La cura de los propios traumas.
La psicología dice que los adultos nacidos entre 1965 y 1980 sobreprotegen a sus hijos para curar sus propios traumas
La sobreprotección de la Generación X no es casual, según los expertos es para cerrar sus heridas del pasado.
Más información: La psicología dice que los adultos nacidos entre 1950 y 1970 no trabajan por ilusión, sino por no tener alternativa.
La generación de adultos nacidos entre 1965 y 1980, conocida más popularmente como la Generación X, ha transformado los modelos de crianza tradicionales por una marcada tendencia a la sobreprotección.
A pesar de que comúnmente se cree que este comportamiento surge por un exceso de afecto o deseo de mimar a los hijos, en realidad el "mecanismo" responde a una compensación emocional: los padres intentan curar sus propios traumas de la infancia llenando los vacíos de una época marcada por la desconexión familiar.
Durante su niñez, la Generación X fue bautizada como la generación de los "niños con la llave al cuello" porque pasaban largas horas solos en casa mientras sus padres trabajaban. En ese entorno de autonomía y ausencia, se creó una profunda soledad y falta de supervisión emocional, consolidando en muchos la sensación de abandono.
Todo ello, al convertirse en padres, ha empujado a esos adultos afectos a involucrarse de manera desmedida en cada aspecto de la vida de sus hijos por miedo a que sus pequeños experimenten una emoción similar.
Los traumas de la infancia
Desde la perspectiva de la psicología clínica, este fenómeno se entiende como una proyección de las heridas del pasado en el presente de los hijos. Al sobreproteger e intentar resolver cada problema de una manera instantánea, los adultos no responden a las necesidades reales de sus hijos, sino intentando rescatar a su propio niño interior del aislamiento del pasado.
Este tipo de crianza reactiva, realmente, lo que busca es reescribir la historia personal, asumiendo el rol del protector omnipresente que ellos mismos anhelaron tener durante su etapa de desarrollo.
Sin embargo, los especialistas advierten que esta sobreprotección terapéutica de los padres puede resultar contraproducente para los hijos. Al evitarles cualquier tipo de frustración o dificultad, se les priva de la oportunidad de desarrollar la paciencia, la autonomía y una sólida seguridad en sí mismos.
Ese tipo de crianza, si se mantiene durante un tiempo prolongado, puede acabar provocando problemas serios entre los más pequeños, porque no logran completar su evolución emocional de manera sana e independiente, siendo influenciados constantemente por esas heridas del pasado de sus padres.
Aunque es complicado intentar sanar esas heridas, lo ideal es buscar ayuda de profesionales e intentar no interferir en el crecimiento de los hijos para que estos puedan hacer su camino con normalidad. No obstante, eso no significa que haya que proteger a los pequeños ni estar detrás de manera constante para su educación y seguridad.