Cartel de urgencias en un ambulatorio.

Cartel de urgencias en un ambulatorio. Tomás Fano

Salud Salud Pública

Cinco cosas por las que deberías ir a urgencias y cinco por las que no

La forma de enfocar una situación clínica influye en la decisión de acudir o no a los servicios de emergencia. Un médico colaborador de EL ESPAÑOL ofrece las claves para acertar. 

Roberto Méndez

Acudir a un servicio de urgencias hospitalarias es una decisión fácil o muy difícil según cómo enfoquemos la situación en la que nos encontramos. Desde que trabajo en uno de estos servicios de urgencias he tenido la oportunidad de ver casos de diversos tipos (sería ingenuo por mi parte pensar que he visto de todo) y entre ellos hay desde verdaderas emergencias médicas hasta abusos del sistema sanitario por la nimiedad que representan.

Asimismo, hay ocasiones donde el problema radica en no saber ciertamente cómo y cuándo debemos usar uno de estos servicios; o simplemente, porque el miedo ante determinadas situaciones juega en nuestra contra. Por ello, hoy veremos algunas de las situaciones por las que siempre es necesario acudir a un hospital, y otras en las que ni siquiera deberíamos plantearlo, porque lo que se debe hacer realmente es consultar a nuestro médico de cabecera o de atención primaria.

Cinco cosas por las que deberías acudir a urgencias

Aunque las situaciones por las que se debe acudir a un servicio de urgencias pueden ocupar libros enteros, hoy hablaremos tan sólo de cinco de ellas, que suelen ser bastante comunes. Esto no significa que no haya muchas otras más.

Dolor de pecho

Un dolor de pecho, sobre todo si se presenta en hombres mayores de 50 años, es un motivo más que suficiente para acudir a urgencias -ya sea a un hospital o a un centro de salud-, ya que puede significar que se está produciendo un infarto o ataque al corazón.

Aunque los dolores pueden variar -desde el pinchazo, el quemazón o la sensación de opresión-, síntomas como el sudor frío, la sensación de mareo y un dolor de pecho tipo presión que puede irradiar hacia el brazo, la espalda o la mandíbula son indicativos de que algo no va bien. Asimismo, existen otras enfermedades que pueden dar dolor de pecho, como la ansiedad, el reflujo gastroesofágico o algunas enfermedades pulmonares. Cualquier dolor de pecho no es un infarto.

Debilidad o entumecimiento

Un ictus o accidente cerebrovascular es, de forma resumida, un tipo de lesión que en lugar de afectar al corazón afecta al cerebro. Puede producirse o bien un infarto -como en el ataque al corazón- o una hemorragia cerebral. Ambas cosas se llaman ictus.

En estos casos los síntomas serían debilidad o entumecimiento de la cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo, confusión o dificultad para hablar o entender, dificultad para ver por uno de los dos ojos, dificultad severa para caminar, pérdida de coordinación o de equilibrio y mareos; y dolor de cabeza repentino e intenso. 

En todos los casos se producen los síntomas de forma rápida y repentina, lo que debe hacernos sospechar esta enfermedad, aunque no siempre tiene porque ser el origen de estos síntomas. Es importante reconocerlo a tiempo, ya que las tres primeras horas son cruciales.

Sangrados

Aunque la sangre es llamativa, no siempre es motivo para acudir a urgencias -como por ejemplo una herida leve sin importancia-. Cuando hablamos de sangrados importantes nos referimos a vómitos con sangre, sangrados rectales, esputos con sangre o sangrados abundantes tras alguna herida en cualquier parte del cuerpo.

Asimismo, hay sangrados que en ocasiones pueden ser difíciles de reconocer, como los vómitos con sangre o las heces con sangre, donde el sangrado es de color negro.

Posible fractura

Cualquier golpe o contusión en una extremidad no significa necesariamente haber sufrido una fractura. Sin embargo, hay signos que deben mantenernos alerta: la imposibilidad para mover correctamente alguna articulación tras un golpe, un hinchazón excesivo o una deformidad en la zona de contusión son claros indicadores de que puede haber una fractura.

En ocasiones en el momento inmediatamente posterior a un golpe es complicado discernir si hay una fractura o no, ya que la misma reacción inflamatoria y la hinchazón asociada pueden ser suficientes para impedir el correcto movimiento articular. Ante la duda, es recomendable acudir a un servicio de urgencias donde se pueda realizar una radiografía.

Pérdida de conocimiento o síncope

La pérdida de conocimiento repentina o síncope, en la mayoría de las ocasiones, se recupera de forma espontánea y sin ninguna secuela posterior. Comúnmente este tipo de desmayos se producen debido a las circunstancias puntuales, ya sea exceso de calor, estrés u otras razones. Si se da en una persona joven y sin ninguna enfermedad conocida y se recupera en menos de un minuto de forma espontánea, no hay motivo para la preocupación.

Sin embargo, si un síncope se produce en una persona de mediana o avanzada edad, o bien en una persona con alguna enfermedad de base -sobre todo en enfermedades respiratorias o cardíacas-, es casi obligatorio acudir a un servicio de urgencias para descartar que la pérdida de conocimiento no se ha debido a algún otro motivo importante.

Cinco cosas por las que no deberías ir a urgencias

Teniendo en cuenta lo que hemos comentado anteriormente, donde muchas veces el miedo ante la situación puede jugarnos malas pasadas, hay algunas motivos de consulta excesivamente comunes en este tipo de servicios que no deberían existir. Pero, de nuevo, esto es una pequeña lista de las múltiples consultas de este tipo que se dan en el día a día de los centros hospitalarios.

Intentar adelantar una cita

Si nuestro médico de atención primaria nos ha derivado a un especialista, o nos ha pedido algún tipo de prueba médica que está tardando, en ocasiones hay quien cree que acudiendo a un servicio de urgencias podrá adelantar las cosas.

Esto es un error, ya que el sistema sanitario está diseñado de tal forma que las citas se derivan a su debido tiempo. Es comprensible la impaciencia, a todo el mundo le pasa, pero se debe seguir un orden. Si nuestro médico de atención primaria valora que nuestro problema debe ser valorado con urgencia, nos derivará a este servicio. Si no, hay que ser pacientes y respetar las esperas.

Un tapón de cera

Aunque pueda sonar a chiste, hay casos descritos de gente que acude a un servicio de urgencias para que se le retire un tapón de cera.

Evidentemente las urgencias hospitalarias no están destinadas para tal fin, por lo que acudir a este servicio por este tipo de consulta es un error, un mal uso del sistema sanitario, y una pérdida de tiempo. Se debe acudir al médico de atención primaria.

Un resfriado común

De nuevo se repite el caso anterior. Un resfriado común -dolor de garganta, tos, mucosidad, febrícula o fiebre, congestión nasal- no es un motivo para acudir a urgencias; ni al centro de salud ni al hospital.

Se trata de una enfermedad que se cura espontáneamente, a pesar de que sus síntomas sean incómodos y puedan ser molestos, incluso para acudir a trabajar.

Asimismo, si los síntomas se prolongan en el tiempo en personas con enfermedades previas -como las enfermedades respiratorias o cardíacas-, o bien se añaden síntomas, como la dificultad respiratoria, sí es motivo para acudir a urgencias.

Un dolor de muelas

En este caso, es necesario aclarar una cosa: un dolor de muelas no es un motivo para acudir a urgencias hospitalarias, pero sí es susceptible de ser motivo de consulta en urgencias en un centro de salud.

Se trata de un síntoma muy molesto, y aunque su tratamiento consiste tan solo en eliminar el dolor, si es un motivo de consulta "urgente". Pero, de nuevo clarificamos las cosas: debe ser visitado en un centro de salud, ya que este tipo de centros médicos dispone del mismo tipo de medicación contra el dolor que un hospital. No es necesario acudir a un hospital, pues no hay pruebas médicas urgentes en este caso.

Una gastroenteritis

De la misma forma que ocurre en un resfriado común, una gastroenteritis se resuelve de forma espontánea con el tiempo. De hecho, y aunque son síntomas muy molestos, intentar erradicar de golpe los vómitos o la diarrea mediante medicación no es lo más adecuado. 

En primer lugar es recomendable llevar a cabo una dieta astringente o dieta blanda, con el objetivo de devolver a nuestro sistema digestivo a su situación anterior. Solo cuando los síntomas son excesivos o se prolongan excesivamente en el tiempo, es cuando se debe recurrir a medicación, ya que se puede acabar en deshidratación.

Asimismo, si se producen vómitos, diarrea o dolor abdominal acompañados de otros síntomas como cambio de coloración de la piel -color amarillento o ictericia-, síntomas urinarios -susceptibles de infección de orina-, sí es recomendable acudir a valoración médica, ya sea en un centro de salud o en un servicio de urgencias hospitalarias.

Conclusión

Como podemos ver, hay factores que pueden modificar la decisión de acudir o no acudir a urgencias, y probablemente en algunas situaciones es difícil analizarlo de forma objetiva.

Aún así, es aconsejable intentar pensar las cosas con calma y sopesar si realmente el problema o enfermedad que padecemos es susceptible de visita hospitalaria o no, ya que las listas de espera en la sanidad española no pasan por su mejor momento, y los servicios de urgencias no son una excepción. Una consulta hospitalaria innecesaria puede consumir tiempo muy valioso y necesario que se pierde en el caso de una consulta hospitalaria de urgencia real. Es aconsejable actuar con sentido común.