Imagen de archivo del primer ministro de Portugal, Luís Montenegro.

Imagen de archivo del primer ministro de Portugal, Luís Montenegro. EFE/EPA/Estela Silva

Ciencia

Portugal da una lección a España: instalan túneles submarinos para producir 43,2 millones de litros de agua

Mientras España persiste en los debates sobre restricciones y potenciales trasvases, nuestro vecino más próximo ha decidido actuar de una forma diferencial.

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Las claves

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Portugal ha instalado túneles submarinos en el Algarve para captar agua del Atlántico y producir hasta 10 millones de litros de agua potable al día mediante desalación avanzada.

El proyecto, valorado en 107 millones de euros, permitirá abastecer hasta el 20% del consumo urbano de la región, especialmente afectada por la sequía y el turismo.

La planta desaladora usará energía solar y tecnología avanzada para reducir el consumo energético y el impacto ambiental.

Aunque ha habido retrasos por litigios sobre los terrenos, el Gobierno portugués mantiene la obra como una prioridad para asegurar el suministro de agua.

Cuando hablamos de Península Ibérica solemos caer irremediablemente en la trampa de identificar tan solo a España, con todas sus consecuencias. Sin embargo, debemos recordar que nuestro vecino Portugal también sufre las mismas consecuencias climáticas que nosotros, aunque su forma de actuar ha dejado de ser la misma que la nuestra.

A pesar de sufrir las mismas sequías, no se han enquistado en los eternos debates por trasvases o restricciones hídricas. Por el contrario, Portugal ha decidido levantar en el Algarve una gigantesca estructura submarina capaz de captar agua del Atlántico y convertirla en millones de litros de agua potable cada día.

Se trata de un proyecto valorado en 107 millones de euros cuya idea es relativamente sencilla: aprovechar el océano como fuente inagotable de agua dulce mediante desalación avanzada.

La idea del país vecino es instalar dos enormes estructuras submarinas conectadas a tuberías que funcionarán como una especie de "túneles" bajo el mar, a tan solo dos kilómetros de la costa portuguesa.

Cómo aprovechar el agua

La misión de dichas estructuras será aspirar el agua del océano Atlántico de forma continua y enviarla a tierra firme para su posterior tratamiento y desalación.

El plan es que la futura planta desaladora estará ubicada en Albufeira, en pleno Algarve, una de las regiones europeas más castigadas por la escasez de agua.

De hecho, allí el turismo dispara el consumo de agua precisamente en los meses más secos del año, dando lugar a una combinación explosiva: menor tasa de lluvias, embalses al mínimo y una presión creciente sobre acuíferos y reservas naturales.

Se trata de un problema estructural y no puntual, como bien ha entendido Portugal.

Se espera que la instalación tenga una capacidad inicial de unos 43 millones de litros diarios de agua potable, equivalentes a más de 16 millones de metros cúbicos al año. Algunas estimaciones sugieren que la infraestructura podría cubrir alrededor del 20% del consumo urbano actual del Algarve.

Por otra parte, cabe destacar el potencial tecnológico de la infraestructura. El sistema usará procesos avanzados de desalación con medidas orientadas a reducir el consumo energético y el impacto ambiental.

Entre estas medidas está la integración de energía solar fotovoltaica para alimentar la instalación. Durante años, la desalación se había visto como una solución cara, tanto a nivel económico como energético, a la par que poco sostenible; sin embargo, las cosas han cambiado.

Las mejoras de las membranas de filtración, la eficiencia energética y el uso de las energías renovables han reducido significativamente los costes. De hecho, muchos expertos ya consideran que las desaladoras serán imprescindibles en las próximas décadas, especialmente en los países del sur de Europa. Y ahí es donde, inevitablemente, aparece la comparación entre Portugal y España.

Mientras que nuestros vecinos del oeste aceleran la implementación de proyectos estratégicos para blindar su suministro hídrico, España continúa dependiendo en gran medida de infraestructuras con décadas de antigüedad, además de mantener la dependencia de un modelo hídrico cada vez más tensionado por el cambio climático.

Esto es más paradójico si cabe cuando recordamos que España es uno de los líderes mundiales en tecnología de desalación: Murcia, Alicante o Almería llevan años usando agua desalada para abastecimiento y agricultura; sin embargo, muchas plantas siguen infrautilizadas por razones políticas, energéticas o económicas.

Por su parte, Portugal ha aceptado una realidad incómoda: la "normalidad climática" no volverá, y esperarla no es una estrategia viable.

Además, el Algarve no solo necesita agua para sus habitantes, sino también para sostener su turismo: hoteles, campos de golf, agricultura, industria y los millones de visitantes que recibe cada año. Y todo ello dentro de un contexto de sequías extremas recurrentes.

Todo ello explica la magnitud del proyecto, una obra que forma parte del plan portugués de resiliencia hídrica financiado parcialmente con fondos europeos, y que aún así no está exento de polémica.

Recientemente surgieron recursos judiciales relacionados con los terrenos donde se construirá parte de la planta, lo cual ha provocado retrasos temporales. Aun así, el Gobierno de Portugal mantiene el proyecto como prioridad dentro de su estrategia de seguridad hídrica nacional.