Perro en un parque.

Perro en un parque. Freepik

Ciencia

Los veterinarios coinciden: pasear al perro con más de 24 ºC puede ser peligroso incluso si parece que no hace tanto calor

Pasear al perro con calor no depende solo del termómetro: hocico corto, sobrepeso, edad y ejercicio cambian mucho el riesgo.

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Las claves

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Pasear al perro con más de 24 ºC puede ser peligroso, especialmente si hay sol, humedad, asfalto caliente o ejercicio intenso.

El riesgo de golpe de calor depende de factores como la raza, peso, edad, condición física y las características del paseo.

Los perros braquicéfalos, mayores, con sobrepeso o problemas respiratorios son especialmente vulnerables al calor.

Se recomienda pasear en horas frescas, evitar el asfalto caliente y vigilar signos de agotamiento o golpe de calor como jadeo fuerte o debilidad.

Salir a pasear al perro con 24 ºC puede parecer inofensivo para una persona, pero no siempre lo es para un animal. El riesgo depende del sol, humedad, asfalto, raza, peso, edad y esfuerzo del paseo.

La cifra que sostiene el titular aparece en varias guías veterinarias de calor. ManyPets sitúa los 24-26 ºC como franja “demasiado arriesgada” y recomienda salir solo si es imprescindible, durante muy poco tiempo y por sombra.

El matiz es importante: 24 ºC no es una frontera mágica que vuelva peligroso cualquier paseo para todos los perros. El Royal Kennel Club recuerda que muchos están cómodos entre 15 y 25 ºC, según cada animal.

Por eso los veterinarios insisten en mirar al perro, no solo la previsión meteorológica. Un bulldog francés mayor y con sobrepeso no tolera igual un paseo al sol que un perro joven, delgado y entrenado.

Dogs Trust lo resume con una advertencia sencilla: los perros deben salir en horas frescas y con especial cuidado si son mayores, tienen sobrepeso, dificultad respiratoria o pertenecen a razas de hocico corto.

La razón está en cómo regulan la temperatura. Los perros no sudan como los humanos, salvo de forma limitada por las almohadillas. Su principal mecanismo para enfriarse es jadear, un sistema peor cuando hay humedad.

Ahí entran las razas braquicéfalas, como carlinos, bulldogs ingleses, bulldogs franceses o bóxers. Al tener hocico corto y vías respiratorias menos eficientes, pueden disipar peor el calor y entrar antes en estrés térmico serio con rapidez.

El Royal Veterinary College lo ha estudiado con datos clínicos. Un trabajo de VetCompass publicado en Scientific Reports encontró que los perros braquicéfalos, los de mayor peso y algunos animales con sobrepeso tenían más riesgo.

El gran error es pensar que el peligro aparece solo con temperaturas extremas. Otro estudio de VetCompass identificó casos de enfermedad por calor con temperaturas ambientales bastante más bajas de lo que muchos dueños considerarían peligrosas.

Ese dato cambia la lectura del paseo. El problema no es solo estar al aire libre, sino moverse, correr, tirar de la correa, subir cuestas o jugar cuando el perro ya no logra expulsar calor suficiente.

La actividad física pesa mucho. Un estudio del Royal Veterinary College revisó más de 900.000 historiales veterinarios y concluyó que el ejercicio fue el desencadenante más frecuente de enfermedad por calor en perros, por encima de otros escenarios.

Eso no significa que los coches no sean peligrosos, sino que el paseo también puede serlo. Una caminata normal en un día templado, si se hace al sol, sobre asfalto o con un perro vulnerable, puede acabar mal.

El suelo añade otro riesgo. El asfalto puede calentarse mucho más que el aire, sobre todo bajo sol directo. La British Veterinary Association recomienda hacer la prueba de cinco segundos con la mano antes de salir.

Si el pavimento quema para una persona, también puede quemar las almohadillas del perro. El Royal Kennel Club propone una prueba similar de siete segundos con el dorso de la mano sobre la superficie caliente.

Las señales de alarma no deben esperar al colapso. La BVA cita jadeo fuerte, babeo, inquietud, encías muy rojas o muy pálidas, falta de coordinación y debilidad como posibles avisos de golpe de calor urgente.

En ese caso, la reacción debe ser rápida. Hay que llevar al animal a un lugar fresco y ventilado, ofrecer pequeñas cantidades de agua si puede beber, mojar el cuerpo con agua fresca y contactar con el veterinario.

La prevención es más sencilla que el tratamiento. En días cálidos, lo prudente es salir temprano o tarde, evitar horas centrales, buscar sombra, llevar agua y cambiar el paseo largo por salidas breves de higiene.

También conviene adaptar el plan al perro real. Cachorros, sénior, perros con obesidad, problemas cardíacos o respiratorios, razas de hocico corto y animales poco entrenados necesitan más protección que un adulto sano y acostumbrado durante verano.

A partir de 24 ºC, el margen se estrecha para muchos perros, especialmente si hay sol, humedad, asfalto caliente o ejercicio intenso.