Antiguos edificios residenciales en Madrid

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Ciencia

La psicología dice que las personas nacidas entre 1950 y 1970 priorizaron asegurar su casa frente a su pasión laboral

Ante el mantra moderno de "persigue tus sueños", los baby boomers y la primera generación X priorizaron la estabilidad material y el ladrillo.

Más información: La psicología dice que las personas que ven la misma serie no están aburridas, sufren ansiedad y buscan refugio.

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Las claves
Las claves

Las personas nacidas entre 1950 y 1970 priorizaron la estabilidad económica y la adquisición de vivienda sobre la pasión laboral.

El éxito profesional para estas generaciones se medía en contratos indefinidos y seguridad, no en autorrealización o propósito vital.

La psicología explica que esta mentalidad se debe a una herencia de supervivencia tras la posguerra y crisis económicas vividas por sus padres.

Expertos advierten que juzgar sus prioridades con criterios actuales es un error, ya que respondían a un contexto psicológico y social diferente.

Hoy en día, redes sociales como LinkedIn, TikTok o Instagram nos bombardean con un mensaje constante: "Trabaja en lo que amas y no trabajarás un solo día de tu vida".

Sin embargo, si expones esta filosofía a alguien nacido entre 1950 y 1970 (la generación baby boomer y los primeros miembros de la generación X), es muy probable que te mire con incomprensión.

Para ellos, el éxito profesional rara vez se medía en términos de autorrealización diaria o de encontrar un "propósito vital".

Su medidor de éxito era mucho más tangible, terrenal y protector: lograr un contrato indefinido, pagar las facturas a tiempo y, sobre todo, conseguir las ansiadas escrituras de su propia casa.

¿Eran menos soñadores o carecían de pasiones? La psicología y la sociología del comportamiento tienen una respuesta rotunda: en absoluto.

Simplemente, sus prioridades respondían a un contexto psicológico radicalmente distinto.

La explicación fundamental reside en lo que la psicología organizacional denomina el "contrato psicológico tradicional".

La importancia de la vivienda en los 50

Durante las décadas de los 70 y 80, el mercado laboral operaba bajo un pacto no escrito muy claro: el empleado ofrecía lealtad absoluta y esfuerzo incondicional a la empresa a cambio de seguridad a largo plazo, estatus y estabilidad económica.

Si analizamos este comportamiento a través de la famosa Pirámide de Necesidades del psicólogo Abraham Maslow, todo cobra sentido.

Maslow postuló que el ser humano no puede aspirar a la cima de la pirámide (la autorrealización, donde se ubicaría la pasión laboral) sin antes tener sólidamente cubiertas las bases: las necesidades fisiológicas y de seguridad.

Los nacidos entre 1950 y 1970 fueron criados por padres que vivieron la crudeza de la posguerra, la escasez y la crisis económica.

Heredaron, de forma inconsciente, una "mentalidad de supervivencia".

Para esta generación, el riesgo profesional se percibía como una irresponsabilidad que ponía en peligro a la familia.

Comprar una vivienda y mantener un empleo fijo no era un acto de conformismo, sino la victoria definitiva contra la incertidumbre.

Investigaciones recientes publicadas en revistas científicas como el Journal of Business and Psychology destacan que los valores y la motivación laboral no son caprichos, sino que están profundamente condicionados por el periodo histórico y las circunstancias vitales.

Los expertos advierten que proyectar expectativas actuales sobre generaciones pasadas es un error de perspectiva.

En aquella época, la identidad de una persona no pivotaba de forma exclusiva sobre su puesto de trabajo.

El empleo era simplemente el vehículo; la familia, el hogar seguro y el bienestar a largo plazo eran el verdadero destino.

Trabajar duro, a menudo en empleos monótonos o muy exigentes, era visto como una demostración práctica de amor y responsabilidad, no como una condena.

Por tanto, la próxima vez que un familiar mayor cuestione tus constantes cambios de empresa en busca de "tu verdadera vocación", recuerda que sus críticas no nacen de la incomprensión.

Su obsesión por la estabilidad económica y el ladrillo fue, paradójicamente, el cimiento exacto que ha permitido a las generaciones posteriores tener el lujo y la tranquilidad de buscar la felicidad laboral.