El electricista Salva Orellana durante su entrevista en el pódcast 'Sector Oficios'.

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Ciencia

Los electricistas coinciden: "Las subvenciones son el cáncer de la fotovoltaica en España. Ojalá las quiten todas"

La energía fotovoltaica se ha expandido exponencialmente en España, dando lugar a un ahorro significativo en los hogares; sin embargo, existen otros beneficios.

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Las claves

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Muchos electricistas critican las subvenciones a la fotovoltaica en España, considerando que distorsionan el mercado y fomentan compras oportunistas.

La experiencia pasada muestra que las ayudas mal gestionadas pueden crear burbujas y ciclos de auge y caída en el sector fotovoltaico.

Estudios recientes indican que la decisión de instalar paneles solares depende de factores diversos, no solo económicos, y que las ayudas pueden ser clave para hogares vulnerables.

El debate gira en torno a cómo gestionar las subvenciones: incentivos bien diseñados y focalizados pueden acelerar la transición energética sin inflar precios ni generar distorsiones.

"Las subvenciones son el cáncer de la fotovoltaica en España. Ojalá las quiten todas". Esta frase no es inventada, sino que la pronuncian profesionales del mismo sector como el electricista Salva Orellana.

Se trata de una opinión provocadora que, a su vez, refleja una crítica recurrente entre los instaladores: las ayudas públicas pueden convertir una inversión energética a largo plazo en una compra oportunista, condicionada por los descuentos disponibles.

Según esta visión, muchos consumidores preguntan primero cuánto recibirán de subvención y solo después analizan si su vivienda, su curva de consumo o sus hábitos justifican realmente la inversión.

El problema no son las ayudas como tal, sino que el mercado se haya diseñado alrededor de estas. La experiencia española nos ofrece argumentos para la cautela.

No es solo ahorro

Entre los años 2007 y 2008, unas primas especialmente generosas para la producción provocaron una expansión fotovoltaica mucho mayor de lo previsto.

Sin embargo, una posterior modificación del marco regulatorio generó una significativa inseguridad jurídica, pérdida de confianza y un brusco frenado de las inversiones.

De hecho, este episodio se analizó como una auténtica "burbuja" en el informe Spain's Solar PV Investment Bubble: A Cautionary Tale. La lección no es que cualquier incentivo sea perjudicial, sino que las políticas inestables o mal gestionadas pueden crear ciclos artificiales de auge y caída.

Algo parecido, pero a menor escala, parece haber sucedido con el autoconsumo doméstico reciente. Tras el impulso de los fondos europeos y los elevados precios de la electricidad de 2021 y 2022, el crecimiento comenzó a desacelerarse.

España instaló 1.182 megavatios de autoconsumo en 2024, un 31% menos que el año previo. En 2025 se alcanzaron aproximadamente 9,3 gigavatios acumulados, pero el segmento residencial volvió a desacelerarse.

Esto sugeriría que parte de la demanda estaba asociada a estímulos coyunturales, como las subvenciones; también cabe destacar que influyen otros factores como la bajada del precio de la electricidad, los tipos de interés y la complejidad administrativa, entre otros.

Sin embargo, afirmar que las subvenciones son "el cáncer" de la fotovoltaica no tiene un respaldo científico real.

En este aspecto, un metanálisis sobre adopción residencial, que integró estudios con más de 1.700 participantes, llegó a la conclusión de que la decisión de instalar paneles solares depende de una combinación de beneficios percibidos, preocupación ambiental, influencia social y sensación de control sobre la inversión. Sí, el ahorro importa, pero no sería el único factor, ni siquiera el principal.

Además, las ayudas también pueden corregir una barrera evidente: el elevado desembolso inicial necesario para la instalación de placas solares; mayor si cabe si asociamos otras inversiones como la aerotermia.

Aunque la instalación se rentabilice durante los 20 o 25 años de funcionamiento, no todos los hogares tienen acceso al capital necesario.

Por tanto, sin mecanismos de financiación, deducciones fiscales o ayudas focalizadas, el autoconsumo corre el riesgo de quedar reservado a una parte de la población con rentas altas, dejando de lado a hogares vulnerables que son precisamente los que dedican una mayor proporción de sus ingresos a la energía.

Además, la rentabilidad sin subvenciones ya es posible en muchos casos. Otro estudio sobre autoconsumo residencial en España llegó a la conclusión de que la viabilidad depende del coste de la instalación, el perfil horario de consumo y la compensación de excedentes.

Otro análisis sobre comunidades energéticas españolas encontró ahorros económicos en todas las regiones estudiadas, incluso sin baterías, siempre que la planta estuviese correctamente dimensionada.

Asimismo, aunque muchos instaladores aconsejan tener en cuenta la independencia energética que otorgan estas instalaciones, cabe matizar este concepto. Una vivienda con paneles, pero sin batería ni sistema de respaldo, continuará dependiendo de la red en días poco soleados o ante un apagón.

Sí, la energía fotovoltaica aumenta la autosuficiencia y reduce la exposición a las oscilaciones del mercado, pero no otorga una independencia completa solo con paneles solares.

Por tanto, el debate real no debería estar entre si las subvenciones deben existir o no. La cuestión es cómo gestionarlas: las ayudas indiscriminadas pueden inflar precios, atraer instalaciones sobredimensionadas y generar compradores pendientes de la siguiente convocatoria.

En cambio, los incentivos previsibles, decrecientes y dirigidos al autoconsumo colectivo, al almacenamiento útil y a los hogares vulnerables pueden acelerar la transición energética sin deformar el mercado.