Un economista mirando gráficas.
La psicología sugiere que los jóvenes de 18 a 29 saben menos de finanzas que los mayores de 45, pese a sus conocimientos
Ni móvil ni criptomonedas bastan: los jóvenes saben menos de finanzas básicas que los adultos mayores.
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Tener acceso desde el móvil a inversiones, criptomonedas, cuentas remuneradas o información financiera no significa necesariamente comprender mejor cómo funcionan el dinero y el riesgo. Un nuevo estudio realizado con más de 25.000 adultos estadounidenses ha encontrado una importante brecha generacional: los jóvenes de 18 a 29 años obtienen resultados considerablemente peores en conocimientos financieros básicos que las personas de 45 años en adelante.
La investigación, publicada en septiembre de 2026 en The Geneva Risk and Insurance Review, ha sido realizada por Annamaria Lusardi, Gavin McDonell y Andrea Sticha, investigadores vinculados a Stanford y la Universidad de California en Berkeley. Para su análisis utilizaron los últimos datos del National Financial Capability Study (NFCS) de 2024, una encuesta representativa de la población adulta de Estados Unidos en la que participaron 25.539 personas.
Los investigadores evaluaron los conocimientos mediante tres preguntas que se han convertido en una referencia internacional para medir alfabetización financiera. Las conocidas como Big Three comprueban si una persona entiende el interés compuesto, cómo afecta la inflación al poder adquisitivo y por qué diversificar una inversión suele reducir el riesgo.
Los resultados por edad son especialmente llamativos. Solo el 13,4% de los jóvenes de entre 18 y 29 años consiguió responder correctamente las tres preguntas. Entre las personas de 45 años o más, la proporción era entre 6,8 y 14,9 puntos porcentuales superior, dependiendo del grupo de edad analizado. La diferencia se hace todavía más visible cuando se pregunta por inversiones y riesgo.
Solo uno de cada cuatro jóvenes entiende bien la diversificación
A los participantes se les planteó una afirmación aparentemente sencilla: comprar acciones de una única empresa proporciona normalmente una inversión más segura que hacerlo mediante un fondo que contiene acciones de diferentes compañías.
La respuesta correcta es que la afirmación es falsa. Diversificar permite repartir el riesgo entre distintos activos, de forma que una caída concreta no tenga necesariamente el mismo impacto sobre todo el patrimonio.
Sin embargo, únicamente el 27,7% de los jóvenes de 18 a 29 años respondió correctamente. Entre los adultos de 45 a 59 años lo hizo el 43,5%. Es una diferencia de casi 16 puntos porcentuales.
La edad continuó siendo relevante incluso cuando los investigadores tuvieron en cuenta variables como educación, ingresos y otras características demográficas. Después de esos ajustes, los mayores de 45 años seguían teniendo entre 6,5 y 13,6 puntos porcentuales más de probabilidades de responder correctamente a la pregunta sobre diversificación que los menores de 30.
Es precisamente este aspecto el que preocupa especialmente a los autores. Los jóvenes disponen hoy de un acceso mucho más sencillo a productos financieros complejos. Desde un teléfono pueden comprar acciones, entrar en criptomonedas, operar con productos especulativos o participar en apuestas deportivas, aunque eso no significa necesariamente que comprendan bien el riesgo que están asumiendo.
La paradoja es que esta generación no está necesariamente desinteresada por sus finanzas. Una encuesta representativa realizada en enero de 2026 por el Urban Institute a 3.194 adultos estadounidenses encontró que muchos jóvenes de la generación Z ahorran e invierten activamente. El 75% tenía dinero en cuentas corrientes o de ahorro, un 42% utilizaba cuentas destinadas a la jubilación y un 25% cuentas de ahorro de alta rentabilidad.
Al mismo tiempo, un 22% invertía en criptomonedas, un 21% participaba directamente en inversiones minoristas y un 17% había realizado apuestas deportivas. Más de la mitad, el 52%, consideraba además que su generación necesita asumir más riesgos para conseguir sus objetivos económicos.
Por eso, disponer de productos financieros, utilizarlos o interesarse por ellos no equivale necesariamente a comprender todos sus mecanismos.
El problema tampoco afecta únicamente a los jóvenes. En el conjunto de la muestra del NFCS, solo el 28,5% de los adultos respondió correctamente las tres preguntas financieras, y más de la mitad reconoció no saber contestar al menos una. La diversificación fue, con diferencia, el concepto más difícil: solo el 41,3% acertó la respuesta y el 47,5% directamente contestó que no lo sabía.
La diferencia importa porque el conocimiento financiero aparece relacionado también con la capacidad para afrontar problemas económicos inesperados.
En el mismo estudio, el 23,7% de quienes entendían correctamente la diversificación se encontraban en una situación de fragilidad financiera, frente al 45,4% de quienes reconocían no saber responder a esa pregunta. Para medirla, los investigadores preguntaban si serían capaces de conseguir 2.000 dólares en el plazo de un mes ante un gasto inesperado.
Los autores advierten de que estos datos son observacionales y, por tanto, no permiten afirmar que aprender conceptos financieros vaya a eliminar directamente esa vulnerabilidad. Los ingresos, el patrimonio, la educación y muchas otras circunstancias también influyen.
Aun así, la diferencia generacional se mantiene incluso después de controlar varias de esas características. Y deja una conclusión especialmente relevante para los adultos más jóvenes: tener más herramientas para invertir y gestionar el dinero no significa necesariamente disponer de más conocimientos para utilizarlas correctamente.
La generación de 18 a 29 años puede estar entrando antes que nunca en algunos mercados financieros, pero, cuando tiene que responder cuestiones básicas sobre inflación, intereses y riesgo, todavía queda claramente por detrás de los adultos que han superado los 45.