Un gato en una imagen de archivo.

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Ciencia

Carlos Gutiérrez, veterinario: "Los gatos blancos son menos tímidos que los negros y tienen un carácter muy afable"

El especialista también reconoce que los gatos blancos con ojos azules tienen unas probabilidades bastante altas de ser sordos.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

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El veterinario Carlos Gutiérrez afirma que los gatos blancos suelen ser más sociables y afables que los negros, que tienden a ser más reservados.

Estas diferencias de comportamiento podrían estar relacionadas con la genética y la selección histórica, aunque no se consideran reglas universales.

La percepción social y los prejuicios han afectado negativamente las tasas de adopción de gatos negros frente a los de colores claros.

Expertos insisten en valorar el carácter individual de cada gato, ya que el entorno y la socialización influyen notablemente en su comportamiento.

El misterio alrededor del comportamiento felino siempre ha suscitado interés tanto entre especialistas como entre propietarios, generando diversas teorías acerca de su origen. Uno de los indicadores clave podría ser precisamente el color de su pelaje.

Así lo sugiere el veterinario Carlos Gutiérrez, quien asegura en un vídeo publicado en su canal de YouTube que existen diferencias apreciables entre los gatos blancos y los negros.

El especialista basa su afirmación en la observación clínica y en estudios que apuntan a una relación entre genética, pigmentación y conducta, aunque advierte de que el entorno y la socialización siguen siendo factores determinantes en la personalidad felina.

Según Gutiérrez, los gatos blancos tienden a mostrar un carácter más sociable, tolerante y cercano con humanos, lo que facilita su adaptación a entornos domésticos, mientras que los ejemplares negros suelen presentar conductas reservadas o cautelosas ante estímulos nuevos.

Comportamientos asociados al color

Esta diferencia, explica, podría estar relacionada con la selección genética histórica, ya que ciertos rasgos de comportamiento se habrían asociado a determinados patrones de color, reforzándose con el tiempo a través de la cría y la preferencia humana actual.

No obstante, el veterinario insiste en que no se trata de una regla universal, sino de tendencias generales observadas en consulta, donde influyen factores como la edad, el sexo, la experiencia del animal y la interacción con sus cuidadores.

Algunos estudios internacionales han explorado esta posible relación, encontrando correlaciones débiles entre color del pelaje y ciertos rasgos de temperamento, aunque la evidencia científica sigue siendo limitada y, en muchos casos, basada en encuestas a propietarios de gatos domésticos.

En este sentido, los expertos en comportamiento animal recuerdan que los gatos no pueden clasificarse por su apariencia, ya que cada individuo desarrolla su personalidad en función de su entorno, su historia vital y la calidad de los cuidados recibidos.

Pese a ello, la percepción social sobre los gatos negros sigue estando marcada por prejuicios históricos y supersticiones, que han contribuido a menores tasas de adopción en refugios, en contraste con la popularidad de los gatos de colores claros.

Gutiérrez considera que estas creencias pueden influir indirectamente en el comportamiento observado, ya que los animales que reciben menos interacción positiva o que pasan tiempo en entornos estresantes pueden desarrollar actitudes más defensivas o esquivas frente a las personas.

El debate sobre si el color influye en la personalidad animal está abierto en la comunidad científica, donde se reclaman estudios más amplios y controlados que permitan aislar variables y determinar hasta qué punto existe una base biológica en las diferencias.

Mientras tanto, los veterinarios recomiendan valorar el carácter individual de cada gato antes de adoptar, evitando decisiones basadas solo en el aspecto físico, y apostando por una convivencia responsable que tenga en cuenta las necesidades emocionales del animal doméstico.

En cualquier caso, la popularidad de tipo de teorías refleja el interés creciente por comprender la conducta de los animales de compañía, así como por fortalecer el vínculo entre humanos y mascotas a través del conocimiento y la observación.