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La UE cambia las normas: las baterías de muchos aparatos tendrán que poder sustituirse sin herramientas especiales
Ni tirar el aparato ni depender siempre del fabricante: la UE obligará a facilitar el cambio de batería.
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La batería suele ser uno de los primeros componentes que envejece en un dispositivo electrónico. Un aparato puede seguir funcionando correctamente durante años, pero perder buena parte de su utilidad cuando su autonomía comienza a reducirse. La Unión Europea quiere evitar que sustituir esa pieza obligue necesariamente a cambiar el producto completo.
El Reglamento (UE) 2023/1542 sobre pilas y baterías introduce una nueva obligación para numerosos aparatos que incorporan baterías portátiles: deberán estar diseñados para que el usuario pueda extraerlas y sustituirlas durante toda la vida útil del producto. La medida todavía no es obligatoria, pero tiene una fecha concreta: comenzará a aplicarse el 18 de febrero de 2027.
La norma afecta a los productos que incorporen las denominadas baterías portátiles, una categoría que abarca las utilizadas en una gran variedad de dispositivos electrónicos de consumo. El principio general establecido por Bruselas es sencillo: una batería que pierde capacidad no debería convertir automáticamente en inservible el aparato que alimenta.
Para conseguirlo, la UE introduce además una condición importante sobre la forma de acceder a ella. No basta con que técnicamente pueda retirarse en un servicio técnico.
El reglamento considera que una batería es fácilmente extraíble por el usuario cuando puede sacarse utilizando herramientas disponibles comercialmente, sin recurrir a herramientas especializadas o propietarias. Tampoco debe ser necesario aplicar calor ni utilizar disolventes para desmontar el dispositivo.
Existe, sin embargo, una excepción. Si para retirar la batería hace falta una herramienta especial, el fabricante podrá utilizarla siempre que la entregue gratuitamente junto al producto.
Las baterías deberán venderse como recambio durante cinco años
El cambio va más allá de facilitar la apertura del aparato. Los fabricantes también tendrán que garantizar que las baterías compatibles permanezcan disponibles como piezas de recambio durante al menos cinco años después de que se comercialice la última unidad de ese modelo. Además, deberán ofrecerse a un precio que la regulación define como razonable y no discriminatorio tanto para consumidores como para profesionales independientes.
El software tampoco podrá utilizarse para impedir que una batería compatible funcione correctamente después de sustituir la original. La regulación prohíbe que programas instalados en el dispositivo se conviertan en una barrera artificial para realizar el cambio.
Los fabricantes deberán proporcionar asimismo instrucciones e información de seguridad que expliquen cómo utilizar, extraer y sustituir la batería. Esa documentación tendrá que permanecer disponible en internet y ser comprensible para los usuarios.
La filosofía de la medida está relacionada tanto con el derecho a reparar como con la reducción de los residuos electrónicos. Una batería degradada puede limitar enormemente un dispositivo aunque el resto de sus componentes continúe funcionando. Permitir sustituirla puede prolongar su vida útil y, al mismo tiempo, facilitar la recogida y el reciclaje de las baterías usadas. La propia Comisión Europea identifica precisamente esos dos objetivos como algunas de las razones de la regulación.
Eso no significa, sin embargo, que todos los dispositivos vayan a recuperar las antiguas tapas traseras que permitían sacar la batería con la mano. La regulación admite que sea necesario utilizar destornilladores u otras herramientas corrientes. Lo que pretende impedir es que el desmontaje dependa exclusivamente de utensilios propietarios, adhesivos que necesiten disolventes o procesos especialmente complejos.
Tampoco todos los aparatos quedarán sometidos exactamente a las mismas condiciones. La normativa contempla excepciones por motivos de seguridad. Algunos dispositivos expuestos habitualmente al agua, como determinados cepillos de dientes eléctricos o irrigadores bucales, pueden mantener baterías que únicamente sean sustituibles por profesionales independientes. También existen excepciones para determinados productos sanitarios.
La Comisión amplió además en julio de 2026 la lista de categorías que podrán acogerse a determinadas excepciones. Entre ellas aparecen algunos dispositivos portátiles como relojes inteligentes y pulseras de actividad, ciertos juguetes eléctricos y equipos destinados a entornos con riesgo de explosión. En estos casos, la sustitución podrá quedar reservada a profesionales cuando existan razones de seguridad que lo justifiquen.
Por tanto, el cambio no significa que desde 2027 cualquier teléfono, reloj o aparato electrónico vaya a permitir retirar su batería con los dedos. La obligación europea es más concreta: como regla general, las baterías portátiles deberán poder extraerse y cambiarse por el propio usuario con herramientas comunes, y las excepciones tendrán que responder a circunstancias específicas de seguridad.
La fecha clave será el 18 de febrero de 2027. A partir de entonces, la reparabilidad de la batería dejará de ser únicamente una decisión de diseño de cada fabricante para convertirse en un requisito europeo para una amplia categoría de productos.