Castillo de Villena.
El pueblo español perfecto para recorrer a pie con un antiguo castillo del siglo XII y un tesoro con hierro extraterrestre
Villena une paseo medieval y rareza cósmica: el castillo almohade del siglo XII y un tesoro de 3.000 años con piezas hechas de hierro meteórico.
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Villena parece, a primera vista, una escapada tranquila del interior de Alicante. Tiene casco histórico, plazas, iglesias y calles pensadas para caminar sin demasiada prisa. Pero bajo esa apariencia amable guarda una historia bastante más extraña que una simple postal medieval.
El municipio ha ganado fuerza como alternativa cultural al turismo de costa. De hecho, es un destino apoyado en tres reclamos muy claros: bodegas, un castillo medieval y un tesoro arqueológico con piezas de origen meteórico.
El primer gran símbolo está en lo alto. El castillo de la Atalaya domina Villena desde una elevación que explica muy bien su función original: vigilar, proteger y ordenar el territorio. Todavía hoy marca la imagen urbana de la ciudad.
La propia web turística local sitúa la construcción de esta fortaleza a finales del siglo XII, bajo dominio almohade, como refugio para la población musulmana de Villena. Ese origen le da una profundidad histórica que va mucho más allá de la fotografía.
El castillo no quedó congelado en aquella primera etapa. Con el paso de los siglos fue reformado, ampliado y adaptado a nuevos usos defensivos. Por eso su imagen actual mezcla herencia islámica, intervenciones cristianas y memoria de frontera.
Tesoro de la Edad de Bronce
La visita funciona muy bien a pie porque Villena se entiende subiendo. Desde el centro histórico se enlazan calles, iglesias y miradores hasta llegar a la fortaleza, de modo que el paseo va construyendo poco a poco el relato del lugar.
A los pies de ese castillo aparece la otra gran sorpresa. Conserva uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la Edad del Bronce en la Península: el Tesoro de Villena, descubierto en 1963 por José María Soler.
El conjunto se exhibe en el Museo de Villena y está formado por 66 piezas de distintos materiales, según la información turística municipal. Hay cuencos, brazaletes, botellas y otros objetos que explican la riqueza simbólica de aquel ajuar.
La cifra impresiona, pero lo verdaderamente singular está en dos piezas concretas. Un estudio publicado en Trabajos de Prehistoria, revista del CSIC, analizó una semiesfera hueca y un brazalete o anilla abierta de hierro.
La composición de esos objetos, especialmente sus proporciones de níquel frente al hierro, encaja con hierro de origen meteorítico. Es decir, metal procedente de un meteorito, no de una mina terrestre.
Ese detalle cambia por completo la forma de mirar el tesoro. No hablamos solo de oro, plata o habilidad artesanal, sino de una sociedad prehistórica capaz de incorporar un material raro, difícil de trabajar y cargado de valor simbólico.