Perro combaleciente.
David Killick, veterinario oncólogo: “Es importante entender los riesgos de cáncer, también en mascotas”
El cáncer en perros y gatos empieza a medirse mejor: más de un millón de registros ayudan a conocer riesgos por raza y tumor.
Más información: Marruecos apuesta por las desaladoras: invierte más de 12.000 millones de euros para sacar agua potable del mar
Hablar de cáncer en perros y gatos todavía incomoda a muchos dueños. Durante años se asoció a bultos visibles, diagnósticos tardíos o tratamientos imposibles, pero la oncología veterinaria está cambiando con una idea sencilla: medir mejor el riesgo.
El aviso lo resume David Killick, profesor de Oncología Veterinaria en la Universidad de Liverpool: “Es importante entender los riesgos de cáncer, y esto también se aplica a las mascotas”. La frase marca un cambio de enfoque.
Investigadores de Liverpool y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria han creado la mayor base abierta de tumores caninos y felinos del mundo, con más de un millón de registros diagnósticos contrastados.
La herramienta intenta resolver un problema muy concreto. En medicina humana existen registros de cáncer que permiten estudiar patrones por edad, sexo o territorio; en animales de compañía, muchos datos quedaban dispersos en laboratorios privados.
Ese salto de escala importa porque el cáncer no afecta igual a todos los animales. Raza, edad, sexo, esterilización, genética, ambiente y tipo de tumor pueden modificar el riesgo y también la forma de vigilar señales tempranas.
La importancia de la edad
Liverpool subraya que el registro reúne más de 200 razas y más de 150 tipos de tumores. Esa amplitud permite estudiar cánceres raros y razas poco frecuentes con una precisión que antes era casi imposible.
No es un punto de partida aislado. Un trabajo publicado en Scientific Data ya describió un registro construido con informes electrónicos de patología de SAVSNET, que identificó 109.895 neoplasias en perros y gatos del Reino Unido.
La utilidad para las familias es directa. Si se conocen mejor los riesgos por raza y tumor, el veterinario puede orientar revisiones, interpretar cambios pequeños y explicar qué señales merecen una consulta sin convertir todo en alarma.
La cifra general ya justifica atención. La American Veterinary Medical Association estima que uno de cada cuatro perros desarrollará cáncer durante su vida, y que el riesgo sube a uno de cada dos en mayores de diez años.
En gatos, la incidencia suele citarse como algo menor, aunque importante. El Flint Animal Cancer Center de Colorado State University resume que uno de cada cinco gatos desarrollará cáncer a lo largo de su vida.
El problema es que muchos signos pasan desapercibidos. Un bulto nuevo, una herida que no cura, adelgazamiento, pérdida de apetito, cojera persistente, dificultad para respirar o cansancio anormal no deberían esperar semanas sin revisión veterinaria.
Texas A&M recuerda que los síntomas pueden ser sutiles y confundirse con problemas menores. En perros son frecuentes tumores mamarios, osteosarcoma, mastocitomas, sarcomas y linfoma; en gatos destacan mamarios, linfoma y carcinoma escamoso cutáneo.
La prevención realista no promete evitar todos los tumores. Consiste en conocer al animal, tocar su cuerpo, vigilar peso, piel, boca, movilidad, apetito y conducta, y consultar cambios persistentes antes de que el deterioro sea evidente.
Por eso el mensaje de Killick funciona como una actualización necesaria para dueños de mascotas. El cáncer en mascotas no empieza en el diagnóstico; empieza antes, en los datos, el riesgo y la capacidad de detectar señales cuando todavía hay margen.