Un frigorífico repletito de comida hasta arriba. El orden ya tal.

Un frigorífico repletito de comida hasta arriba. El orden ya tal.

Nutrición

Llevas toda la vida guardando mal los alimentos en la nevera

Llegas a casa después de gastarte 80 eurazos en la compra. En el carrito, todo tipo de viandas: desde pechugas de pollo o filetes de merluza hasta cuñas de queso curado recién cortadas, espárragos, aguacates, huevos y hasta media sandía. Abres el frigorífico, que guarda un plato con restos de comida de alguna cena inacabada, un par de táperes, un cartón de leche y media docena de yogures, ¿y dónde colocas la comida? Seamos sinceros: donde hay hueco o donde buenamente caen. El único criterio es que quepa entre las bandejas y que no se aplaste. Y no, no debería ser así.

En la nevera, como en la vida, el orden importa. De hecho, de nuestra pericia a la hora de guardar y organizar los alimentos en el frigorífico dependerá que no acabemos provocando un fenómeno conocido como contaminación cruzada. "Los alimentos crudos pueden contener microorganismo patógenos como la Salmonella o la Listeria, entre otros. Durante el cocinado se destruyen esas bacterias, por lo que si un alimento crudo entra en contacto con otro cocinado (en el que los microorganismos han muerto) se produce una contaminación cruzada", explica Beatriz Buitrón, tecnóloga de los alimentos y especialista en seguridad alimentaria.

Los problemas más comunes de una intoxicación provocada por una contaminación cruzada en los alimentos son similares a los que se padecen con una gastroenteritis (náuseas, vómitos, diarreas, etc.). Sin embargo, en algunos casos pueden ser muchos más graves. "Las consecuencias de una toxiinfección dependen de muchos factores, pero pueden provocar desde una simple diarrea hasta la muerte en personas con un sistema inmune más débil (enfermos, ancianos o niños)". Por lo tanto, conviene tener muy presente que el orden de los alimentos y la forma de almacenarlos importa, y mucho.

La carne y el pescado, abajo

Así, por ejemplo, el lugar en el que deberíamos guardar siempre la carne y el pescado es la bandeja colocada en el nivel más inferior de la nevera. "Lo ideal es almacenar estos alimentos a temperaturas de entre 0 y 5ºC. Por lo tanto, lo más recomendable es situarlos en la zona más fría de la nevera", confirma la especialista. "La carne y el pescado son alimentos en los que es fácil que crezcan microorganismos. Mientras que están en refrigeración, no se multiplican, o si lo hacen, ocurre de forma muy lenta", añade Buitrón.

Pese a que la verdura y la fruta deben colocarse en el cajón, lo habitual es que, envueltos en una bolsita de plástico (o incluso, en el caso de los plátanos, en papel de periódico) coloquemos lechugas, tomates o kiwis allá donde se nos ocurra. "Una de las razones por las que se deben guardar en el cajón es porque alimentos como la lechuga o los pimientos se suelen consumir crudos. Al guardarlas en el cajón, prevenimos que se contaminen con la carne y el pescado", comenta.

¿Y qué hacemos con el queso azul recién comprado en la charcutería del barrio? ¿Y con el chorizo? El centro de la nevera es su lugar. A poder ser con un film de plástico que los proteja de la humedad y los olores. "Los embutidos envasados al vacío es mejor no abrirlos hasta el momento del consumo ya que así se favorece la conservación del producto", asevera la especialista. El estante más alto de nuestra nevera debería estar reservado para las sobras de comida y los alimentos ya cocinados, que deben colocarse en recipientes cerrados con tapa, con el fin de evitar que se produzca la contaminación cruzada. Tal y como explica Buitrón, ese mismo lugar deberían ocupar también las conservas ya abiertas que no hayamos podido terminar.

Conviene señalar también que no todos los alimentos deben ir a la nevera. El ambiente frío y húmedo que se crea en el interior del frigorífico no favorece a todos los productos por igual, y algunos pueden llegar a perder sus propiedades organolépticas. "Es el caso de los plátanos, el aguacate, los ajos o las cebollas", ejemplifica Buitrón. Del mismo modo, el proceso de refrigeración, en el caso de las patatas, provoca un aumento de los azúcares reductores. "Los azúcares reductores intervienen en la formación de la famosa acrilamida cuando se cocinan las patatas. La acrilamida puede ser causa de mutaciones genéticas, aunque no se ha podido demostrar de forma concluyente la relación entre cáncer en humanos y la ingesta de acrilamida", finaliza la experta. 

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