Dos gatos abrazados.

Dos gatos abrazados. Istock

Ciencia

Los veterinarios coinciden: el afecto de los gatos está determinado por el apego de sus propios dueños

Aunque los gatos tienen la mala fama de ser vistos como antipáticos o incluso ariscos, la realidad es que sí sienten apego profundo por sus dueños.

Más información: Los veterinarios están de acuerdo: el apego de los gatos está determinado por el afecto de sus propios dueños

Publicada
Las claves

Las claves

Estudios científicos demuestran que los gatos desarrollan vínculos afectivos estables con sus dueños, similares a los de niños y perros.

Aproximadamente dos tercios de los gatos analizados muestran un patrón de apego seguro hacia sus cuidadores, reduciendo su estrés al reencontrarse con ellos.

El apego en los gatos se basa en la convivencia diaria y la sensación de seguridad que transmite el dueño, más que en trucos o premios puntuales.

El comportamiento independiente de los gatos no implica falta de apego, sino que puede ser una señal de una relación sana y segura con su dueño.

Durante años, el gato ha cargado con una fama injusta sobre sus espaldas: independiente, distante, interesado e incluso, para algunos, egoísta. Por su parte, el perro siempre ha sido visto como "el mejor amigo del hombre".

El gato ha acabado relegado a una imagen mucho más fría, como si tan solo tolerase la presencia humana a cambio de comida, cobijo y un sofá cómodo. Sin embargo, la ciencia lleva años desmontando este típico tópico.

Uno de los estudios más interesantes al respecto se publicó hace ya algunos años, en época "pre-COVID", llegando a una interesante conclusión: los felinos también se apegan profundamente a las personas con las que conviven, y no solo es cuestión de interés.

El estudio, publicado el pasado año 2019 en la revista Current Biology a cargo de los investigadores de la Universidad Estatal de Oregón, analizó el vínculo entre gatos y humanos usando un método inspirado en los estudios clásicos de apego infantil.

Más apego, menos estrés

La idea era simple, pero llamativa: observar cómo reacciona un gato cuando está en un entorno desconocido, se queda solo durante un breve periodo temporal y después vuelve a reunirse con su cuidador.

Este procedimiento se ha usado durante décadas para analizar el apego entre bebés y padres. Primero, el gato entraba en una habitación nueva junto a su dueño. Después, el dueño se marcha y el animal se queda solo. Finalmente, el dueño regresa.

La importancia no radica tan solo en si el gato maúlla, se esconde o se acerca, sino en cómo cambia su conducta cuando reaparece su figura de referencia y seguridad. Como resultado, alrededor de dos tercios de los gatos estudiados mostraron un patrón de apego seguro.

Al reencontrarse con su cuidador, los gatos reducían su nivel de estrés y recuperaban su motivación por explorar el entorno. Es decir, la presencia del dueño del gato funcionaba como "red de seguridad"; no necesitaban un apego total y mantenido, pero sí parecían usarlo como punto de calma para enfrentarse a una situación desconocida.

El resto de los gatos estudiados mantuvieron patrones de apego inseguro. Algunos gatos permanecían muy alterados, mientras que otros evitaban el contacto e incluso algunos alternaban aproximación y rechazo.

Saber esto es importante, dado que nos ayuda a interpretar muchas conductas felinas: un gato que se esconde, que evita el contacto o parece "pasar" de su dueño no significa que no lo necesite o que carezca de vínculo; puede ser un gato que experimenta inseguridad, estrés o bien una forma menos estable de relación.

Como dato llamativo, cabe destacar que los porcentajes observados en gatos se parecían mucho a los descritos en niños pequeños, y también en perros. Aproximadamente el 65% de los felinos estudiados mostró apego seguro, una proporción muy similar a la de los datos adultos.

De hecho, estas cifras cuestionarían la idea de que los gatos domésticos son animales socialmente pobres o indiferentes; más bien al contrario: cuando viven en dependencia de un humano, pueden desarrollar vínculos afectivos estables y medibles.

Además, los investigadores comprobaron que estos estilos de apego no cambiaban de forma significativa tras un programa de entrenamiento y socialización de seis semanas.

Esto, a su vez, sugeriría que, una vez establecido el vínculo, este tiende a mantenerse durante el tiempo. No significa que no podamos mejorar nuestra relación con un gato, pero sí que el apego no se construye solo con trucos, juegos o premios puntuales: se forma a través de la convivencia diaria, la previsibilidad, el respeto de sus tiempos y la sensación de seguridad que pueda transmitirse el dueño al gato.

Los vínculos con perros y gatos son diferentes, y no deben compararse. El vínculo existe, pero se expresa de forma diferente. Un gato seguro no tiene por qué ser "pegajoso"; puede ser autónomo e independiente, y esto no significa necesariamente que no sienta apego. De hecho, este comportamiento puede ser una confirmación de un buen vínculo.