¿Es posible curar el cuerpo con la mente? El efecto placebo, el gran misterio sin resolver de la ciencia

¿Es posible curar el cuerpo con la mente? El efecto placebo, el gran misterio sin resolver de la ciencia iStock

Salud

¿Es posible curar el cuerpo con la mente? El efecto placebo, el gran misterio sin resolver de la ciencia

Casi todos los médicos han recetado un medicamento no tanto por su efecto como por el beneficio que generan las expectativas en el paciente.

11 marzo, 2023 02:17

Imagine que le extraen una muela. No es algo muy agradable: seguramente ya le haya recorrido la columna un escalofrío con solo pensar en el dolor. No se preocupe: poco después le administran una dosis intravenosa de morfina para aliviarlo. ¿Verdad que se siente mejor? Pues en realidad lo que le han inyectado es un suero sin ningún analgésico y aún así el dolor se ha reducido notablemente, tanto como si le hubieran administrado 6 miligramos de morfina.

Hace más de 40 años de este experimento, uno de los clásicos a la hora de mostrar el poder del efecto placebo. Tan poderoso es que obviarlo va contra los estándares de la investigación médica: el experimento base de cualquier nuevo tratamiento consiste en comparar un grupo de pacientes que reciben un medicamento frente a otro que cree que lo recibe.

"El efecto placebo es algo consustancial a la práctica de la medicina: solo por el hecho de entrar en consulta, ya estamos provocando cambios en la salud del paciente", explica el médico de familia Ermengol Sempere, miembro del grupo de Utilización de fármacos de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, Semfyc.

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"Actúa a todos los niveles de la intervención médica: la consulta, una buena entrevista, la escucha atenta… Cualquier tipo de enfermedad puede mejorar por el hecho de estar dispuesto a una intervención". De hecho, cuando en una investigación se enfrenta un grupo placebo de otro que no recibe tratamiento en absoluto, las diferencias entre uno y otro son notables.

El placebo es un poderoso aliado de los médicos y es más que probable que usted haya sido objeto del mismo: hasta un 97% de los médicos generalistas británicos afirmaba haber dado placebos al menos una vez a lo largo de su carrera, y el 77% los utilizaba como mínimo una vez a la semana, según un estudio de 2013.

Aquí hay cierto truco. "Inyectar suero fisiológico haciéndolo pasar por tranquilizante no es ético nunca", afirma con rotunidad Sempere. El placebo que utilizan los médicos se trata, más bien, de medicamentos seguros con una eficacia baja o nula. ¿Ha acudido alguna vez al médico por un resfriado y le han prescrito antibiótico? Amigo, le estaban recetando un placebo: el antibiótico no sirve frente a infecciones virales, que son las que provocan la mayoría de los resfriados.

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Es lo que se conoce como 'placebo impuro'. "Todo el mundo da antibióticos porque hay mucha presión en la consulta, hay poco tiempo y muchas veces te ves forzado a salir del paso", explica. "Sabes que el fármaco, por sí mismo, no va a provocar una mejora, pero solo por el hecho del contexto el paciente puede mejorar".

En realidad, el efecto placebo propiamente dicho se refiere al contexto terapéutico. Hay otras situaciones que influyen en los resultados clínicos que quedan fuera. Se trata de ciertos sesgos que modifican la percepción del paciente o del propio médico pero que nada tienen que ver ni con un tratamiento eficaz ni con el placebo.

Un ejemplo de ello es el efecto conocido como regresión a la media. Uno acude al médico cuando está en lo peor de su enfermedad y lo más probable es que, con medicación o sin ella, esta se modere posteriormente, aunque uno lo achaque al tratamiento. Eso cuando la enfermedad no ha mejorado por su evolución natural.

También son famosos los conocidos como efectos Hawthorne y Rosenthal: en el primero, el paciente afirma haber mejorado solo por sentirse observado. En el segundo, es el médico (o el investigador, pues este efecto es muy frecuente en los ensayos clínicos) el que transmite de forma no intencionada sus deseos de que el paciente mejore, influyendo en el resultado.

El principio de la homeopatía

"El placebo es igual que la hipnosis: se basa en que hay gente sugestionable que hace cosas que no haría si no estuviera en ese estado de sugestión como, por ejemplo, quedarse recta como una tabla". Quien cuenta esto es José Antonio López Moreno, investigador del Departamento de Psicobiología y Métodos de las Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense. "Por eso el placebo no existe en los animales".

La sugestión hace que el efecto placebo sea especialmente potente en enfermedades como la depresión, "donde entre el 30% y el 50% del efecto de un fármaco depende del placebo, cosa que no ocurre con otros medicamentos como los ansiolíticos, los antipsicóticos, etc."

Tampoco lo hace para las adicciones, el principal ámbito de investigación de López Moreno. "No me imagino un alcohólico con síndrome de abstinencia curándose bebiendo agua". Es una pega para descubrir nuevos antidepresivos, claro".

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El dolor es el otro gran campo de actuación del placebo, tanto el crónico como el agudo, ya sea dolor de espalda, migrañas o dolores relacionados con el tratamiento del cáncer. Además, se encarga de explicar el efecto de la homeopatía y de otras pseudoterapias que no tienen validez científica demostrada pero mucha gente siente que mejora al usarlas.

"Hay personas más sugestionables, más dependientes, que crean vínculos terapéuticos mayores y confían mucho en otras personas, y responden mejor a esa confianza", explica la psiquiatra Marina Díaz Marsá. Es el famoso 'a mí me sirve', "y yo no soy quién para decirle que no a alguien".

La también vicepresidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental explica que hay dos vías cerebrales que están involucradas en las expectativas y gestionan este efecto: el sistema endocanabinoide, "las endorfinas", y el dopaminérgico.

"No hay muchos estudios en marcha como para saber qué es el efecto placebo", admite. "En las respuestas neurobiológicas todavía hay cosas que se nos escapan".

Curar corazones

De hecho, el cerebro puede ser mucho más poderoso en gestionar la salud del cuerpo de lo que se pensaba. Un reciente estudio, si bien elaborado en ratones, muestra la capacidad que tiene para sanar más allá de la sugestión.

Investigadores el Intituto Israelí de Tecnología en Haifa han observado como los corazones de ratones que habían sufrido infartos de miocardio se recuperaban mucho mejor cuando el cerebro de su dueño había sido estimulado en un área involucrada en la motivación y las emociones positivas, el área tegmental ventral.

Uno de los investigadores, Haykin, explica a Nature cómo han repetido varias veces el experimento y el resultado sigue siendo el mismo. "Al principio estábamos seguros de que era demasiado bueno para ser cierto". El trabajo todavía no ha sido publicado en una revista científica pues los autores quieren desentrañar primero cómo esta región, involucrada en el circuito de recompensa cerebral, puede disparar cambios inmunes tan poderosos.

Viendo cómo las expectativas mejoran nuestra salud, ¿por qué no potenciarlo? El psicólogo López Moreno indica que se puede hacer en tratamientos como la depresión, donde se puede ir retirando parte de la medicación y sustituyéndola por placebo para reducir los efectos secundarios (aunque aquí también existe el efecto nocebo: las expectativas de tener una reacción adversa al tomar un medicamento pueden influir en el hecho de tenerla).

De hecho, para solventar los problemas éticos, ya hay estudios que indican los efectos positivos del placebo incluso cuando la persona sabe que está tomando un placebo. Es una de las ramas que más se está investigando en la actualidad y se conoce como 'placebo open label'.

Sin embargo, el médico de familia Ermengol Sempere se muestra más escéptico. "Estamos medicalizando procesos que no deberían acabar en la medicina. Tratar con placebos cosas que sabes que no van a mejorar es una mala inversión y sería mejor utilizar otras alternativas".

"El placebo ha existido toda la vida", continúa, "porque los médicos no han sabido cómo salir del paso y son conscientes de que muchas enfermedades son psicosomáticas. Pero, desde hace décadas, se considera que esta actitud no es ética".