Lulu Hunt Peters, culpable.

Lulu Hunt Peters, culpable.

Salud Divulgación científica

Esta mujer es la culpable de nuestra obsesión por contar calorías

La médica estadounidense Lulu Hunt Peters comenzó a hablar en 1918 de una herramienta del control de peso descubierta casi un siglo antes. La gente ni siquiera sabía pronunciar bien la palabra. 

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A comienzos del siglo XX, las calorías todavía no eran un concepto de uso popular a la hora de hablar de dieta, a pesar de haber sido descubiertas por los científicos en 1824. Sin embargo, la médica Lulu Hunt Peters (que ya era galena cuando solo se graduaban unas 1.000 mujeres al año en Estados Unidos) comenzó a hablar de ellas desde una columna de periódico explicando lo importante que era controlar su ingesta para perder peso.

Graduada por la Universidad de California en Berkeley, Lulu Hunt Peters (1873–1930) consiguió un trabajo como jefa del laboratorio de patología en el Hospital del Condado de Los Ángeles poco después de obtener su título, y combinó esta actividad con una campaña pública de concienciación que buscaba educar a las mujeres sobre una dieta saludable, el ejercicio y la pérdida de peso.

Tal y como relató en sus escritos, ella vivió el sobrepeso en sus propias carnes durante sus años de juventud y su época de estudiante, y consiguió perder 32 kilos gracias a una dieta sana y al control de la ingesta de calorías. Por ello, desde su columna Diet and Health, que escribía para la Central Press Association —una agencia que proporcionaba contenidos a periódicos de toda la nación—, desaconsejaba las fórmulas milagrosas y las jornadas de ejercicio extenuantes y hacía campaña por una dieta sin excesos.

El best seller

En 1918, la doctora publicaba el libro Diet & Health: With Key to the Calories, en el que explicaba el concepto de las calorías como una unidad científica que medía la energía potencialmente disponible en los alimentos. La idea era tan nueva para una parte del público que su libro incluía también instrucciones sobre la pronunciación de la palabra.

En el texto, Peters destacaba la importancia de encontrar un equilibrio entre la ingesta de comida y la energía utilizada y ofrecía una serie de ejercicios que apoyaba visualmente con dibujos muy simples que le encargó a su sobrina de 9 años. Además, enseñaba a calcular el peso ideal con una formulación similar a la que se emplea hoy con el índice de masa corporal (IMC).

Ilustración del libro en la que se muestran unos ejercicios.

Ilustración del libro en la que se muestran unos ejercicios.

El libro también incluía una estimación de las calorías que deben ingerirse en base a la edad, sexo y ejercicio físico que se realiza, así como una lista de porciones de comida que contendrían 100 calorías. A lo que no le prestaba tanta atención era al tipo de alimentos que debían consumirse. Con el sistema de esta médica, para perder peso se podía comer lo que se quisiera siempre que se mantuviera una dieta estricta de 1.200 calorías al día. Sin embargo, desaconsejaba la ingesta de dulces, pues a su juicio solía derivar en atracones.

Un libro dirigido a las mujeres

El libro de Peters, por su tono y recomendaciones, estaba dirigido sobre todo a un público femenino, y convirtió un tema que hasta ese momento era considerado aburrido y clínico en una lectura amena llena de ingenio, humor, y sabiduría popular. La autora llenó el texto de ejemplos de personas a dieta con nombres ficticios, para poder contar distintas experiencias, y también relató la suya propia, admitiendo sus atracones, sus antiguos problemas con el peso y la necesidad de autocontrol que había requerido para adelgazar.

Además, el libro habló por primera vez de otros aspectos que podrían relacionarse con llevar una dieta a buen puerto, como posibles maridos celosos —el libro se dirigía en muchas ocasiones a las mujeres casadas— y amigas pasivo agresivas deseosas de que la persona a dieta no logre su objetivo.

Escrito durante la I Guerra Mundial, Diet & Health: With Key to the Calories también defendía que el régimen haría que el racionamiento fuera más fácil y afirmaba que las mujeres que contaran las calorías podrían darle el resto de la comida a los niños y que, además, se prevendría una posible escasez de comida.

Desde el mismo momento de su lanzamiento, el título se convirtió en un éxito para los estándares de la época —las estimaciones de ventas se mueven entre los 800.000 y los 2 millones de ejemplares— y se mantuvo en la lista de los más vendidos en la categoría de no ficción desde 1922 a 1926. De esta forma, el trabajo de Peters fue clave para popularizar el concepto del conteo de calorías que hoy todavía se emplea en dietas y que, para algunos, se ha convertido en toda una obsesión.