Imagen de un oso en cautiverio cedida por la organización World Animal Protection.

Imagen de un oso en cautiverio cedida por la organización World Animal Protection. EFE

Medio ambiente

Así prospera el "cruel" negocio de la bilis de oso ante la amenaza del coronavirus

China recomendó esta sustancia, utilizada desde hace siglos en la medicina tradicional china, para tratar los síntomas graves de la COVID-19.

4 abril, 2020 02:19

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Aproximadamente 24.000 osos han sido enjaulados o están siendo criados para extraer su bilis y usarla en la medicina tradicional asiática, después de que China recomendara esta sustancia para tratar los síntomas graves de la COVID-19, según un informe de la organización internacional World Animal Protection (WAP). 

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud afirma que no existe cura para esta enfermedad provocada por el coronavirus, solo algunos medicamentos, como los analgésicos, pueden tratar los síntomas.

La cifra, aportada por esta organización conservacionista en su informe Cruel Cures (Remedios Crueles), revela "la crueldad de la cría de osos y el crecimiento inaceptable del comercio de bilis de oso" a nivel mundial, puesto que se extrae "de osos vivos, que sufren en el proceso una de las formas más extremas de maltrato animal".

Un imagen de un cachorro de oso en una granja en Vietna.

Un imagen de un cachorro de oso en una granja en Vietna. Education for Nature Vietnam

Sólo en China, esta industria legal tiene un valor de "más de mil millones de dólares" pero, al ser desarrollada por "grandes compañías farmacéuticas de renombre", su comercialización se ha extendido a otros países como Estados Unidos, Canadá o Japón.

El alto número de osos enjaulados "debería hacer sonar las alarmas a raíz del brote de COVID-19, ya que el 60 % de las enfermedades infecciosas emergentes son zoonóticas y, de éstas, el 70 % se cree que provienen de animales silvestres", apunta un comunicado de WAP.

Aunque según la organización el coronavirus es una "pandemia como ninguna otra", recuerda que las enfermedades zoonóticas -las que pueden transmitirse de animales a personas- causan "más de dos millones de muertes humanas al año".

El riesgo para la salud pública que supone criar especies silvestres se basa en dos factores críticos que favorecen la aparición de zoonosis: "el manejo de animales en estrecha cercanía y su mantenimiento en malas condiciones".

Imagen de un oso en cautiverio cedida por la organización World Animal Protection.

Imagen de un oso en cautiverio cedida por la organización World Animal Protection. EFE

El estudio asegura que los osos son criados en cautiverio sobre todo en China, pero también en Vietnam, Birmania, Laos y Corea del Sur, "atrapados en pequeñas jaulas estériles" en condiciones similares a las de "una granja industrial", donde sufren "vidas largas y miserables".

Y ello pese a que, según indica esta organización internacional, tanto el gobierno chino como el vietnamita prohibieron recientemente el consumo de animales silvestres.

Una prohibición que "debe extenderse para incluir el uso de la vida silvestre en la medicina tradicional, evitando el abuso de animales como osos, tigres y pangolines", ha reclamado, con el fin de reducir "drásticamente" la amenaza que supone para la salud humana y el sufrimiento para los animales.

Imagen de un oso enjaulado cedida por World Animal Protection.

Imagen de un oso enjaulado cedida por World Animal Protection.

El informe añade que, aunque la bilis de oso se usa desde hace siglos principalmente en la medicina tradicional china para tratar la inflamación, reducir el colesterol o hacer frente a las enfermedades oculares entre otros, también se emplea en productos como la pasta de dientes, los cosméticos o incluso el alcohol.  

WAP indica que existen alternativas y de hecho solicita al gobierno de Pekín que "elimine las preparaciones de bilis de oso de su lista recomendada, respaldando sólo los medicamentos a base de plantas para tratar los síntomas de COVID-19", ya que la industria encargada de la extracción ha "florecido en los últimos 36 años, gracias a la caza furtiva", lo que ha llevado a una progresiva reducción del número de ejemplares de oso silvestre. 

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