Un gato cachorro encima de una alfombra.

Un gato cachorro encima de una alfombra. istock

Ciencia

Los psicólogos coinciden: las personas que prefieren los gatos tienden a ser más abiertas que las que eligen perros

Preferir gatos no define una personalidad, pero varios estudios lo relacionan con más curiosidad, imaginación y sensibilidad artística.

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Las claves

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Los amantes de los gatos tienden a puntuar más alto en apertura a la experiencia, un rasgo relacionado con la curiosidad y la creatividad.

Quienes prefieren los perros suelen mostrar mayor extraversión, amabilidad y responsabilidad, según estudios psicológicos.

El estudio no demuestra que convivir con un animal transforme la personalidad; la relación es correlacional y hay muchos factores implicados.

Las experiencias de la infancia y el estilo de vida influyen en la preferencia por gatos o perros, más allá de la personalidad individual.

Preferir a los gatos antes que a los perros no permite conocer automáticamente la personalidad de alguien. Sin embargo, varios estudios han encontrado pequeñas diferencias estadísticas entre quienes se definen como amantes de una especie u otra, especialmente en un rasgo psicológico denominado apertura a la experiencia.

Una investigación dirigida por Samuel Gosling, psicólogo de la Universidad de Texas en Austin, comparó la personalidad de 4.565 participantes que se identificaron como personas de gatos, de perros, de ambos animales o de ninguno. Para evaluarlos utilizó el modelo de los cinco grandes rasgos de personalidad.

Los resultados mostraron que las personas que se consideraban amantes de los gatos puntuaban más alto en apertura a la experiencia que aquellas que preferían los perros. La diferencia era estadísticamente significativa, aunque de magnitud modesta, por lo que no permite dividir a la población en dos grupos completamente distintos.

En psicología, ser más abierto no significa necesariamente ser más sociable, tolerante o afectuoso. La apertura a la experiencia describe principalmente la curiosidad intelectual, la imaginación, la sensibilidad artística y la disposición a explorar ideas, emociones o actividades poco habituales.

Muy creativos e introvertidos

Una persona con una puntuación alta puede sentirse especialmente atraída por la creatividad, el aprendizaje, la variedad y los planteamientos alejados de las convenciones. En el extremo contrario, una puntuación menor suele asociarse con una mayor preferencia por lo conocido, lo práctico y las rutinas previsibles.

El estudio también encontró diferencias en los demás grandes rasgos. Quienes se definían como personas de perros puntuaban, de media, más alto en extraversión, amabilidad y responsabilidad, mientras las personas de gatos presentaban valores superiores en apertura y neuroticismo.

El neuroticismo tampoco debe confundirse con padecer una enfermedad mental. Dentro de este modelo describe una mayor tendencia a experimentar preocupación, inseguridad o emociones negativas, pero no constituye por sí mismo un diagnóstico ni implica necesariamente un problema psicológico.

Las diferencias observadas eran promedios grupales y existía una enorme superposición entre los participantes. Puede haber amantes de los perros muy creativos e introvertidos, igual que existen personas de gatos extrovertidas, metódicas y poco interesadas en probar experiencias nuevas.

La investigación tampoco demostró que convivir con un gato transforme la personalidad. El diseño era correlacional, de manera que no permite saber si determinadas características llevan a preferir una especie, si la convivencia influye parcialmente o si ambas variables dependen de otros factores.

Una posible explicación se encuentra en los estilos de vida asociados a cada animal. Los perros suelen exigir paseos, horarios más estructurados e interacciones sociales en espacios públicos. Los gatos permiten una convivencia generalmente más autónoma y pueden resultar atractivos para quienes valoran la independencia o las actividades realizadas dentro de casa.

Las experiencias infantiles también desempeñan un papel. Un estudio exploratorio publicado en 2024 encontró que la preferencia por los perros tendía a mantenerse con mayor estabilidad desde la infancia, mientras casi la mitad de quienes se identificaban como personas de gatos habían preferido anteriormente a los perros o no habían tenido suficiente contacto con felinos.

Eso demuestra que la elección no está escrita únicamente en la personalidad. Haber crecido con una especie, vivir en una vivienda adecuada, conocer animales amistosos o haber sufrido una experiencia negativa puede modificar considerablemente las preferencias con el paso del tiempo.

La propia literatura científica continúa ofreciendo resultados desiguales. Un trabajo australiano publicado en 2024 encontró diferencias relacionadas con neuroticismo y resiliencia entre propietarios de perros y gatos, pero sus autores tuvieron que controlar variables como la edad y el género, que también influyen sobre las puntuaciones psicológicas.

Otros estudios han obtenido asociaciones más débiles o no han reproducido todas las diferencias. La forma de formular la pregunta también importa: no es lo mismo tener actualmente un gato que definirse como una persona de gatos, ni preferir una especie significa rechazar necesariamente la otra.

Por eso, podría afirmarse que no todos los amantes de los gatos posean una personalidad concreta. Los estudios sugieren que, en promedio, quienes se identifican con ellos tienden a puntuar algo más alto en apertura a la experiencia, pero la especie preferida constituye solamente una pieza diminuta dentro de una personalidad mucho más compleja.