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Salud Anatomía práctica

¿Sufre tu cuerpo un problema grave? Cinco lecciones para aprender a detectarlo

Confundir una apendicitis con una molestia del bajo vientre no es raro. Unas nociones mínimas de anatomía nos ayudarán a estar más sanos.

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En nuestro entorno, y quizá con demasiada frecuencia, nos topamos con ciertos médicos de pega, amigos o conocidos que que no tienen el menor reparo en hacer un diagnóstico improvisado cuando les contamos que tenemos ciertas dolencias. ¿Te duele el bajo vientre? Son gases, tómate esto y lo otro, y mañana como nuevo. ¿Tienes sudores fríos y te duele la cabeza? Todo apunta que un catarro está llamando a tu puerta. Toma estas pastillas, ya verás que es mano de santo.

Si ya teníamos dudas de estos doctores de palo, ahora un estudio viene a demostrar que, efectivamente, la mayoría no tienen ni la menor idea. Una investigación llevada a cabo en la Universidad de Lancaster, en Reino Unido, ha comprobado que muchas personas no tienen ni la más remota idea de dónde se encuentran los músculos y órganos de nuestro organismo. Lo que es aún peor, tampoco saben cuál es la función que cumplen.

De hecho, los voluntarios que se prestaron a formar parte del estudio solo acertaron en un 100 % cuando se les pidió señalar correctamente la ubicación y el cometido del cerebro. Esa fue la única parte de nuestra anatomía que todos tenían controlada. Apenas uno de cada cinco participantes sabía donde estaba situado el bazo y aún menos sabían dónde se encontraba la vesícula biliar.

Aunque a priori pueda parecer algo sin importancia, fruto de la falta de educación en cuanto a anatomía que recibimos en nuestros años académicos, lo cierto es que conocerlo es el primer paso para poder cuidar nuestro organismo. Si no sabemos dónde se encuentra el apéndice, ¿cómo vamos identificar que de ahí procede nuestro malestar? Por ello, es conveniente saber que se encuentra en la parte derecha del bajo vientre, situado entre el intestino grueso y el colon.

Las zonas en las que un dolor puede indicar una apendicitis.

Las zonas en las que un dolor puede indicar una apendicitis. Commons

Por aquello de que a buen seguro algún familiar o conocido ha sido intervenido tras sufrir una apendicitis, sabemos que su ausencia no es ningún problema. Pero, ¿para qué sirve? Algún tiempo atrás un grupo de investigadores descubrió que su principal cometido no es otro que almacenar bacterias benignas que nuestro organismo libera cuando es necesario reiniciar el funcionamiento del intestino en caso de haber sufrido un ataque de disentería o cólera. A eso hay que sumar que ayuda a mantener la flora intestinal.

¿Cómo detectar problemas en la vejiga o el diafragma?

Puede que no lo recordemos, o nunca nos lo hayan enseñado. Pero el diafragma no solo resulta fundamental para el funcionamiento del aparato respiratorio, sino que también cumple otras funciones en distintos procesos orgánicos. Por esto mismo, un problema relacionado con el diafragma podrá manifestarse de múltiples formas. Desde un dolor de espalda hasta ciertas molestias a la hora de hacer la digestión o, el más usual, cuando tenemos el tedioso hipo.

Su principal función es expandirse y contraerse para permitir que el aire entre y salga de los pulmones. Eso sí, también juega un papel importante tanto en la expulsión de heces como de la orina. Y aquí entra el otro órgano que mencionábamos: la vejiga. Se trata de un saco muscular que se encuentra entre los riñones y la uretra. Si por uno u otro motivo sentimos cierta incomodidad al orinar o sentimos que no expulsamos correctamente los desechos líquidos, seguramente haya algún problema en nuestra vejiga.

Dos piedras extraídas de la vejiga de un paciente con dolencias.

Dos piedras extraídas de la vejiga de un paciente con dolencias. AMISOM Public Information

En este sentido, y como ocurre con otros tantos músculos y órganos del cuerpo humano, no debemos preocuparnos en exceso si a medida que envejecemos tenemos problemas en la vejiga. Con el paso de los años, los músculos del suelo pélvico tienden a debilitarse, lo que puede llegar a provocar incontinencia urinaria. En el caso de las mujeres, esto puede estar provocado también por el parto, que también debilita los músculos de la pelvis.

¿Dónde está la vesícula biliar? ¿El hígado? ¿Y los riñones?

Puesto que anteriormente hicimos mención a cómo los investigadores de la Universidad de Lancaster preguntaron por la localización de la vesícula biliar, vamos a resolver la incógnita de dónde se encuentra. Se halla debajo del hígado y su función es almacenar la bilis que genera, para segregarla luego en el intestino delgado para digerir los alimentos. Fiebre, mal aliento, ciertos dolores en la zona lumbar, hinchazón del estómago y mareos son síntomas de que la vesícula biliar no se encuentra en un estado óptimo.

En cuanto al hígado, ocurre algo similar al caso del bazo o los riñones: aunque en muchas ocasiones hablamos de ellos, no sabemos señalar en qué parte de nuestro cuerpo se encuentran ubicados. Aunque tendamos a pensar que este órgano, que interviene en el metabolismo tanto fabricando nutrientes como eliminando sustancias tóxicas se halla más abajo, se ubica en realidad por encima del estómago y justo al lado, precisamente, del bazo.

La localización tanto del hígado como de los riñones.

La localización tanto del hígado como de los riñones. Gtres

De este último poco se sabe porque su papel en el desarrollo de los procesos de nuestros organismos es menor. Los que sí tienen una función importante son los riñones, que se encargan de filtrar nuestra sangre para que siempre se encuentre en buen estado, mandando los residuos a la vejiga para que los expulsemos a través de la orina. Eso sí, ¿sabemos dónde se encuentran? Pues bien, se encuentran a la misma altura del hígado, pero en la parte posterior, hacia la espalda.

Que tengamos todos estos conceptos presentes no quita que dejemos de visitar a los profesionales sanitarios siempre que alguna dolencia haga acto de presencia, salvo que ya la tengamos controlada y sepamos cómo aplacarla. En caso de que nos sorprenda alguna molestia nueva, estamos de acuerdo en que es un fastidio aguardar nuestro turno en la sala de espera. Pero la automedicación no parece la mejor solución a nuestros males y, en este caso, el remedio puede ser peor que la enfermedad.