Escarabajo marrón en el campo.

Escarabajo marrón en el campo. Freepik

Ciencia

Vicent Sabater, agricultor: “Con el calor nos viene otro problema, las plagas, y tenemos que aplicar más tratamientos”

Las olas de calor cambian el campo valenciano: menos horas de trabajo, cítricos más pequeños y más presión de plagas.

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Las claves

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El calor extremo favorece la proliferación de plagas agrícolas como la araña roja, obligando a los agricultores a aplicar más tratamientos.

Las altas temperaturas y la sequía debilitan las plantas, haciéndolas más vulnerables a los ataques de plagas y reduciendo su capacidad de defensa.

El cambio climático está alterando la distribución y ciclos reproductivos de las plagas, incrementando el impacto económico para los agricultores.

La falta de agua afecta el tamaño y calidad de los cítricos, lo que puede reducir su precio y aumentar los costes de producción.

El calor extremo no solo complica las jornadas de quienes trabajan en el campo. Cuando las temperaturas se mantienen altas durante varios días, también cambian las condiciones en las que sobreviven, se reproducen y avanzan algunas plagas agrícolas.

Vicent Sabater, agricultor y secretario comarcal de La Unió Llauradora i Ramadera en la Safor, lo ha explicado en Cadena Ser con una frase sencilla: “Con el calor nos viene otro problema, el de las plagas”.

El ejemplo que menciona es la araña roja, un pequeño ácaro que puede atacar hojas y frutos. “Nos vemos obligados a aplicar más tratamientos para combatirla”, señala Sabater sobre la presión que soportan los agricultores valencianos.

El nombre engaña un poco. No es una araña ni un insecto, sino un ácaro diminuto que perfora las células de la planta para alimentarse. Cuando la población crece, el cultivo pierde fuerza y aparecen daños visibles.

La relación con la temperatura tiene base biológica. En Tetranychus urticae, una de las especies más conocidas, el desarrollo juvenil se ha estudiado entre 16 y 33 grados, mostrando una fuerte dependencia del calor.

Con menos agua responden peor

Eso no significa que cada subida del termómetro traiga automáticamente más plagas. Cada organismo tiene límites distintos, y un calor extremo también puede perjudicarlo. El problema aparece cuando coinciden temperaturas altas, sequedad y plantas ya estresadas.

Una revisión publicada en Nature Reviews Earth & Environment apunta en esa dirección. El calentamiento está modificando la distribución de numerosas plagas agrícolas y puede favorecer que algunas completen más generaciones reproductivas dentro de un mismo año.

La sequía añade otra capa. Cuando la planta llega al verano con menos agua, responde peor al ataque. Pierde margen para defenderse, mientras algunos enemigos naturales de las plagas también pueden verse afectados por el estrés ambiental.

En la Safor, el calor está cambiando incluso los horarios de trabajo. Sabater explica que la costumbre de empezar temprano y seguir hasta las dos de la tarde resulta cada vez más difícil durante los episodios más duros.

Algunos agricultores han mecanizado parcelas para poder trabajar de noche. La medida reduce la exposición al sol, pero también concentra en menos horas tareas que siguen siendo necesarias y que no siempre pueden aplazarse.

La falta de humedad preocupa especialmente en los cítricos. Sabater advierte de que puede reducir el tamaño de la naranja, un detalle comercial importante porque el calibre influye directamente en el precio final de la cosecha.

El golpe económico puede llegar por varios lados a la vez. Si hay que aplicar más tratamientos justo cuando el fruto pierde tamaño o calidad, el agricultor soporta más costes y, al mismo tiempo, el riesgo de cobrar menos.

El contexto climático tampoco ayuda. AEMET calificó junio de 2026 como extremadamente cálido y muy seco en España: fue el segundo junio más cálido y el tercero más seco de la serie desde 1961.

En la Comunitat Valenciana, junio también fue muy seco: la precipitación acumulada quedó un 77% por debajo del promedio climático y la temperatura media superó en 2,6 grados el valor de referencia.

Así, una ola de calor no termina cuando el agricultor vuelve a casa. Puede quedarse en la parcela en forma de hojas vigiladas, frutos más pequeños, más tratamientos, más gasto y una plaga diminuta que aprovecha cada verano seco.