Imagen de archivo de un albañil trabajando en la restauración de una fachada.

Imagen de archivo de un albañil trabajando en la restauración de una fachada. EFE Ana Escobar

Ciencia

Julio, albañil: "A mi compañero se le cayó un bloque de 17 kilos y me cubrí con la mano pero quedó destrozada"

En tan solo unos segundos, un accidente puede cambiar la vida de cualquier trabajador si no se siguen las medidas de seguridad adecuadas, como le sucedió a Julio.

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Las claves

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Julio Menéndez, albañil, sufrió un grave accidente laboral al caerle un bloque de hormigón de 17 kilos, lo que destrozó su mano.

La lesión resultó en una fractura del escafoides, un hueso clave de la muñeca cuya recuperación es compleja y puede tener secuelas graves.

El accidente le provocó una incapacidad permanente total para su profesión y una larga recuperación de más de un año.

La empresa fue condenada a indemnizar a Julio tras demostrarse la falta de medidas preventivas adecuadas en el lugar de trabajo.

El accidente laboral que sufrió Julio Menéndez Cordero mientras trabajaba como albañil acabó significando más de un año de recuperación total y dejar de ejercer su profesión.

Su caso es solo una muestra detrás de las estadísticas de siniestralidad laboral que aún azotan España y un ejemplo de cómo ciertas lesiones pueden cambiar una vida para siempre.

En su caso, el evento se produjo el pasado 25 de marzo de 2011 cuando Julio trabajaba como oficial de primera levantando un muro en el Campo de Fútbol del Charcón, en Santa Cruz de Tenerife.

Uno de sus compañeros manipulaba un bloque de hormigón de 17 kilos subido en un andamio de dos metros de altura cuando este se rompió y cayó. Instintivamente, Julio levantó la mano derecha para protegerse, la cual quedó destrozada, según su propio testimonio.

Lesión en un hueso clave

El golpe que recibió Julio le provocó una fractura del escafoides, uno de los ocho pequeños huesos que forman el carpo de la muñeca. A pesar de su pequeño tamaño, este hueso es crucial para dar estabilidad y movilidad a la muñeca, y tanto su rotura como su recuperación son complejas.

Las fracturas del escafoides presentan una serie de particularidades, como ya corroboró una revisión sobre fracturas de escafoides y consolidación hace unos años: entre el 2-5% de las fracturas de escafoides en adultos pueden evolucionar a una falta de unión del hueso.

La vascularización de este hueso también es muy particular, algo que dificulta su curación total.

Cuando la consolidación fracasa, las consecuencias pueden ir más allá del dolor. Los estudios sobre fracturas de escafoides y sus complicaciones describen problemas como dolor persistente, disminución de movilidad y fuerza de agarre y, en casos más complejos, cambios degenerativos de la muñeca.

En el caso particular de este albañil, las consecuencias de su fractura se prolongaron mucho más allá del accidente. Según la sentencia recogida en su testimonio, el periodo de curación se alargó hasta los 392 días, incluyendo al menos tres días de hospitalización.

Como secuelas, se describe una artrodesis o anquilosis de la muñeca, necesidad de material de osteosíntesis y un síndrome residual tras algodistrofia.

Esta última complicación está relacionada con lo que actualmente conocemos como síndrome de dolor regional complejo o SDRC, un trastorno que puede aparecer tras una lesión y asociar dolor persistente y desproporcionado, acompañándose de alteraciones sensitivas, motoras y autonómicas.

No se trata simplemente de un dolor mantenido, sino de síntomas como hipersensibilidad extrema, cambios de temperatura o color de la piel, rigidez y alteraciones del movimiento.

De hecho, como indican las revisiones sistemáticas al respecto, puede llegar a convertirse en una enfermedad incapacitante cuyo abordaje puede requerir la combinación de rehabilitación física, medicación y otras intervenciones.

En el caso de Julio, cuya profesión era la albañilería, la repercusión causada sobre su mano y brazo adquiría una dimensión superior. Su caso fue reconocido como una incapacidad permanente total para su profesión habitual.

Cuatro años después del accidente, la justicia condenó a su empresa y a su aseguradora a pagarle 47.500 euros en concepto de daños y perjuicios, además de acreditar que el procedimiento de trabajo era inadecuado y peligroso y que la falta de medidas preventivas era conocida por el encargado.

En este sentido, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) recuerda que los trabajos con riesgo de caída desde alturas superiores a dos metros requieren medidas específicas de protección.

El propio organismo contempla, además, sistemas de seguridad destinados a proteger frente a la caída de personas y también objetos desde altura, como fue el caso de Julio.

Como podemos observar, el caso de Julio nos recuerda que no solo es cuestión de indemnizaciones económicas, sino que un accidente laboral de cualquier tipo puede cambiar la vida de una persona para siempre a nivel psicológico y funcional.

La prevención no permite reducir el riesgo totalmente, pero sí puede reducir significativamente situaciones previsibles, como fue el caso, especialmente en trabajos como la construcción.