El carro de bronce hallado en Casas del Turuñuelo.

El carro de bronce hallado en Casas del Turuñuelo. César Hernández (CSIC)

Ciencia

España cambia la historia: hallan un carro ritual de hace 2.500 años único en el mundo vinculado con Grecia y Egipto

España suma una pieza única al puzle de Tarteso: un carro ritual de bronce hallado en Badajoz revela conexiones con Grecia, Egipto y Etruria.

Más información: Marruecos da una lección a España: un hallazgo de 773.000 años supera a Atapuerca y cambia la historia humana

Publicada
Las claves

Las claves

Arqueólogos hallan en Casas del Turuñuelo, Badajoz, un carro ritual de bronce de hace 2.500 años, considerado único en la Península Ibérica.

El carro, con decoración inspirada en Grecia, Egipto y Etruria, muestra símbolos como Aqueloo y grifos, lo que evidencia conexiones mediterráneas.

El hallazgo refuerza la idea de que la sociedad tartésica integraba objetos, tecnologías y símbolos extranjeros en sus propios rituales y ceremonias.

La pieza fue encontrada junto a otros materiales lujosos, demostrando el poder económico y la sofisticación de las élites locales de Tarteso.

España acaba de sumar una pieza inesperada al puzle de Tarteso. En Casas del Turuñuelo, en Guareña, Badajoz, los arqueólogos han hallado un carro ritual de bronce de hace unos 2.500 años.

El descubrimiento procede de la VIII campaña de excavaciones liderada por el Instituto de Arqueología de Mérida, centro mixto del CSIC y la Junta de Extremadura. La pieza fue presentada como única en la Península Ibérica.

El dato que sostiene el titular tiene matiz. Los investigadores no hablan de un simple carro antiguo, sino de un objeto votivo, ceremonial, con una estructura y una decoración nunca vistas hasta ahora en la arqueología peninsular.

Esther Rodríguez y Sebastián Celestino, codirectores de la excavación, lo resumieron con una frase muy gráfica: habían buscado “por tierra, mar y aire” sin encontrar nada igual entre los paralelos conocidos.

No era un carro de transporte cotidiano ni una pieza militar. Se ha recuperado la mitad, con dos ruedas y parte de la caja, pero basta para leer una tecnología y una simbología muy poco habituales.

La pieza apareció en el sector sur del edificio principal del Turuñuelo, junto a espacios vinculados a prácticas rituales. Los arqueólogos creen que pudo emplearse en ceremonias, quizá para hacer brasas o quemar resinas aromáticas.

La antigua Etruria

La decoración es uno de los elementos más sorprendentes. En la parte frontal aparece Aqueloo, divinidad fluvial de tradición griega; en los laterales hay dos grifos, criaturas mitológicas con cabeza de águila y cuerpo de león.

En los extremos figuran dos personajes humanos que sostienen el conjunto. Algunos detalles recuerdan al mundo egipcio, mientras que los paralelos estructurales más cercanos apuntan hacia Etruria, en la actual Italia central.

Ahí empieza la conexión mediterránea. Aqueloo remite al mundo griego, los grifos tienen una larguísima tradición oriental y los paralelos etruscos sugieren que Tarteso participaba en redes de lujo mucho más amplias.

La Junta de Extremadura señala que los únicos ejemplos similares se han localizado en la antigua Etruria. Las primeras interpretaciones plantean incluso que el carro pudo llegar desde allí al suroeste peninsular.

El hallazgo no apareció aislado. En la campaña también se han recuperado cerámicas, marfiles y otros materiales que refuerzan las conexiones entre Casas del Turuñuelo y distintos territorios del Mediterráneo durante el siglo V a. C.

La importancia de la pieza está precisamente en eso. No habla solo de un objeto extraño, sino de una sociedad capaz de recibir, entender y reutilizar símbolos, tecnologías y materiales llegados de mundos lejanos.

Tarteso no aparece aquí como una cultura aislada ni como una periferia pasiva. El Turuñuelo muestra élites locales con poder económico, rituales complejos y capacidad para integrarse en circuitos comerciales mediterráneos de largo alcance.

El yacimiento lleva años cambiando la imagen de esta civilización. Bajo un gran túmulo se conserva un edificio monumental que fue destruido, incendiado, sellado y cubierto con arcilla hace unos 2.500 años.

Ese final violento es parte del misterio y de la conservación. Gracias al sellado, muchos materiales han quedado protegidos durante siglos, como si el edificio funcionara hoy como una cápsula arqueológica del mundo tartésico.

En campañas anteriores ya aparecieron hallazgos excepcionales: esculturas humanas, una gran hecatombe animal, una escalera monumental, una tablilla con escritura paleohispánica y sistemas hidráulicos avanzados para la arquitectura protohistórica peninsular.

El nuevo carro se suma a esa lista, pero con una carga simbólica especial. Su tamaño, decoración y posible uso ritual lo convierten en una pieza difícil de comparar dentro del Mediterráneo occidental antiguo.

La lectura más prudente no es decir que el carro sea simplemente griego, egipcio o etrusco. Lo interesante es la mezcla: una cultura tartésica capaz de integrar objetos extranjeros dentro de sus propios rituales.

Ese punto cambia el relato. Lo encontrado en Badajoz no parece una copia pasiva, sino una hibridación cultural: comercio de lujo, símbolos compartidos, élites locales y una religiosidad que conectaba el Guadiana con el Mediterráneo.