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Ciencia

Rosa Pérez, enfermera: “Los gases de los incendios se quedan en los pulmones y pueden pasar a la sangre"

Respirar humo forestal no es solo una molestia: puede agravar asma, dañar el sistema cardiovascular y aumentar hospitalizaciones.

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Las claves

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El humo de los incendios forestales contiene gases y partículas finas (PM2,5) que pueden quedar en los pulmones y pasar a la sangre, afectando la salud.

La composición del humo varía, incluyendo monóxido de carbono, dióxido de carbono, hidrocarburos y otras sustancias tóxicas, dependiendo de lo que arda.

Síntomas como irritación de ojos y garganta, tos, dificultad para respirar o empeoramiento del asma son frecuentes tras respirar humo, especialmente en personas vulnerables.

Las partículas finas del fuego pueden viajar grandes distancias, deteriorando la calidad del aire en zonas alejadas del incendio y aumentando el riesgo de hospitalizaciones por problemas respiratorios.

El humo de un incendio forestal puede viajar mucho más lejos que las llamas. A veces deja de oler, el cielo recupera algo de color y parece que el peligro ha pasado, pero las partículas pueden seguir flotando en el aire.

Rosa Pérez, enfermera y coordinadora de Divulgación de SEMES, advierte de que inhalar ese humo no es una molestia menor. “Se quedan en los pulmones, pueden pasar a la sangre y pueden alterar incluso el sistema inmunitario”, explicó a EFE Salud.

El humo no está formado solo por lo que vemos. Es una mezcla de gases y partículas generadas al arder árboles, matorral, viviendas, vehículos, plásticos u otros materiales que pueden aparecer en un incendio especialmente complejo.

Entre esos compuestos puede haber monóxido de carbono, dióxido de carbono, hidrocarburos, benceno, acroleína, aldehídos y partículas en suspensión. La composición exacta cambia según lo que esté ardiendo y las condiciones de la combustión.

La parte más preocupante suele estar en las partículas finas, conocidas como PM2,5. Son tan pequeñas que pueden entrar profundamente en los pulmones y alcanzar zonas a las que no llegan las partículas más grandes.

Ahí se entiende mejor la advertencia de Pérez. La EPA explica que estas partículas pueden desencadenar inflamación, estrés oxidativo y, en algunos casos, pasar desde los pulmones hacia la circulación sanguínea, afectando a otros sistemas del organismo.

El monóxido de carbono actúa de otra manera. Al inhalarse, se une a la hemoglobina de la sangre y dificulta el transporte normal de oxígeno. Por eso una exposición intensa puede provocar mareos, dolor de cabeza, debilidad o problemas cardiovasculares.

Los síntomas más habituales pueden aparecer mucho antes de una situación grave. Irritación de ojos y garganta, tos, mucosidad, picor, dolor torácico, dificultad para respirar o empeoramiento del asma son señales frecuentes tras respirar humo.

Las personas vulnerables deben tener especial cuidado. Niños, mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares pueden sufrir más cuando aumenta la concentración de partículas procedentes de incendios forestales.

La evidencia epidemiológica confirma que no se trata solo de incomodidad pasajera. Una revisión publicada en Environmental Research en 2025 relacionó la exposición a partículas procedentes de incendios con más ingresos hospitalarios, especialmente por causas respiratorias.

Las mascarillas también tienen límites. Un respirador bien ajustado puede reducir la entrada de partículas finas, pero las mascarillas quirúrgicas o de papel no protegen igual y no filtran necesariamente todos los gases presentes en el humo.

Cuando las autoridades recomiendan quedarse en casa, la medida tiene sentido. Conviene cerrar puertas y ventanas, reducir entradas de aire exterior, evitar ejercicio intenso y permanecer en espacios interiores lo más limpios posible.

El peligro tampoco termina porque el incendio esté lejos. Las PM2,5 pueden viajar decenas o cientos de kilómetros empujadas por el viento, deteriorando la calidad del aire en lugares que nunca estuvieron amenazados directamente por el frente.

Por eso el humo es una de las partes más traicioneras de un incendio. No hace ruido, no siempre se ve con claridad y puede seguir afectando al cuerpo cuando las llamas ya quedan muy lejos.