Miguel Martínez vía Instagram.
Miguel Martínez, español en las minas de Australia: "Lleno de grasa, barro y a 40 grados. El dinero fácil aquí no existe"
Trabajar en las minas de Australia puede permitir ahorrar miles de euros, pero exige turnos largos, calor extremo y vida remota.
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Trabajar en las minas de Australia se ha convertido en una de esas opciones que aparecen recurrentemente en redes sociales cuando se habla de abandonar España, ganar un salario elevado y ahorrar durante unos meses. Sin embargo, detrás de las cifras hay jornadas largas, aislamiento y condiciones que distan bastante de unas vacaciones.
Miguel Martínez lo conoce de primera mano. Este fisioterapeuta sevillano se marchó a Australia y terminó trabajando en el sector minero mediante el sistema conocido como FIFO, acrónimo de Fly-In, Fly-Out, utilizado para desplazar trabajadores hasta explotaciones situadas a cientos de kilómetros de las principales ciudades.
En sus redes sociales, donde publica como @miguelonm99, ha ido mostrando tanto la parte económica como la menos atractiva de esta experiencia. En uno de sus vídeos contrapone directamente cómo comienza y cómo termina una jornada de 12 horas trabajando en una mina.
La segunda imagen deja poco espacio para idealizaciones: ropa de trabajo completamente sucia después de pasar el turno entre maquinaria, grasa y barro y soportando temperaturas que, según relata, alcanzaban los 40 ºC. Su conclusión es sencilla: "El dinero fácil en Australia no existe".
El mensaje rompe con una imagen bastante extendida en redes: llegar al país, conseguir rápidamente un puesto en una explotación minera y comenzar a cobrar grandes cantidades de dinero. Los salarios son realmente elevados en comparación con otros sectores australianos, pero las condiciones ayudan a explicar esa diferencia.
Jornadas bajo temperaturas extremas
Los últimos datos de Jobs and Skills Australia sitúan los ingresos semanales medianos de los trabajadores a tiempo completo de la minería en 2.832 dólares australianos, frente a los 1.741 dólares del conjunto de industrias. Además, el 95% de quienes trabajan en el sector lo hacen a jornada completa.
La propia experiencia de Martínez sirve para poner esas cifras en contexto. Durante seis meses estuvo siguiendo un sistema de dos semanas consecutivas de trabajo seguidas por otras dos de descanso. Es decir, aproximadamente la mitad de aquel periodo la pasó efectivamente trabajando en la mina.
Aun así, consiguió ahorrar alrededor de 22.450 dólares australianos, unos 12.600 euros al cambio que él realizó entonces. Y lo hizo mientras destinaba parte del dinero a viajar a Fiji e Indonesia, recorrer la costa australiana, practicar buceo y comprar material deportivo y otros productos.
La referencia a los 40 grados tampoco resulta extraña en las regiones mineras australianas. Una gran parte del empleo se concentra en Western Australia y Queensland, con explotaciones ubicadas en áreas regionales y remotas donde las condiciones climáticas pueden convertirse en otro riesgo laboral.
WorkSafe Western Australia advierte específicamente de que los lugares de trabajo sometidos a temperaturas elevadas son habituales en el estado. El esfuerzo físico, la exposición al Sol, el calor procedente del entorno y la utilización de ropa de protección pueden acumularse y elevar considerablemente la carga térmica que soporta el organismo.
El problema no depende únicamente de que el termómetro marque 40 ºC. La humedad, el movimiento del aire, la radiación solar, la intensidad de la tarea y el tipo de ropa que lleva el trabajador condicionan el riesgo. Por eso, las autoridades recomiendan evaluaciones que tengan en cuenta todos esos factores y no exclusivamente la temperatura ambiente.
A ello se suman los turnos prolongados. WorkSafe define la fatiga laboral como un estado de agotamiento físico o mental capaz de reducir la capacidad para trabajar de manera segura y señala las jornadas largas y las tareas con fuertes exigencias físicas entre las situaciones que pueden favorecerla.
El modelo FIFO tiene, precisamente, esa doble cara. Permite concentrar el trabajo durante varios días y disfrutar después de periodos largos completamente libres, pero obliga durante cada ciclo a trasladarse hasta zonas remotas y mantener ritmos laborales especialmente intensos.
Martínez ha mostrado las dos partes de esa experiencia. Por un lado están los ingresos y una capacidad de ahorro que difícilmente habría conseguido en el mismo tiempo en muchos empleos españoles. Por otro, las jornadas de 12 horas, el calor, la suciedad y semanas enteras dedicadas prácticamente al trabajo.