Gato en el veterinario.
Manuel Manzano, veterinario: “Hay un tipo de pipeta que es tremendamente nociva para los gatos. Pueden entrar en coma”
Ni media dosis ni sobrante del perro: una pipeta con permetrina puede ser mortal para los gatos.
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Desparasitar a un perro y a un gato el mismo día puede parecer una tarea rutinaria. El peligro aparece cuando se intercambian las pipetas, se reparte una dosis entre ambos animales o se piensa que el producto destinado al perro servirá igualmente para proteger al felino.
Manuel Manzano, veterinario y divulgador de Veterinario Gratis, advierte de que este error puede terminar en una intoxicación mortal. “Hay un tipo de pipeta que es tremendamente nociva para los gatos”, explica. Tras la exposición, añade, el animal puede temblar, convulsionar e incluso entrar en coma.
El compuesto al que se refiere es la permetrina, un insecticida de la familia de los piretroides empleado en determinados antiparasitarios para perros. Estos productos resultan eficaces frente a pulgas, garrapatas y otros insectos cuando se utilizan en la especie, el peso y la dosis indicados en su envase.
El problema no es que todas las pipetas sean peligrosas. Existen tratamientos formulados y autorizados específicamente para gatos. El riesgo surge al aplicarles productos para perros que contienen concentraciones elevadas de permetrina u otros piretroides inadecuados para ellos.
Los gatos metabolizan estas sustancias de manera menos eficiente debido a particularidades de su hígado. Como consecuencia, una exposición pequeña puede sobreestimular su sistema nervioso y desencadenar signos graves. Utilizar solamente una fracción de la pipeta canina tampoco la convierte en segura.
La intoxicación puede producirse de forma directa, al vaciar el producto sobre la piel del gato, pero también indirectamente. Un felino puede lamer a un perro recién tratado, rozarse contra su pelo o dormir junto a él antes de que la solución se haya secado.
Una urgencia que no debe esperar
Los primeros signos pueden incluir salivación abundante, inquietud, vómitos, pupilas dilatadas o dificultad para caminar. También pueden aparecer sacudidas musculares, temblores, convulsiones, alteraciones de la temperatura corporal, problemas respiratorios, parálisis y pérdida de consciencia.
Si se le ha aplicado por error una pipeta para perros o existe una exposición conocida a permetrina, hay que llamar inmediatamente a un veterinario y acudir a un centro.
Conviene llevar el envase o fotografiar su etiqueta. El nombre del principio activo, la concentración, la cantidad aplicada y la hora aproximada permiten al profesional valorar mejor el riesgo. Decir únicamente que era “una pipeta antipulgas” puede retrasar la identificación del tóxico.
No debe provocarse el vómito ni administrarse leche, aceite, carbón activado o medicamentos humanos por iniciativa propia. Tampoco resulta prudente bañar a un gato que ya tiembla o convulsiona: el agua, la manipulación y el riesgo de aspiración pueden complicar todavía más la emergencia.
Cuando el animal está estable y el veterinario lo considera apropiado, la descontaminación de la piel puede incluir un lavado para retirar el producto que permanece en el pelo. Si existen signos neurológicos, la prioridad será controlar las convulsiones, mantener la temperatura, aportar fluidoterapia y vigilar sus funciones vitales.
No existe un antídoto específico contra la intoxicación por permetrina. El tratamiento es de soporte y puede requerir hospitalización durante varios días. Aun así, la atención temprana mejora notablemente el pronóstico; cuando las convulsiones no se controlan o aparece daño secundario, la situación se vuelve mucho más grave.
La prevención comienza leyendo tres veces el envase: especie, peso y dosis. Una silueta de perro no equivale a un producto apto para toda mascota. En una casa con ambas especies, las pipetas deberían guardarse por separado para evitar confusiones y aplicarse siguiendo la recomendación veterinaria.
Después de tratar al perro, debe mantenerse alejado del gato hasta que el producto esté seco; algunas guías aconsejan separarlos entre 12 y 24 horas. También hay que impedir que compartan mantas o se laman durante ese intervalo.
El mensaje de Manzano no pretende rechazar los antiparasitarios, sino evitar un error de especie. Una pipeta adecuada protege frente a enfermedades; la equivocada puede convertirse en veneno. En gatos, improvisar con el sobrante del perro no supone ahorrar producto: puede provocar una urgencia potencialmente mortal.