Crema de calabaza.

Crema de calabaza. Freepik

Ciencia

Sandra Moñino, nutricionista: "La crema de calabaza más rica del otoño no lleva nata, sino queso y huevo"

Ni nata ni mantequilla: Sandra Moñino recomienda añadir este queso a la crema de calabaza.

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La nutricionista Sandra Moñino propone sustituir la nata en la crema de calabaza por unos 50 gramos de queso feta para aportar cremosidad, sabor salado y grasa saludable.

El queso feta no solo modifica la textura e integra un toque ligeramente ácido, sino que permite enriquecer el perfil nutricional de la receta sin perder la esencia de la calabaza.

Para hacer del plato una opción más completa y saciante, la receta sugiere añadir un huevo a la plancha, lo que incrementa notablemente el aporte de proteínas.

Moñino aconseja triturar la calabaza con poco líquido y añadir agua gradualmente, además de acompañar la crema opcionalmente con tallarines de calabacín y especias.

Hay recetas que parecen pedir nata casi por costumbre. La crema de calabaza es una de ellas: se busca textura, suavidad y ese punto untuoso que hace que un plato sencillo parezca más elaborado. Sandra Moñino propone conseguirlo de otra manera: añadiendo queso feta a la propia crema y terminando el plato con un huevo.

La receta que la nutricionista ha compartido parte de una base muy simple. La calabaza se cocina primero con otras verduras y, cuando está tierna, se tritura junto a unos 50 gramos de queso feta. Después puede añadirse un poco de agua hasta conseguir la textura deseada: más cantidad si se busca una crema ligera y menos si se prefiere espesa.

Moñino utiliza además esa crema para acompañar unos tallarines de calabacín y coloca por encima un huevo a la plancha, aunque este último paso es opcional.

La idea tiene bastante sentido culinario. El feta aporta grasa, proteína y sal, tres elementos que ayudan a que una crema resulte más redonda sin necesidad de recurrir a una buena cantidad de nata.

El queso hace el trabajo de la nata

La nata funciona en una crema porque aporta grasa y modifica la textura. El queso feta puede cumplir parte de esa misma función, aunque el resultado no sea idéntico.

Al triturarse caliente junto con la calabaza, el queso se integra en la preparación y añade cremosidad, pero también un punto ligeramente ácido y salado que contrasta con el dulzor natural de la propia calabaza.

Ese contraste puede hacer que la receta tenga más sabor sin necesidad de añadir demasiados ingredientes.

El huevo, por su parte, cambia el plato por completo desde el punto de vista nutricional. Una crema de verduras sola puede resultar algo corta de proteína, especialmente si se utiliza como cena o plato único. Añadir un huevo aumenta la cantidad de este nutriente y también ayuda a que la comida resulte más saciante.

Eso no significa que una crema con nata sea “mala”.

La nata puede formar perfectamente parte de una alimentación equilibrada, especialmente en cantidades moderadas. La propuesta de Moñino simplemente ofrece otra forma de conseguir una textura cremosa y, al mismo tiempo, incorporar algo más de proteína.

También hay una diferencia de sabor. La nata tiende a suavizar mucho las preparaciones. El feta, en cambio, tiene personalidad propia. Por eso conviene probar la crema antes de añadir más sal: el queso ya aporta una cantidad considerable de sodio.

La calabaza sigue siendo, en cualquier caso, la protagonista.

Es una hortaliza rica en agua, relativamente poco calórica y fuente de carotenoides, los pigmentos responsables de su característico color naranja. Su textura después de cocinarse también ayuda mucho: al triturarla bien puede quedar cremosa incluso sin añadir lácteos.

De hecho, uno de los secretos para conseguir una buena crema está en no pasarse con el líquido.

Es más fácil triturar primero la calabaza con poca agua y ajustar después que intentar espesar una preparación demasiado líquida. La propia receta de Moñino juega con esa idea: el agua se incorpora poco a poco hasta encontrar el punto que más apetezca.

La combinación admite además bastantes variaciones.

Se puede añadir pimienta negra, cúrcuma, comino, jengibre o incluso un toque de pimentón. También pueden incorporarse unas semillas o frutos secos por encima para sumar textura.

Y quien no quiera preparar los tallarines de calabacín puede servirla sencillamente en un cuenco, con el huevo encima y algo de queso feta desmenuzado.

Al final, la propuesta de Sandra Moñino no intenta reinventar la crema de calabaza, sino darle un giro bastante sencillo: sustituir la nata por un ingrediente que aporta cremosidad y sabor, y convertir la receta en un plato más completo con un huevo.

Un pequeño cambio que, en pleno otoño, puede hacer que una crema de siempre se sienta bastante menos de siempre.