El presidente de China, Xi Jinping, durante una intervención con líderes empresariales en 2025.

El presidente de China, Xi Jinping, durante una intervención con líderes empresariales en 2025. EFE / EPA / Ken Ishii

Ciencia

China cambia su estrategia: construye paneles solares en el espacio a 36.000 kilómetros que trabajan 24 horas al día

China ya experimenta con transmisión inalámbrica de energía desde el espacio, una tecnología clave que marcará el éxito real del proyecto orbital.

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J. Rodríguez
Publicada

Las claves

China desarrolla una planta solar en órbita geoestacionaria a 36.000 kilómetros de la Tierra para captar energía solar sin interrupciones.

El proyecto, llamado "Tres Gargantas en el espacio", podría generar hasta 100.000 millones de kilovatios-hora al año, similar al consumo de países como Países Bajos o Filipinas.

La energía captada se enviará a la Tierra mediante haces de láser o microondas, y podría ser hasta 10 veces más eficiente que los paneles solares tradicionales.

Se prevé lanzar el primer satélite de pruebas en 2028 y alcanzar una planta comercial plenamente operativa hacia 2050.

China ha decidido mirar más allá de la Tierra para resolver uno de los grandes retos energéticos del siglo XXI. Su apuesta no pasa sólo por ampliar renovables en superficie, sino por aprovechar el espacio como fuente constante de electricidad limpia.

El país asiático trabaja en un proyecto sin precedentes: una enorme planta solar situada en órbita geoestacionaria, a unos 36.000 kilómetros de altitud. Desde esa posición, los paneles podrían captar radiación solar sin interrupciones, eliminando problemas habituales como la noche o la meteorología.

La iniciativa responde a una estrategia más amplia con la que China pretende liderar la transición energética global. No solo busca cubrir su creciente demanda interna, sino posicionarse como referente en el abandono definitivo de los combustibles fósiles.

El proyecto ya ha sido bautizado como "Tres Gargantas en el espacio", en referencia a la mayor central hidroeléctrica del mundo. La comparación no es casual: la futura infraestructura orbital podría alcanzar aproximadamente un kilómetro de ancho.

Su funcionamiento se basa en un proceso relativamente sencillo en teoría, pero complejo en la práctica. La energía solar captada en el espacio se transformará en electricidad, que posteriormente será enviada a la Tierra mediante haces de láser o microondas.

Energía solar permanente

Una vez recibida en estaciones terrestres, esa energía se convertirá en electricidad lista para su distribución. Gracias a la mayor intensidad de la radiación fuera de la atmósfera, se estima que el sistema podría ser hasta 10 veces más eficiente que los paneles tradicionales.

Las cifras que maneja el proyecto son colosales. En su fase madura, la planta podría generar cerca de 100.000 millones de kilovatios-hora al año, un volumen comparable al consumo energético anual de países enteros como Países Bajos o Filipinas.

China ya ha comenzado a sentar las bases de este desarrollo con pruebas de transmisión inalámbrica y la construcción de infraestructuras experimentales. Uno de los grandes desafíos será el transporte de materiales, para lo que se prevé el uso de cohetes de gran capacidad como el Long March-9.

El calendario previsto marca varios hitos clave. En 2028 se lanzará un primer satélite de pruebas, seguido de sistemas más avanzados en 2030 y 2035. El objetivo final es alcanzar una planta comercial plenamente operativa hacia 2050.

Si logra superar los retos técnicos, este proyecto podría transformar la forma en que el mundo produce y distribuye energía limpia, abriendo la puerta a un suministro prácticamente inagotable.