecuencias de convertir el multitasking en rutina?

El multitasking es el modo cerebral del siglo XXI porque parece que nos cuesta hacer solo una cosa a la vez. Al pedirle al cerebro que haga un multitasking, lo que hace él es que cambia el foco atencional de una manera muy rápida entre una tarea prioritaria y una tarea secundaria.

En ese cambio hay un coste de energía que el cerebro puede interpretar como importante, por lo que entiende que estamos en peligro si no lo hacemos. La respuesta corporal que genera es una respuesta de estrés, aumentando los niveles de cortisol para atender esa demanda energética.

Sin darnos cuenta, al estar siempre en multitasking nos molestamos a nosotros mismos cuando vamos lentos, y no pasa nada por hacer las cosas un poco más lentos.

¿Por qué la procrastinación no es señal de pereza sino de cansancio?

La procrastinación tiene un porqué debajo. No es algo agradable para nadie, pero lo que sucede es que cuanto más lo haces, más presión sientes y peor te sientes. Vas perdiendo la autopercepción de tu autoeficacia; es decir, te sientes cada vez menos capaz de hacer cosas.

En vez de enfadarnos con nosotros mismos, lo que debemos hacer es reflexionar por qué estamos procrastinando. Porque tú puedes estar procrastinando porque no tienes espacio para hacer nada más, estás a tantas cosas que tu cuerpo te está diciendo "necesito descanso".

¿Por qué al rajar del jefe estamos activando un mecanismo biológico de regulación emocional?

La crítica de un 'enemigo común' hace que conectes con otras personas en tu misma situación, activa la parte empática de nuestro cerebro.

Recientemente se ha visto que cuando sucede esta conexión entre dos cerebros, nuestros cuerpos se regulan; es decir, el que está más alterado es arrastrado por las constantes vitales del cuerpo que está más calmado. Se le conoce como fenómeno de corregulación.

Es muy curioso porque aunque somos seres sociales que podemos aprender a regular nuestras emociones, el estar con otros también nos regula porque las emociones son para entendernos a nosotros, pero también para conectar con el otro.