La piel seca puede indicar que tu dieta no es adecuada.

La piel seca puede indicar que tu dieta no es adecuada. Unsplash.

Nutrición Alimentación

Diez señales de alarma que te indican que debes cambiar de dieta

3 diciembre, 2018 01:29

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¿A qué se puede deber lo espeso que estás frente al ordenador, a pesar de que has dormido (supuestamente) las ocho horas pertinentes? ¿Y que te cueste tanto ir al baño o que vayas de más? Quizá la culpa no sea de la calidad del colchón o de las horas frente al ordenador. O no toda. La causa puede estar en tu alimentación. Nutrirnos de forma adecuada ayuda a nuestra salud, a nuestro rendimiento diario y a cómo nos encontramos en nuestro día a día. Y la ciencia lo avala con sus investigaciones.

Cansancio eterno

Da igual que sean las primeras horas de la mañana y que tomes un café detrás de otro: estás para el arrastre en casa o en la oficina. No es normal el cansancio durante todo el día, un síntoma del síndrome de fatiga crónica. Para evitarlo, se pueden alterar algunos componentes de tu dieta.

El consumo de carbohidratos y de azúcar son responsables de este cansancio. En general, estos compuestos sirven para incrementar la energía de forma rápida; sin embargo, cuando su efecto pasa en la sangre, se nota. Y cómo se nota, porque desaparecen de manera veloz. Para ello, además de tener unas buenas rutinas de descanso, lo mejor es eliminar el azúcar añadido, el arroz blanco, la pasta y los productos procesados. Para resistir la tentación si consumes estos últimos entre horas, nada como sustituirlos por frutos secos o fruta. El alcohol también puede aturdirte unas horas después de tomarlo.

Mal aliento

Pero a veces la falta de carbohidratos puede ser problemática, como en el olor que despide tu boca. Kenneth Burrell, de la Asociación Dental Estadounidense, explica que la razón está en que, cuando el cuerpo quema grasa para generar energía a falta de carbohidratos, se despiden ciertos químicos que terminan en nuestro aliento. Y en estos casos, el cepillado de dientes o la ingesta de caramelos o chicles no te servirán de nada, ya que el cambio debe residir en tu dieta.

Además de consumir más carbohidratos, también habría que evitar algunas de las dietas más populares. Es el caso de la dieta Atkins, que permite un máximo de 50 gramos. Si aun así el mal aliento persiste, acude al médico, ya que podría ser diabetes.

Empanada mental

Otras veces no es cansancio lo que sientes, sino un aturdimiento que te impide concentrarte o realizar una tarea. Se debe a que tu cerebro está pidiendo más energía. Y para que no te suceda, hay que darle alimento de calidad.

Para Eva Selhub, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, lo mejor es optar por la comida real, llena de minerales y vitaminas, que evitan el estrés oxidativo. Al mismo tiempo, hay que reducir a unos viejos conocidos: el azúcar y los carbohidratos refinados, que dañan las funciones del cerebro, de acuerdo a estudios mencionados por Selhub.

Piel seca

Si notas tu piel escamada o que tiene un tacto áspero, puede que no (solo) sea por el viento del otoño. También, a un problema de deshidratación. Por tanto, aumenta tu consumo de agua, un líquido del que a lo mejor no estamos tan pendientes en algunas épocas del año, cuando hace menos calor. Bebiendo más agua, tu cuerpo te lo agradecerá, ya que así conserva su luminosidad y elasticidad.

Orinar a menudo

Que bebas mucha agua no siempre es la razón para ir continuamente al baño. Quizá es que en tu dieta hay demasiado azúcar. Cuando los niveles de glucosa son muy altos, los riñones producen más orina.

Los altos niveles de glucosa dañan los vasos sanguíneos que hay en los riñones y hacen que orinemos más, tal y como informa el Instituto Nacioanl de la Diabetes y de las Enfermedades Digestivas y del Riñón de Estados Unidos. Para evitarlo (y cuidar los órganos), hemos de evitar el dichoso azúcar. De esta forma, además de cuidar de los riñones, prevenimos la diabetes o, si sufrimos esta enfermedad, los protegemos.

Escasas visitas al señor Roca

También puede pasar lo contrario, que vayas poco al inodoro. En estos casos, estás sufriendo estreñimiento. Entre otras razones, se puede deber a que tu dieta es escasa en fibra. Para ello, incluye mucha fruta entera (los zumos naturales pierden ese componente) como naranjas o kiwis y cereales integrales. También, bebe mucha agua. Las legumbres son un añadido del que no siempre se habla en estos casos.

Caída del pelo

Puede ser por edad, por factores genéticos…, pero también por lo que consumimos. De nuevo citando a la Universidad de Harvard, las proteínas son necesarias para la buena salud de nuestro cabello. Y no solo eso: también, para la de músculos y huesos.

Según la Academia Nacional de Medicina, a la que cita esta universidad, un adulto debe consumir 0,8 gramos diarios de proteína. Así, una persona que pesa 63 kilos consumiría unos 50 gramos de proteínas. Harvard recuerda que al ingerir proteínas (salmón, solomillo, lentejas…) estamos también consumiendo diferentes grasas o fibra.

Dolores de cabeza

En ocasiones, una dieta determinada o el hambre nos pueden provocar dolores de cabeza. Para la Fundación Nacional del Dolor de Cabeza, en Estados Unidos, si son tan fuertes que alcanzan el nivel de migraña es interesante saber qué hemos comido antes y comprobar si al eliminarlo se reducen o desaparecen. Ellos tienen una lista de alimentos que pueden provocar migrañas, como algunos quesos (brie, emmental, cheddar…), mantequilla de cacahuetes, guisantes o un consumo excesivo de bebidas con cafeína.

Tener frío

Da igual que te hayas abrigado hasta la coronilla: sigues sintiendo un malestar gélido por tu cuerpo. En estos casos, puede deberse a una falta de hierro en tu dieta. Este mineral actúa en la regulación de la temperatura corporal. Ten en cuenta que algunos desajustes hormonales también pueden influir en la sensación de frío; así, quizá sufras de hipotiroidismo.

Insomnio

Y terminamos con un clásico. Si no podemos dormir por la noche, analicemos qué excitantes tomamos a lo largo del día y a qué horas. El café, el té, los refrescos con cola y las bebidas energéticas pueden ser los principales causantes a partir de media tarde. Si encima les añadimos azúcar, son una bomba para nuestro cuerpo. Por tanto, reduzcamos su consumo a primeras horas de la mañana y en sus variedades más saludables (café y té de calidad y sin azúcar).

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