Un gato en la calle.

Un gato en la calle. Istock

Ciencia

Los veterinarios avisan: dejar que los gatos salgan al exterior sin supervisión aumenta el riesgo de infectar a sus dueños

Los gatos que vagaban fuera de casa presentaron tres veces más probabilidades de infección que aquellos que vivían exclusivamente en interiores.

Más información: Los veterinarios están de acuerdo: dejar que los gatos salgan a la calle de forma supervisada mejora su conducta

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Las claves

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Los gatos que salen al exterior sin supervisión tienen hasta tres veces más riesgo de infectarse con patógenos que pueden transmitirse a humanos.

El contacto con roedores, pulgas, garrapatas y otros animales aumenta la exposición de los gatos a agentes zoonóticos peligrosos para las personas.

Veterinarios recomiendan evitar que los gatos vaguen libremente y aconsejan planes de control de parásitos y revisiones periódicas según el riesgo individual.

Alternativas como terrazas protegidas, paseos con arnés y enriquecimiento ambiental en casa pueden reducir el riesgo sin privar al gato del estímulo exterior.

Un gato que sale solo puede cazar roedores, pelearse con otros felinos y recoger pulgas o garrapatas. Cada una de esas situaciones aumenta su contacto con patógenos capaces de afectar también a las personas.

Una revisión mundial publicada en PLOS Pathogens analizó más de 174.000 gatos y concluyó que aquellos que salían sin supervisión tenían tres veces más probabilidades de presentar una infección que los que vivían dentro de casa.

Aunque el estudio no contabilizó contagios dentro de los hogares, afirma que las salidas libres facilitan que el gato adquiera y expulse agentes zoonóticos. De esta forma, se crean más oportunidades de exposición para quienes conviven con él.

Las conclusiones del estudio están en línea con recomendaciones veterinarias. ESCCAP España considera de alto riesgo a los gatos con acceso ilimitado al exterior. Por ello, se aconseja evitar que vaguen sin supervisión.

La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales también recomienda preparar un plan de control de parásitos antes de permitir las salidas, especialmente en lugares donde hay pulgas, garrapatas o vermes de forma habitual.

El equipo dirigido por Amy G. Wilson, de la Universidad de Columbia Británica, reunió 604 estudios realizados en 88 países. En ellos aparecieron 97 especies de patógenos con capacidad zoonótica.

Los investigadores separaron a los animales en tres grupos. Compararon gatos que vivían dentro de casa, gatos con dueño que salían libremente y gatos ferales, aquellos que viven sin un control humano estable.

Los gatos domésticos que vagaban por el exterior mostraban un riesgo muy parecido al de los ferales. Recibir comida, tener un hogar o acudir al veterinario no compensaba la exposición asociada a esas salidas.

Las diferencias más claras aparecieron en dos parásitos. Los gatos con acceso exterior tenían más del triple de probabilidades de presentar Toxoplasma gondii y casi cinco veces más en el caso de Toxocara cati.

El riesgo no era igual para todos los microorganismos. Aun así, el patrón general se repetía porque el exterior ofrece más oportunidades para cazar presas infectadas, entrar en contacto con otros animales o adquirir parásitos externos.

Los roedores ocupan un lugar importante en esa cadena. Un gato puede infectarse al capturarlos o ingerirlos y regresar después a casa, donde mantiene un contacto estrecho con personas, muebles, camas y otros animales.

Las pulgas también pueden transportar bacterias como las del género Bartonella. Otros agentes llegan a través de garrapatas, suelos contaminados, agua, restos animales o la sangre y la orina de una presa infectada.

Los autores calcularon que los gatos con salidas libres tenían entre tres y cinco veces más probabilidades de expulsar algún patógeno mediante la orina o las heces. Así pueden contaminar el entorno doméstico o los espacios públicos.

Las vías de exposición humana cambian según el agente. Pueden intervenir el suelo contaminado, unas manos mal lavadas, las pulgas, los arañazos, las mordeduras o las presas que el gato lleva hasta la vivienda.

Encontrar un microorganismo en un gato no confirma que vaya a contagiar a una persona. La posibilidad depende del patógeno, la cantidad eliminada, la higiene del hogar y la salud de quienes viven en él.

Cómo reducir la exposición

ESCCAP España indica que en los gatos con acceso ilimitado al exterior “el riesgo de infección por vermes es alto”. La caza y la probable ingestión de roedores explican buena parte de esa clasificación.

Para estos animales recomienda realizar análisis de heces al menos cuatro veces al año y tratar cuando sea necesario, o seguir una pauta antiparasitaria periódica adaptada por el veterinario al riesgo de cada gato.

La frecuencia puede cambiar según el lugar de residencia, la dieta, los viajes y los hábitos de caza. Administrar antiparasitarios por cuenta propia tampoco garantiza una protección completa, porque ningún producto cubre todos los agentes zoonóticos.

La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales aconseja mantener la prevención durante toda la vida. También recomienda revisar el pelo y la piel después de las salidas y consultar cualquier hallazgo de pulgas o garrapatas.

La higiene cotidiana reduce otras vías de exposición. La entidad propone limpiar regularmente el arenero, eliminar las heces de forma segura, lavarse las manos después y evitar las dietas basadas en carne cruda.

Mantener al gato seguro no obliga a privarlo del exterior. Los recintos cerrados, las terrazas protegidas y los paseos con arnés permiten que explore con menos contacto con presas, animales desconocidos y zonas contaminadas.

La vida dentro de casa también exige atención. Zonas altas, escondites, rascadores, ventanas seguras y sesiones diarias de juego ayudan a que el gato pueda trepar, vigilar, perseguir y descansar sin salir a vagar.

Los gatos que ya salen necesitan una revisión veterinaria periódica que tenga en cuenta su territorio y sus costumbres. El profesional puede ajustar la vacunación, los análisis y el control de parásitos al riesgo real de cada animal.