Máximo cuidado durante el eclipse.

Máximo cuidado durante el eclipse. Shutterstock

Ciencia

Los expertos advierten: España ya registró varias lesiones oculares horas después de un eclipse en 2005

El peligro del eclipse no termina cuando vuelve la luz: una mancha central puede aparecer horas después de mirar sin protección.

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Las claves

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Tras el eclipse anular de 2005 en España, tres jóvenes acudieron a urgencias con lesiones oculares por mirar el fenómeno sin protección.

Los afectados, de 14, 18 y 21 años, presentaron manchas en su campo visual y pérdida de agudeza visual, diagnosticándose retinopatía por eclipse.

Las lesiones oculares pueden no presentar síntomas inmediatos y aparecen entre seis y 48 horas después de la exposición.

No existe tratamiento específico para revertir el daño; la prevención y evitar mirar el Sol sin protección son fundamentales.

La ausencia de dolor después de mirar un eclipse sin protección puede generar una falsa tranquilidad. España ya cuenta con un precedente clínico muy concreto: tres jóvenes tuvieron que acudir a urgencias oftalmológicas tras el eclipse de 2005 con lesiones en la retina y manchas en su campo visual.

Los casos fueron documentados por especialistas del Servicio de Oftalmología del Hospital Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares, y publicados posteriormente en los Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología. No se trata, por tanto, de una estimación, sino de pacientes examinados y seguidos durante meses.

El fenómeno ocurrió el 3 de octubre de 2005. A diferencia del eclipse total vivido este 12 de agosto de 2026, aquel fue anular y su franja atravesó España desde la costa gallega hasta el Mediterráneo. En el resto del país pudo contemplarse como parcial.

Los tres afectados tenían únicamente 14, 18 y 21 años y llegaron al servicio de urgencias durante las primeras 48 horas posteriores al eclipse. Todos describían un escotoma central en ambos ojos, es decir, una mancha o zona alterada precisamente en el centro de aquello que intentaban mirar.

Dos reconocieron haber observado directamente el eclipse durante aproximadamente cinco minutos sin ninguna protección. El tercer paciente no refería haberlo mirado directamente, un dato que los médicos recogieron expresamente y que muestra que las circunstancias exactas de exposición no pudieron establecerse igual en todos los casos.

Retinopatía por eclipse

Las exploraciones revelaron lesiones blanco-amarillentas en la fóvea, la pequeña región situada en el centro de la mácula que permite disponer de la visión más precisa. Uno de los jóvenes presentó además una reducción de la agudeza visual hasta 0,7 en uno de sus ojos.

Los médicos diagnosticaron retinopatía por eclipse, una variante de la retinopatía solar. La lesión se produce principalmente mediante un mecanismo fotoquímico: la intensa radiación desencadena procesos capaces de dañar los fotorreceptores y el epitelio pigmentario de la retina.

Esa localización explica síntomas especialmente molestos. Además de la pérdida de agudeza visual y los escotomas centrales, la literatura médica recoge fotofobia, alteraciones de los colores y metamorfopsias, que hacen que una línea recta pueda percibirse deformada u ondulada.

El problema es que la lesión no tiene por qué anunciarse inmediatamente. Carlos Antonio de Pablo, jefe de Oftalmología del Hospital Universitario Cruz Roja San José y Santa Adela de Madrid, recuerda que la retinopatía solar no produce dolor y sus síntomas pueden comenzar horas después de la exposición.

La ONCE, en las recomendaciones difundidas para el eclipse de 2026, amplía esa advertencia: las primeras manifestaciones pueden aparecer entre seis y 48 horas después. Por eso, encontrarse aparentemente bien inmediatamente después de observar el Sol no permite descartar una lesión retinal.

En los tres jóvenes atendidos en Alcalá de Henares la evolución fue favorable. Todos aseguraron que los síntomas habían desaparecido entre una y cuatro semanas después, y la alteración del campo visual observada en uno de ellos había desaparecido a los seis meses.

Sin embargo, las pruebas demostraron que la recuperación visual y recuperación anatómica no siempre son exactamente lo mismo. Seis meses después, dos pacientes ya no presentaban la lesión foveal inicial, pero en el tercero persistían cambios pigmentarios en la región macular.

Los propios autores advertían de que, aunque la mayoría de las alteraciones tienden a mejorar espontáneamente, pueden quedar defectos residuales en el epitelio pigmentario de la retina y escotomas persistentes. En aquellos tres casos optaron por realizar seguimiento sin tratamiento debido a la buena agudeza visual de los pacientes.

No existe además un tratamiento específico cuya eficacia esté demostrada para revertir este tipo de daño. Los investigadores que estudiaron los casos de 2005 concluían que la herramienta fundamental continúa siendo la prevención y, especialmente, evitar cualquier observación directa del Sol sin protección adecuada.