Imagen de archivo de un ganadero con un rebaño de ovejas.

Imagen de archivo de un ganadero con un rebaño de ovejas. EFE

Ciencia

Miguel, ganadero en un pueblo de La Rioja: "Me levanto a las 5 para sacar a las ovejas hasta que ya no pueden con el calor"

El ganadero adelanta su jornada para proteger a sus ovejas del calor extremo y de nuevo regresa al monte cuando las temperaturas dan una tregua.

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P. G. Santos
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Las claves

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Ganaderos y agricultores en La Rioja adelantan sus jornadas para evitar las horas de más calor, comenzando a trabajar desde las 5 de la mañana.

Miguel Ángel, ganadero en Galilea, adapta el horario según el comportamiento de las ovejas, regresando a la sombra cuando los animales ya no soportan el calor.

Las temperaturas en La Rioja alcanzan 36-37 ºC, unos 9 grados por encima de la media histórica, afectando significativamente las labores agrícolas y ganaderas.

El calor extremo y las olas tempranas han perjudicado cultivos como el guisante y ponen en riesgo otras cosechas, obligando a cambios en la organización del trabajo.

España afronta uno de los veranos más calurosos que se recuerdan, en sintonía con lo que se lleva viviendo en los últimos años. En el campo, donde el trabajo no puede detenerse, agricultores y ganaderos adelantan horarios para escapar de las horas más duras.

Miguel Ángel, ganadero en Galilea, resume ese cambio de rutina con una imagen muy contundente: "Suelo madrugar a las 5 de la mañana y sacar el ganado hasta que las ovejas mismas dicen que ya no pueden con el calor, y ya las metemos a la sombra".

Su día comienza a las cinco de la mañana. A esa hora, cuando buena parte de la población todavía duerme, Miguel ya está preparando el ganado para salir. La prioridad, como explicó en una entrevista reciente a medios locales, es aprovechar cada minuto antes del calor más intenso.

Pero tampoco existe un horario completamente cerrado. Las ovejas marcan el límite. Miguel explica que permanece con ellas hasta que los animales dejan claro que no pueden soportar más las temperaturas y buscan refugio para protegerse del calor.

Evitar las altas temperaturas

Entonces llega el momento de regresar a la sombra. No es una decisión marcada por un reloj, sino en el comportamiento del rebaño. Cuando las ovejas necesitan resguardarse, la actividad ganadera cambia para evitar que el calor pase factura.

La tarde obliga a repetir la estrategia. Miguel vuelve al monte alrededor de las cinco y media o las seis, cuando el sol comienza a conceder una pequeña tregua térmica. Allí permanece con el ganado hasta que prácticamente anochece.

El esfuerzo de Miguel forma parte de una adaptación generalizada en el campo riojano. Las recomendaciones sanitarias aconsejan evitar el sol durante las horas centrales e hidratarse, pero quienes trabajan al aire libre difícilmente pueden desaparecer durante ese periodo.

El calor, además, llega con una intensidad poco habitual. La Rioja registra temperaturas de 36 y 37 ºC, alrededor de 9 ºC por encima de su media histórica, una anomalía que sitúa a la comunidad entre las más afectadas.

Los agricultores también han tenido que modificar sus jornadas diarias. Santiago Sodupe, viticultor en San Asensio, explica que se ha levantado a las cinco para trabajar en sus viñedos antes de que las temperaturas hagan más difícil continuar.

Para combatir la deshidratación, Sodupe lleva una garrafa de cuatro o cinco litros. Por la tarde, además, el ganadero prefiere quedarse en casa cuando existe riesgo de tormentas, aprovechando esas horas para ponerse al día con la burocracia.

En Ausejo, Jesús Fernández Ocón afronta otro escenario. Está cosechando cebada, un cultivo que necesita calor para ser recolectado. Aun así, adelanta el final de la jornada hasta la una del mediodía para evitar las horas de mayor riesgo.

El problema no termina con adaptar los horarios. Fernández Ocón asegura que los calores de mayo perjudicaron la floración y dejaron la cosecha de guisantes regular. También teme por la cebada, porque aquellas temperaturas alteraron el desarrollo del cultivo.