Muchas personas no saben reconocer lo ocurrido durante una discusión.

Muchas personas no saben reconocer lo ocurrido durante una discusión. iStock

Ciencia

La psicología dice que los adultos que se mantienen amables en una discusión no son débiles, sino comprensivos

El psicólogo Jeffrey Bernstein explica que la amabilidad en una discusión ayuda a mantener el control emocional

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El psicólogo Jeffrey Bernstein sostiene que responder con amabilidad y calma ante el conflicto es una muestra de fortaleza y firmeza, no de debilidad.

Mantener un tono respetuoso y controlar las reacciones emocionales ayuda a reducir la hostilidad fisiológica y evitar la escalada de la discusión.

La amabilidad permite establecer límites claros, decir no o retirarse de la conversación sin necesidad de recurrir a la humillación o el desprecio.

Responder con una actitud menos reactiva facilita comprender los motivos detrás de la conducta ajena, manteniendo la empatía sin justificar el comportamiento.

Una discusión puede cambiar de tono en cuestión de segundos. Basta una acusación, una respuesta defensiva o una frase dicha con desprecio para que la conversación termine convertida en un intercambio de ataques y el motivo inicial quede en segundo plano.

La amabilidad tiene más valor cuando la otra persona no está siendo amable. Es la idea que plantea el psicólogo estadounidense Jeffrey Bernstein, con más de tres décadas de experiencia trabajando con niños, adolescentes, adultos y familias.

En un breve vídeo lo resume así: "La verdadera prueba llega cuando los demás no son amables con nosotros". Bernstein propone mantener una respuesta calmada y firme durante el conflicto, incluso cuando el tono de la otra persona invita a reaccionar de la misma manera.

Según explica, esa actitud puede reducir la tensión y dejar más espacio para entender qué hay detrás de una conducta difícil. La investigación sobre regulación emocional y compasión ofrece algunas pistas compatibles con esa idea, aunque estudia mecanismos más concretos que la amabilidad cotidiana.

Cuando alguien nos habla con enfado, es fácil devolver el mismo tono. Bernstein explica que esa reacción puede alimentar una escalada en la que cada intervención aumenta la irritación y deja menos espacio para escuchar o buscar una solución.

La otra persona puede seguir enfadada aunque respondamos con calma. Para Bernstein, el beneficio inmediato está en no añadir más hostilidad y conservar cierto margen para decidir qué decir o cuándo terminar la conversación.

Un experimento con 127 parejas ayuda a entender este mecanismo. Durante una conversación sobre un conflicto real, algunos participantes recibieron instrucciones para pensar en aspectos positivos de la relación. Esa estrategia redujo la activación cardiovascular y el afecto negativo durante la discusión.

Otro estudio más reciente, con 253 participantes en pareja, analizó dos estrategias de regulación emocional durante una conversación conflictiva. La aceptación y la reevaluación cognitiva redujeron la reactividad cardiaca frente al grupo que no recibió esas instrucciones.

Ambos trabajos analizaron regulación emocional durante conflictos. Sus resultados muestran que gestionar la propia respuesta puede modificar la experiencia fisiológica del enfrentamiento, algo coherente con la recomendación de bajar la intensidad antes de intentar resolver el problema.

La amabilidad tiene firmeza

Mantener un tono respetuoso es compatible con sostener la propia posición. Bernstein utiliza la metáfora de una rama que se mueve con el viento: la flexibilidad puede ayudar a soportar la presión sin perder la estructura.

En el vídeo lo formula de manera directa: "La amabilidad no tiene que ver con ser más débil. En realidad, es una señal de fortaleza". Para Bernstein, calma, firmeza y límites pueden convivir en conversaciones con la pareja, hijos, amigos o compañeros de trabajo.

Muchas discusiones terminan planteándose como una elección entre imponerse o ceder. Hay más posibilidades. Decir que no, retirarse o marcar una frontera con respeto permite mantener el límite sin añadir humillación, amenazas o desprecio.

También puede implicar dejar de resolver constantemente los problemas del otro. En familias con hijos adultos, por ejemplo, Bernstein señala que dar un paso atrás puede ser una forma de cuidado cuando la ayuda permanente impide asumir responsabilidades.

Entender mejor

En este enfoque, la amabilidad tiene mucho que ver con decidir cómo queremos comportarnos bajo presión. La empatía puede mantenerse al mismo tiempo que se limita una conducta dañina, siempre que la seguridad personal esté protegida.

La tercera idea de Bernstein se acerca especialmente al titular. Un tono menos reactivo deja más espacio para preguntarse qué puede haber detrás de una conducta difícil, en vez de responder únicamente a la provocación del momento.

Un adolescente agresivo puede estar asustado; un adulto que culpa a todo el mundo puede estar lidiando con vergüenza o sensación de fracaso. Comprender una posible causa y justificar la conducta son cosas distintas, recuerda Bernstein al desarrollar esta idea.

La investigación sobre compasión ofrece algún apoyo a este enfoque. En un ensayo con 108 participantes, cinco semanas de entrenamiento en compasión aumentaron la sensación de cercanía hacia una persona que inicialmente les resultaba desagradable frente a los grupos de comparación.

Ese mismo trabajo observó menos alegría ante los problemas de esa persona entre quienes entrenaron compasión o reevaluación. Cambiar la forma de mirar a alguien con quien existe tensión puede modificar la respuesta emocional y abrir otra manera de afrontar el vínculo.

La comprensión también puede frenar conclusiones precipitadas. Cuando estamos enfadados, es fácil interpretar cualquier gesto como una amenaza o una provocación. Bajar la activación facilita considerar más de una explicación antes de decidir cómo responder.

Bernstein añade otra razón: después de una discusión, muchas personas se arrepienten de frases dichas en caliente. Responder de acuerdo con los propios valores ayuda a conservar cierta coherencia personal, incluso cuando la conversación termina sin acuerdo.

Algunos estudios sobre conducta prosocial apuntan en una dirección parecida. En un experimento, ofrecer apoyo a otra persona antes de una tarea estresante redujo determinadas respuestas del sistema nervioso simpático, aunque otros indicadores de estrés no cambiaron.

Ser amable puede significar escuchar, pedir disculpas, decir que no o marcharse cuando la conversación empieza a descontrolarse. La última recomendación de Bernstein recuerda que la respuesta adecuada depende del vínculo y de lo que esté ocurriendo.

En relaciones donde existe intimidación, violencia o maltrato, los límites y la seguridad tienen prioridad. Retirarse de la situación o buscar ayuda puede ser la decisión adecuada, sin necesidad de permanecer en una interacción que resulta peligrosa.

Bernstein resume el fondo de su propuesta de un modo muy preciso: "La amabilidad importa más cuando más difícil resulta ofrecerla". Conservar la calma puede facilitar la comprensión sin renunciar a decir lo que necesitamos ni a proteger nuestros propios límites.