Joan Riudavets vivió hasta los 114 años

Joan Riudavets vivió hasta los 114 años 3Cat

Ciencia

Joan, el longevo español que vivió 114 años: "Desayunaba un vaso de leche, dormía 15 horas y comía siempre variado a las 2"

Las rutinas de Joan Riudavets, el español que llegó a ser el hombre más anciano del mundo.

Más información: Jaime Casado, experto en longevidad: "Haz 10 sentadillas por cada hora que pases sentado para mejorar tu bienestar".

Publicada
Las claves

Las claves

Joan Riudavets Moll fue el hombre más longevo del mundo, viviendo 114 años y 81 días en Menorca.

Su rutina diaria incluía dormir unas 15 horas, desayunar siempre un vaso de leche y comer variado a las 14:00.

Llevaba una vida libre de estrés, sin café ni tabaco, y disfrutaba de platos tradicionales, siestas y actividades como caminar, montar en bicicleta y tocar la guitarra.

Atribuía su longevidad a tres principios: hacer el bien, trabajar correctamente y tener la conciencia tranquila.

Seguramente te preguntes si se puede llegar a los 114 años gozando de una salud envidiable.

Joan Riudavets Moll, un entrañable zapatero de Es Migjorn (Menorca), demostró que sí.

Cuando falleció en marzo de 2004, ostentaba el título del hombre más viejo del mundo con 114 años y 81 días de edad.

Hoy, su estilo de vida sigue siendo un caso de estudio fascinante para quienes buscan el secreto de la longevidad.

Lejos de las rutinas agotadoras o los superalimentos modernos, el día a día de este menorquín era una oda a la tranquilidad, al buen descanso y al sentido común.

Mientras que muchos gurús actuales del bienestar abogan por madrugar, Joan tenía su propio reloj biológico y no escatimaba en horas de sueño.

Según su entorno, el menorquín acostumbraba a acostarse en torno a la medianoche y dormía unas 15 horas diarias, levantándose habitualmente al mediodía.

La rutina de un hombre longevo de 114 años

Su despertar era muy relajado. Antes de siquiera poner un fuera de la cama, Joan mantenía una costumbre inamovible: desayunar siempre "un buen tazón de leche".

Este inicio de jornada sin prisas ni sobresaltos marcaba el tono de un día completamente libre de estrés.

A las 14.00 horas llegaba el momento de la comida principal y Joan no daba ningún problema en la mesa.

Su dieta era tradicional y variada, aunque él mismo reconocía entre risas que la verdura era lo que menos le entusiasmaba.

Disfrutaba enormemente de los platos de cuchara, el arroz, las legumbres, la sopa, así como de la carne o el pescado fresco de la isla.

En 1993, durante una visita a Menorca, la reina doña Sofía se interesó personalmente por su régimen de vida.

La respuesta de Joan fue clara, sensata y directa: el truco estaba en comer "de todo un poco, pero bien cocinado y bien masticado".

Además, mantenía su organismo protegido con una regla estricta a rajatabla: ni una gota de café y nada de tabaco.

Tras el almuerzo, no podía perdonar su tradicional siesta frente al televisor, donde a menudo se quejaba con nostalgia de que "ahora daban pocas zarzuelas".

Llegar a ser un supercentenario no implicaba quedarse sentado en una butaca. Joan fue un hombre extraordinariamente ágil.

Fue capaz de caminar sin ayuda y de montar en bicicleta por su pueblo hasta edades muy avanzadas.

Además de cuidar su cuerpo, mantuvo su mente viva tocando la guitarra, cantando y siguiendo con gran pasión el fútbol.

Pero quizás su lección más valiosa no estuviera escondida en el plato ni en sus horas de descanso.

Cuando le preguntaban por su verdadera fórmula mágica para vivir tantos años, este sabio menorquín siempre lo resumía en tres principios fundamentales: "hacer el bien, trabajar correctamente y tener la conciencia tranquila".

Una receta sencilla y sin artificios que le permitió apagarse plácidamente en su hogar, sereno y arropado por el cariño de toda la isla de Menorca.