Imagen de una cosechadora y un tractor recogiendo el cereal del campo.

Imagen de una cosechadora y un tractor recogiendo el cereal del campo. EFE

Ciencia

Álvaro, agricultor en un pueblo de La Rioja: "Parecía que iba a ser buena cosecha pero el calor ha quitado mucha producción"

La campaña comenzó con buenas lluvias, pero el calor aceleró la maduración y dejó espigas con granos más pequeños y ligeros.

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Las claves

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Álvaro Barahona, agricultor de La Rioja, ha sufrido una reducción del 35-40% en la producción de cereal respecto al año anterior debido a las olas de calor.

El aumento de las temperaturas durante la fase de llenado del grano aceleró la maduración del cereal, resultando en semillas más pequeñas y ligeras.

Las mejores parcelas alcanzaron 4.500 kilos por hectárea, aunque el promedio fue de 4.000, lejos de los resultados de la campaña anterior.

España prevé una cosecha nacional de cereales por debajo de la media de los últimos cinco años, estimándose en 18,5 millones de toneladas.

Álvaro Barahona comenzó a cosechar el 20 de junio y terminó a finales de julio. Durante algo más de un mes trabajó en fincas de Fonzaleche, Casalarreina, Zarratón, Haro y Cellorigo, además de acercarse a las zonas limítrofes con Burgos.

Las primeras previsiones eran buenas. Las lluvias de finales de abril y principios de mayo llegaron cuando el trigo y la cebada estaban formando la espiga y el grano. Durante varias semanas, la humedad del suelo y las temperaturas suaves acompañaron al cultivo.

Después llegaron varios episodios de temperaturas extremas. "Parecía que iba a ser una buena cosecha, pero luego llegaron las olas de calor que todos hemos sufrido. La planta también lo notó y eso quitó mucha producción", ha explicado el agricultor a COPE Rioja.

Barahona calcula que sus parcelas han producido entre un 35% y un 40% menos que en 2025, una campaña especialmente favorable. Tras un mes de recolección, los rendimientos medios rondan los 4.000 kilos de cereal por hectárea.

Más temperaturas, menos fotosíntesis

El momento en el que subieron las temperaturas resultó especialmente delicado. El cereal ya había formado buena parte de sus espigas y se encontraba llenando los granos, una fase en la que la planta acumula almidón y determina buena parte del peso final.

Cuando el calor se intensifica, el desarrollo se acelera. La planta madura antes y dispone de menos tiempo para trasladar sus reservas hasta los granos. El resultado puede ser una cosecha con espigas aparentemente formadas, pero con semillas más pequeñas y ligeras.

El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea ha observado ese mismo efecto durante el verano de 2026. Las sucesivas olas de calor acortaron el llenado de los cereales de invierno en Europa y obligaron a revisar a la baja las previsiones de rendimiento.

Las investigaciones con trigo muestran además que las temperaturas elevadas durante esta etapa reducen la fotosíntesis y aceleran el envejecimiento de la planta. La intensidad del daño cambia según la variedad, la duración del episodio, el suelo y el agua disponible.

Eso explica que la caída no haya sido idéntica en todas las fincas de Barahona. Las parcelas sembradas antes, los terrenos que conservaron mejor la humedad y las zonas algo más frescas pudieron resistir mejor que aquellas alcanzadas por el calor en plena formación del grano.

El comienzo del verano ya había creado unas condiciones difíciles. Aemet calificó junio de 2026 como el segundo más cálido y el tercero más seco de la serie histórica en España, con una temperatura media 3,2 grados por encima del valor habitual.

"Un mes trabajando para recoger un 40% menos", resume Barahona. En las mejores parcelas se han alcanzado alrededor de 4.500 kilos por hectárea, pero la mayoría ha quedado lejos de los resultados obtenidos durante la campaña anterior.

Aunque estas cifras no pueden extrapolarse a todo el país, las estimaciones nacionales también apuntan a una campaña menos abundante. El Ministerio de Agricultura calcula que España superará los 18,5 millones de toneladas de cereales, por debajo de la media de las últimas cinco cosechas.

El contraste con el año anterior es amplio. La campaña 2025/2026 superó los 24 millones de toneladas y fue la mejor desde 2020. La nueva previsión vuelve a situar la producción en niveles más modestos, aunque los resultados definitivos dependerán de cómo termine la recolección.

Cuándo entra la cosechadora

El trabajo tampoco comienza simplemente cuando el campo parece seco. Antes de entrar en una parcela, Barahona toma muestras para conocer la humedad del cereal. En su caso, espera a que el grano se sitúe por debajo del 13%.

Recogerlo con demasiada humedad complica la conservación y puede obligar a realizar un secado posterior. Esperar demasiado también tiene riesgos, porque el grano puede perderse, romperse o quedar expuesto a tormentas cuando ya está listo para salir del campo.

Las muestras permiten analizar además el peso específico y las proteínas. El primero ayuda a saber hasta qué punto se ha llenado el grano, mientras que las proteínas influyen en su clasificación y en el uso comercial que recibirá después.

Una cosecha más pequeña tampoco implica automáticamente una calidad peor. Puede haber parcelas con menos volumen y buenos parámetros comerciales. El balance económico dependerá finalmente del rendimiento, la calidad obtenida, los gastos acumulados y el precio que reciba el agricultor.

Hace años, la cosecha avanzaba de forma más escalonada. Las máquinas comenzaban en las zonas cálidas y se desplazaban poco a poco hacia terrenos más altos y frescos, donde el cereal necesitaba algunos días más para madurar.

“Antes la campaña iba subiendo poco a poco. Ahora prácticamente se cosecha a la vez en Navarra, La Rioja y Burgos”, señala Barahona. La coincidencia reduce la disponibilidad de cosechadoras para los agricultores que dependen de empresas de servicios agrarios.

Una demora de pocos días puede obligar a cosechar con un grado de humedad distinto al previsto o dejar el cereal expuesto a una tormenta. El agricultor depende así del tiempo atmosférico, del estado del grano y de la disponibilidad de una máquina en el momento preciso.